Erzsébet Báthory: la Condesa Sangrienta

miércoles, 7 de agosto de 2013 11:36

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Según la leyenda, Erzsébet Báthory, quien nació el 7 de agosto de 1560, fue una cruel asesina en serie obsesionada con la belleza; utilizaba la sangre de sus jóvenes sirvientas y pupilas para mantenerse joven en una época en que una mujer de 44 años se acercaba peligrosamente a la vejez. La leyenda cuenta que Erzsébet se burló de una anciana decrépita. La vieja, ante su burla, la maldijo diciéndole que ella también estaría como una anciana en poco tiempo.
elzsebet condesa sangrientaPerteneciente a una de las familias más poderosas de su país. Erzsébet pasó a la historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes motivados por su obsesión a la belleza que le han valido el sobrenombre de la Condesa Sangrienta.

Erzsébet tiene el récord Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad con 630 muertes todas ellas mujeres de entre 9 y 26 años de quienes bebía la sangre o se bañaba en ella para lograr la juventud eterna.

Se cree que su historia como asesina comenzó en 1604. Poco después de la muerte de su marido, una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de cabello mientras la estaba peinando. Al principio tuvo mucha suerte: la condesa reaccionó reventándole la nariz de un fuerte bofetón, cuando lo normal entre la nobleza de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos. Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzsébet le pareció que donde el fluido había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez, y que siempre podría conservarse bella y joven.
Todas las leyendas sobre canibalismo aseguran que la sangre humana prolonga la juventud. Por lo que, tras consultar a sus brujas y alquimistas, y con la ayuda de su mayordomo, desnudaron a la muchacha, le hicieron un profundo corte en el cuello y llenaron un bañera con su sangre. Erzsébet se bañó en ella y probablemente la bebió, para recuperar la juventud.

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Las muertes por causas deconocidas aumentaban y en un intento de mantener las apariencias, Erzsébet convenció al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen entierros cristianos "respetables". Cuando la cifra comenzó a subir aún más, el pastor comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por "causas misteriosas". Tras amenazarlo, la condesa sangrienta lo amenazó y tras su despido comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados.

Los enterró en campos cercanos, silos de grano, el río que corría bajo el castillo, el jardín de verduras de la cocina... Finalmente, una de las víctimas logró escapar antes de que la matasen e informó a las autoridades religiosas.
Los crímenes sádicos de Báthory habían durado aproximadamente diez años.

Sobraban pruebas para condenar a Elizabeth Báthory culpable de los múltiples crímenes cometidos, pues no sólo se habían encontrado ochenta cadáveres sino que los guardias estaban de testigos para declarar que la habían visto matar con sus propios ojos.

Ésta confesaría haber asesinado junto con sus hechiceros y verdugos, a más de 600 jóvenes y haberse bañado en “ese fluido cálido y viscoso” afín de conservar su “hermosura y lozanía”.

Le seducía el olor de la muerte, la tortura y las orgías lesbianas. Decía que todo lo mencionado poseía un “siniestro perfume”. Sus cómplices fueron condenados culpables, unos decapitados y otros quemados en la hoguera.

La condesa sangrienta fue condenada a una muerte lenta: la encerraron en el dormitorio de su castillo, el que sólo tenía una pequeña ranura para darle desperdicios como comida y un poco de agua. Murió a los cuatro años. Durante este tiempo no intentó comunicarse con nadie y se dice que no pronunció una palabra. De repente dejó de tocar alimento y falleció en 1614, a la edad de 54 años.

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