Franz Kafka, el escritor que demostró que no hace falta una vida de excesos para crear un gran libro

Jueves, 9 de noviembre de 2017 17:01

|Sebastián Fernández Lara

La trayectoria de Kafka nos da ejemplo de alguien que realmente vivió y amó la Literatura.



No cabe duda que existen grandes eruditos en el saber de la Literatura capaces de discernir las cualidades de una obra; pero los gustos son completamente personales, los lectores decidirán quiénes son sus escritores favoritos, y aquellos con miras a seguir ese camino probablemente hallen en sus ídolos un estilo de escritura que les apetezca seguir o incluso imitar mientras encuentras su propia voz como escritores. Sin embargo, más allá del estilo de escritura, hay otros factores que se idealizan de los escritores; ejemplo de ello es su estilo de vida, el cual se reconoce de tal manera que llega incluso a estereotiparse.

 

Muchos de los grandes escritores han sido conocidos también por su vida desenfrenada y el abuso en el consumo de sustancias varias. Esta tendencia ha sido imitada por muchas personas en su afán de considerarse dentro del círculo literario, aunque esto a veces interfiera con la creatividad. Tal vez hubiéramos disfrutado de muchos más años de la escritura de Scott Fitzgerald si su alcoholismo no hubiera dañado su salud al grado de hacerle sufrir un ataque cardíaco mortal a los 44 años de edad; asimismo, el delirium tremens que dejó a Edgar Allan Poe sin poder escribir, poco antes de su muerte a los 40 años de edad. Ejemplos semejantes de actitudes autodestructivas se repiten en escritores como Ernest Hemingway, Charles Bukowski, William Burroughs, entre muchos otros.

 




A pesar de todo lo anterior, los grandes escritores lograron dejar su nombre en la historia, serán recordados y admirados incluso por su forma de vivir; pero no hay que perder de vista lo más importante que hicieron: escribir. Tal vez para el escritor independiente de nuestros días es tentador seguir esta senda; pero lo cierto es que el gran acceso que tiene todo mundo para dar a conocer su escritura y pensamiento gracias a las redes sociales, y el gran dominio de la literatura comercial hacen difícil que logre algún tipo de trascendencia en la Literatura si busca vivir de ella; y sobre todo, si busca vivir de la Literatura al estilo Hemingway, con alcohol abundante, viajes temerarios y aventuras.

 

Quizás en nuestros tiempos el escritor independiente —aquel que no quiere hacer libros de autoayuda ni sagas juveniles que tal vez podrían hacerle ganar mucho dinero—, tristemente deba dejar de lado el ideal romántico de la vida del escritor. Y en pro de la pasión por la Literatura, tal vez el escritor moderno deba pensar en Franz Kafka como modelo de vida. Los libros y frases de Kafka inspiraron y forjaron la Literatura del siglo XX, pero el autor jamás encajó en un estereotipo. Más allá de si la obra de Kafka (1883-1924) es o no del gusto de todos, hay que tomar en cuenta la forma en que este escritor checo vivió. Su trayectoria es ejemplo de alguien que realmente vivió y amó la Literatura.




 

El autor de La Metamorfosis (1915) y El Proceso (1925) jamás ganó dinero escribiendo. Estudió leyes, y de hecho ejerció esa carrera toda su vida trabajando tiempo completo en un bufete de abogados y dos compañías de seguros. Este empleo solventó todos los gastos de su vida, y le permitió desarrollar su verdadera pasión: la Literatura. Después de su jornada de trabajo completa, Kafka volvía a su casa y se dedicaba a leer y escribir con avidez; asimismo, gustaba de acudir a cafés literarios y compañías de teatro de Praga en las cuales tenía amigos. Estas actividades le exigían un gran desvelo por las noches, y Kafka sabía que desde niño su salud había sido sumamente frágil. Consciente de que tanto trasnochar podría dañar su estado físico, el autor de El Castillo (1926), adoptó un estilo de vida que le ayudaría a contrarrestar los males de salud que el desvelo pudiera traerle. Kafka no usaba drogas, no fumaba ni bebía y era vegetariano; además, realizaba toda clase de prácticas para preservar la salud y concurrir a retiros naturistas durante su vacaciones.

 

Sumado a los anteriores sacrificios, se sabe de al menos dos mujeres que entraron en la vida sentimental de Franz Kafka en forma importante. Sin embargo, se sospecha que la ruptura de dichas relaciones —principalmente de la primera de ellas—, se debió a que él no estaba dispuesto a ceder su vida de escritor para dar lugar a la vida hogareña de un esposo y padre, así que se rehusaba al compromiso.

 




Un aspecto digno de remarcar de Kafka es que nunca aspiró a hacer dinero ni fama con su escritura. Su obra era sólo conocida por pequeños grupos que recurrían a las revistas literarias donde era publicada. Además, cuando cayó gravemente enfermo de tuberculosis dejó como última voluntad que Max Brod —literato que fuera tal vez su mejor amigo en vida— destruyera toda su obra inédita y se encargara de que lo ya publicado nunca fuera reeditado. Afortunadamente para nosotros, Brod hizo lo opuesto.

 

Si bien Franz Kafka fue un personaje complejo y lleno de malestares físicos y emocionales, fue una persona que se condujo a su manera, sin dejar que los estereotipos ni convencionalismos impidieran que su pasión guiara su vida. Lo que lo hace tal vez el mejor ejemplo a seguir para un escritor independiente.


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Reunir en una lista a los grandes escritores de la Historia se vuelve complicado, pero aquí puedes consultar a los autores latinoamericanos que no deben faltar en tu biblioteca. Aunque así como han escrito grandes obras que son referentes y clásicos de la historia, estos escritores también han publicado libros muy malos, descubre cuáles.



REFERENCIAS:
Sebastián Fernández Lara

Sebastián Fernández Lara


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