Flohmarkt, un mercado de pulgas en Berlín

Flohmarkt, un mercado de pulgas en Berlín

Por: Daniela C -

El sol cálido de las 2:30 de la tarde, un mojito de 4.90 €, sobre unas mesas rojas, le gusta a las abejas, y la escena de un mercado de pulgas que se pone cada quince días sobre la calle Maybachuferen Berlín.

mercado de pulgas

Un perro blanco que vino con dos mujeres –quienes en ese momento acomodaban su puesto- recibió un grito de una de sus dueñas para que no se echara sobre el tapete en el que estaban acomodando las cosas que venderían. El perro tenía su propio tapete: Bienvenidos al mercado de pulgas se leía a lado del río.

Vi vajillas incompletas pero muy bonitas, entonces entendí de dónde salieron los platos del departamento donde viví por dos semanas, el medio cuerpo de un maniquí que no creo que alguien compre, puestos de comida y baños portátiles que nunca usé pero me parecieron una gran consideración. Había música de fondo proveniente de un señor canoso con el cabello largo amarrado en una cola de caballo; estaba sentado en un banco alto en un espacio de piso de madera, rodeado de personas quienes movían la cabeza al ritmo de las canciones, sentadas en el suelo tomando cerveza y agua fresca.

mercado de pulgas en Berlín

Había vinilos de segunda mano, maletas viejas de piel que hoy todos comprarían por ser vintage y muy bonitas —y que una de las mujeres quienes escuchaban al hombre canoso tenía a su lado como su compra reciente—. Había una bicicleta vieja y oxidada y álbumes con una que otra fotografía en blanco y negro.

—No deberías de deshacerte de este vestido, es muy bonito—.

—Hay veces que debes deshacerte de cosas bonitas sólo para después poder tener más cosas bonitas, así compartes la buena energía de lo que un día usaste. Y en ese momento fue mi vestido por 5 €, que no quise negociar por menos cantidad, aunque fue una opción que ella me ofreció—.

mercado sobre ruedas
tianguis sobre ruedas

Había relojes de bolsillo que pueden funcionar si los limpias y se arreglan, lockets que aún no tienen las fotos de nadie querido, bolsas de piel de no menos de 30 €, que no hace el venezolano quien las vende, literatura no sé de qué tipo porque estaba en alemán, y muchos más platos con decoraciones florales.

El venezolano de las bolsas lleva siete años en Berlín, se tardó seis meses en aprender alemán —sólo lo básico para poder comunicarse mientras vende las bolsas— y más de un año para hablar casi como un germano a pesar del acento. No piensa regresar a Venezuela: “¿para qué, para vivir de nuevo en casa de mis papás mientras consigo algo en lo que me paguen bien?”. Llevaba lentes oscuros, tenía la piel bronceada y el cabello chino y corto. Me recomendó un antro al que no llegué y le dio las gracias a una chica quien no le compró nada pero que sí preguntó por tres bolsas distintas.

mercado de pulgas alemán

El olor a comida y el humo de los asadores le sumaba calidez al mercado; el hombre canoso seguía tocando canciones y las personas sentadas a lado del río perdían cada vez más ropa. Casi todos los puestos estaban atendidos por gente de no más de 28 años; escuché pasar argentinas y españoles y vi gente probándose ropa a la mitad de la calle. Nunca vi entrar ni salir a nadie de los baños portátiles, y el perro del principio seguía en su tapete cuando me fui. Eran casi las 5:30 y pronto todos empezarían a levantar sus puestos. 

ropa en la calle
Fotografías por: Daniela Constantini 

Referencias: