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Esta plácida unión excita nuestro cuerpo y altera nuestro equilibrio

12 de enero de 2018

Ivonne Méndez

Conseguimos hartar nuestros sentidos y en un resoplo sellar ese silencioso y extraño encuentro.

A solas en medio de la noche llena de penumbra y silencio, en esos instantes en que la melancolía llena el pensamiento. De pronto, una mano temblorosa y cálida cruza entre mis piernas, su roce es tan dulce que no vi manera de detenerla. Llena de sorpresa y nervios cerraba los ojos para adivinar su paso por mi cuerpo, cautelosa avanzaba esa delicada mano, cuando su compañera se empalmó y llegaron al borde de mi ropa interior; de inmediato mis piernas se apretaron protestando a ese toque, pude sentir unos dedos recorrerme, abarcarme y mi humedad crecía, mis muslos tendidos ahora se ensamblaron a esa sinfonía y todo mi cuerpo se encendió, nuestra respiración discontinua resonaba rompiendo el sigilo.


Tus manos subían por mis caderas despojándome de aquel camisón que antes me cubría del frío helado, tu lengua llego a mí dibujándome el paraíso, sacudiéndome deliciosamente, entrabas y surgías con tal encanto que ya no había más reparo. La noche parecía iluminarse y yo acoplada a tu danza, me entregué a tu manoseo y a aquel placer inexplicable del misterio de tu presencia.



Mi espalda encorvada de goce y tus besos llenándome de lluvia, mientras que mis piernas oprimían tu cuerpo. Tomé tu cara y la volví a mí, un rostro natural que detonó mi furia, te llevé a mis pechos a que los probaras, a que los llenaras de besos y caricias; a que los incitaras, suave tu boca se pegó a ellos y tus manos los tomaron con rigor estrujándolos, colmándolos de codicia. Mis areolas se alzaron ante ti y tus manos reposaron en ellos, amortizando las ansias de devorarme.


Mi cuerpo contra el tuyo jaloneándose gozoso, con el pecho ardiente, con las manos alertas y nuestros espíritus venturosos. Nos miramos con las ganas acumuladas, con el apetito avispado, vehementes nos besamos, reconocí tu lengua que ya me había animado antes.


Tragaba tu aliento, tu esencia… no sé cuánto tiempo transcurrió, un deleite carnal nos abrigó.


Seguía besándote, tus manos palpándome, alabando mi cuerpo con tus mimos. Lujuriosos, cadenciosos, hinchados… añoramos el cuerpo del otro, saciar esa apetencia del ajeno cuerpo que nos abrasa.


Desesperado vienes a mí y tu forma jugosa se une, me ocupa. Quebrantando toda sed, toda hambre.


Plácida unión excita nuestro sentir, altera nuestro equilibrio y voy con todos mis temples, venerando tu visita, tu figura.



Hecha giros, no ceso de tallar aquel sitio de deleite, esculpiendo la más dichosa obra de arte. Ahogada en placer, llegando al éxtasis me quedo muda y tus manos prodigiosas siguen meneándome sobre ti, extendiendo esos instantes de gloria que me quitan los respiros y me regalan la cúspide de nuestro orgasmo.


Juntos hasta el final conseguimos dejar ahí todas las ansias, hartar nuestros sentidos y en un resoplo sellar ese silencioso y extraño encuentro.  



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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Phil Chester.


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Hay amores que vienen de vidas anteriores, pues el destino nos ha elegido para experimentar nuevas emociones como se narra en 
"Dedicaría mi vida entera a rencontrarte".


TAGS: Erotismo Poemas Amor
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Ivonne Méndez


colaborador

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