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4 momentos clave para entender la vida de Nahui Olin

30 de mayo de 2018

Natalia Lomelí

Adriana Malvido nos contó sobre su libro "Nahui Olin. La mujer del sol" (Océano, 2018), en el cual narra el papel de la artista como precursora del feminismo, creadora multidisciplinaria, encarnación de la poesía erótica y como una lección sobre el amor desenfrenado y la libertad del espíritu.

Mi espíritu y mi cuerpo tienen siempre loca sed/ de esos mundos nuevos/ que voy creando sin cesar; / y de las cosas/ y de los elementos/ y de los seres/ que tienen siempre nuevas fases/ bajo la influencia de mi espíritu y mi cuerpo que tienen siempre loca sed; / inagotable sed de inquietud creadora,/ y es fuego que no resiste mi cuerpo.
Carmen Mondragón "Nahui Olin"



La periodista mexicana Adriana Malvido se encontró por primera vez con la figura de Carmen Mondragón a principios de la década de los 80, sin imaginarse que algún día escribiría sobre su vida, una misteriosa mujer llamó su atención en una exposición dedicada a la obra del paisajista mexicano Gerardo Murillo "Dr. Atl" en el Museo Nacional de Arte MUNAL. En aquellas salas de exposición, la mayor parte de las obras del pintor retrataban a una hermosa mujer, cuyos enormes ojos intrigaban a los espectadores casi tanto como su nombre: Nahui Olin.


Años después, cuando Malvido trabajaba en la sección cultural de La Jornada, el director le encargó un reportaje sobre la mujer que aparecía en un retrato que contemplaba celosamente en el escritorio de su oficina. Adriana reconoció de inmediato esa mirada. Pronto, se enfrentó al hecho de que no había nada escrito sobre aquella figura, y si se mencionaba siempre aparecía con referencias a un hombre: la hija del General Mondragón, la amante del Dr. Atl, modelo de Rivera y Weston, la esposa de Manuel Rodríguez Lozano. Pero sobre ella, nada. 



Poco a poco la descubrió vagando entre los relatos de la cultura popular, pues la gente aseguraba haber visto a una extravagante mujer rodeada de gatos que caminaba por el Centro Histórico de la Ciudad de México. La encontró también entre diversas obras y crónicas de la década de los 20, época de efervescencia en el arte mexicano. Gracias a los pintores, fotógrafos y escritores que registraron su vida, Adriana se dio cuenta de que la mujer que investigaba no sólo era musa, sino que la dueña de la verde mirada amaba vivir para el arte, pero también podía discutir sobre el cosmos, la energía y la teoría de la relatividad, tocaba el piano en un frenesí desbordado, la intuición era su mayor virtud y que la pasión fue su don y condena a la vez.


Conoció entonces a la mujer compleja, crítica, excéntrica y seductora que atraía la primera mirada por su apariencia, pero que era seguida por la agilidad de su mente y finalmente seducía con su curiosidad y ganas de devorarse el mundo, un poema a la vez. Esa mujer era en realidad un abismo, tal como la describiría Gerardo Murillo al relatar su primer encuentro.



El vértigo de aquella vida visceral e impulsiva atrapó a Adriana, perdida en esa búsqueda sin retorno que después de algunos meses rindió frutos en una afortunada visita a los archivos de Bellas Artes en el CENIDIAP Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas, cuando por fin coincidió con las copias de las cartas que Nahui Olin le escribió al Dr. Atl, palabras que aguardaban ser descubiertas y encendidas una vez más.


Quien ha leído aquellas letras intensas y bellas, de un lenguaje erótico muy libre para la época, se da cuenta de inmediato de la pasión que existió entre ambos artistas, pero sobre todo de la plenitud y entrega con la que ella experimentó el amor. Desde el momento en que Adriana comprendió el alma que existía en aquellas hojas, no soltó a ese volcán en erupción, a quien se propuso conocer para compartirla con el mundo. 


Así nace el libro Nahui Olin. La mujer del sol (Océano, 2018), como una reconstrucción y relato de testigos hallados a través de las cartas, fotografías y las letras de Carmen Mondragón que documentan su forma de abstraer las emociones de la vida. A través de la pluma de Malvido, nos hallamos de repente sentados una tarde junto a Nahui Olin, mientras acaricia a sus gatos y sus hipnotizantes ojos ya cansados aún resguardan el fuego de un volcán que había permanecido apagado. Hasta ahora.


Para adentrarnos en el corazón de la poeta y artista mexicana, debemos entender que se arriesgó a amar hasta el delirio. No sólo a sus amantes, sino a sí misma. Eso le permitió defender su libertad y desnudarse en cuerpo y alma, se mostró siempre orgullosa de su belleza, deseos y pasiones. La pintura, la poesía y el sexo fueron las armas de una mujer que tenía que poner en palabras y lienzos el torbellino que la quemaba desde adentro y liberaba en orgasmos incontenibles de creatividad pura.



Para entenderla, Malvido menciona cuatro momentos claves en la vida de la artista, al empezar por su infancia en París durante una época en la cual las mujeres europeas ya se encontraban luchando por el voto femenino; el siguiente es su matrimonio con Manuel Rodríguez Lozano y su posterior exilio en Europa, después de que su padre asesinara a Madero en la Decena Trágica, pues en esos años entró en contacto con las vanguardias artísticas, conoció a Picasso, Braque y Diego Rivera; pero el momento culminante en su vida ocurrió durante los años 20, cuando regresó de Europa y conoció al Dr. Atl, quien la bautizaría como "Nahui Olin", concepto azteca para definir el poder del sol para hacer girar a los planetas. Aquel encuentro quedaría descrito en el diario del pintor con tinta roja y en mayúsculas:


Entre el vaivén de la multitud que llenaba los salones se abrió ante mí un abismo verde como el mar; profundo como el mar: los ojos de una mujer: Yo caí en ese abismo, instantáneamente, como el hombre que resbala de una alta roca y se precipita en el océano. Atracción extraña, irresistible. Dr. Atl.



Esta relación fue plasmada en pinturas, poemas y obras de arte que inmortalizan la profunda manera en la que se inspiraron uno al otro. Es de reconocerse el valor de Nahui para permitirse amar con esa fuerza, incandescente e incendiaria, intensa y peligrosa. Pero también la fortuna de encontrar eco y réplica para esa naturaleza intimidante y difícil de amar, que el destino dirigió hacia la libertad en los brazos de Gerardo Murillo "Dr. Atl", porque sólo siendo libre se explica que haya podido entregarse por completo. Y, probablemente, para el alma de cualquier artista no existe encuentro más bello que aquel que te permite compartirte en cuerpo, letras y alma. Hasta que su relación, profundamente erótica, se volcó en un vaivén de emociones desbordadas que sólo podían contenerse tras el verde centelleante de sus ojos y que terminarían en la explosión de una despedida irreconciliable.


Nahui nunca fue la víctima, fue el veneno. En una relación en la que ella era el incendio que al apagarse, le permitió a Nahui volver a amar, en el cuarto momento de impacto que revela Malvido: su amor por el capitán Eugenio Agacino, quien después de la turbulencia le compartió la infinita paz del mar. Aunque fue este amor romántico y fugaz por la muerte repentina de Agacino el que terminó por convertir su fuego en cenizas. Y es a partir de esa soledad cuando la llama que le daba color a sus ojos comenzó a apagarse. 



Sin embargo, la riqueza de narrar la vida de Carmen Mondragón va más allá de sus amores, pues Malvido la considera una feminista sin pancarta, una mujer que vivió en busca de la libertad a través de la poesía. En cada aspecto de su vida expresó sus ideales y su postura, como musa y modelo se manifestó en contra de la censura del cuerpo, a favor del goce femenino de la sexualidad. Su vida fue una transgresión constante y con ella nació un ideal de mujer moderna que retaba las "buenas costumbres" para vivir en el escándalo y la controversia, lo que generó un rechazo de la sociedad hacia su figura.


Adriana encuentra esta intención en un interesante texto sobre el Iztaccíhuatl, la mujer dormida como referencia a un volcán que, al igual que las mujeres, algún día rompería el silencio, se liberaría y traería consigo un fuego creador imposible de reprimir.



Como artista, la obra de Nahui es objeto de fuertes críticas por transformar sus vivencias en trazos y pinceladas, pero sin una densidad estética en su propuesta. Al respecto, Adriana ha descubierto que es imposible conocerla sin leerla y sin observar su pintura, pues ella se expresaba en todos esos medios como complementos uno del otro y sólo así se puede armar el rompecabezas de su historia.


En su pintura aparentemente naif, en una época en la que la estética se debatía entre la tradición de los muralistas y la ruptura de Los Contemporáneos, ella mantuvo una personalidad que nos permite entender su obra como el guión de su vida. Hoy, algunos curadores dan una lectura inédita al uso del color en sus obras, las que incluso reconocen un camino a la abstracción. Su papel como precursora de la caricatura y la tira cómica es también relevante, pues nos presenta ante una dibujante con gran sentido del humor, de trazo fuerte y desafiante. Además los lienzos en los que escribe con letra a mano alzada sus poemas y traducciones es en sí una composición visual intencionalmente producida.


Si nos arriesgamos, podemos asegurar que convirtió el arte en una forma de vida en los actos aparentemente cotidianos: utilizó el grafitti para sorprender a Murillo con cartas de amor en los muros, gestionó una exposición de sus desnudos en una azotea del Centro Histórico, como una instalación en un espacio no tradicional de exposición, y uno de los actos más reveladores del performance que interpretó durante su vida ocurrió con la muerte de Agacino, tras la cual Nahui lo retrató en una sábana para dormir a su lado todas las noches.



La controversia de Carmen Mondragón está construida por su obra autobiográfica y una relación tormentosa, pero todo el escándalo y provocación no bastaron para que su historia sea tan conocida como la de artistas como Frida Kahlo. ¿Por qué nadie habló de Nahui durante tanto tiempo?


Al respecto Adriana Malvido lo adjudica al hecho de que Nahui nunca fue complaciente ni fácil de digerir. Era la encarnación de los tabúes y México no estaba listo para ella, así que por confrontar tantos valores prefirieron callarla al ocultarla de los libros. Nahui es la antiheroína políticamente incorrecta y los historiadores han preferido castigarla con la etiqueta de la locura en vez de asumir el reto de comprenderla.


¡Qué me importan las leyes, la sociedad, si dentro de mí hay un reino donde yo sola soy!
Nahui Olin.




Después de una agitada vida social y el ímpetu plasmado en cada acto de Nahui, finalmente se despediría del mundo artístico en una exposición colectiva en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Durante sus últimos años de vida, permaneció lejos del círculo cultural, hasta que la marea de sus ojos se detuvo y la dejó partir hacia los brazos de su último amor: el sol.


Adriana asegura que aún hay mucho por descubrir del pasado de la mujer que movía los astros y guardaba cada noche el sol en sus ojos, como la misteriosa muerte de su hijo, hecho que ocultó enterrado en su alma, porque a pesar de que su obra es por completo autobiográfica no hace referencia en ningún momento a esa pérdida. 


A Nahui la libertad le costó el olvido, pero el tiempo ha tratado su legado con justicia, como posiblemente se demostrará en una próxima exposición del Museo Nacional de Arte MUNAL que reconocerá a este personaje como una de esas mujeres que cambiaron el arte en México y que los libros olvidan mencionar. Además, una película dirigida por Gerardo Tort y protagonizada por Irene Azuela espera su estreno para narrar la vida de esta mujer que tiene mucho que contar a las generaciones contemporáneas.



Nahui Olin fue una mujer con la intensidad suficiente en sus venas para mover el cosmos, como el sol a los planetas, ella giró la órbita de una generación de artistas pos revolucionarios a tal grado que permanecerá inmortalizada no sólo en su obra autobiográfica, también en la de fotógrafos, muralistas, pintores y poetas. Entre ellos, la pluma de Adriana Malvido que le devuelve a la vida con la pasión que la caracteriza y contagia por reivindicar la memoria de los personajes femeninos inexplorados.


Su libertad resulta incómoda. Su sinceridad hiere. Su sexualidad se enfrenta a la hipocresía. Está loca, dicen. Es más fácil ver así a la mujer que decide su vida. Adriana Malvido


En las páginas de su libro, Adriana libera a Nahui del estigma de la locura como la juzgaron los pocos libros de Historia que mencionan su nombre, resultado de años dedicados a su labor como periodista cultural en México, convencida de la riqueza de poetas, escritores, pintores y movimientos, pero sobre todo de poderosas mujeres que, como Nahui, están esperando integrarse a la historia que las olvidó. 



**


La vida de Carmen Mondragón es más que una hermosa locura, es una lección sobre el amor incondicional y la libertad del espíritu, como lo demuestran las siguientes frases para entender a Nahui Olin, la mujer que se atrevió a saltar al vacío.


TAGS: Grandes artistas Artistas mexicanos Libros de arte
REFERENCIAS:

Natalia Lomelí


Coordinadora Cultural

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