Frases de J.D. Salinger para madurar

Frases de J.D. Salinger para madurar

Por: Daniel Morales Olea -


J.D. Salinger es uno de los escritores emblemáticos del siglo XX. Su vida se vio marcada por la Segunda Guerra Mundial y su habilidad literaria lo convirtió en uno de los más importantes mitos de la literatura moderna. El escritor de la monumental obra El Guardian entre el Centeno vivió los primeros 20 años de su vida como un ciudadano estadounidense de clase acomodada a pesar de crecer durante la depresión. Su sueño máximo era ser escritor para la revista The New Yorker, lo que estuvo apunto de lograr antes de que fuera enviado a uno de los batallones más activos en Europa durante los difíciles años que duró la guerra.

“¿Quién quiere flores cuando está muerto? Nadie”.


Jerome David Salinger

El escritor regresó después de años de acción en los que la tragedia reinó su vida; vio morir a sus amigos e incluso a una familia que lo hospedó en uno de sus viajes por Europa previo a la guerra. Al regresar a su hogar, Salinger logró publicar su trabajo, y a diferencia de otros escritores, su éxito fue instantáneo. Su trabajo se centró en personajes en crecimiento; las contradicciones que la adolescencia traen eran examinadas de manera honesta, quizá demasiado honesta.

“Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haber conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías como esas”.

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Salinger vivió alejado de la vida publica desde el momento en el que se convirtió en un escritor de culto, pero su fama y el análisis de su obra no terminara pronto. Estas son algunas de las frases que el escritor escribió en su corta obra publicada. El tema es la madurez y el crecimiento, pues el autor retrató una parte que no todos tocan, la época de las negaciones, del absurdo y del desinterés. Pero también es una etapa honesta, en la que los miedos se hacen presentes y la vida es quizá lo más aterrador a lo que uno se puede afrontar. Las frases de Salinger ayudan a enfrentar esos miedos, a saber que lo que uno se guarda es lo que todos callamos.

“Lo que distingue al hombre inmaduro del maduro es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.


“Simplemente estoy harta de que la gente sólo me agrade. Le ruego a Dios poder conocer a alguien a quien respete”.

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“…verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía”.

“Todas las madres están ligeramente locas”.

“Estoy harto de no tener el coraje de ser absolutamente nadie”.

“Si haces algo bien, o te andas con cuidado o pronto querrás empezar a lucirte y entonces ya no eres tan bueno”.

“Creo que un día de estos averiguaras qué es lo que quieres. Y entonces tendrás que aplicarte a ello inmediatamente. No podrás perder ni un solo minuto. Eso sería un lujo que no podrás permitirte”.


“Estoy harta de tanto ego, ego, ego. Del mío y del de todo el mundo. Estoy harta de que todo el mundo quiera llegar a alguna parte, hacer algo diferente, ser alguien interesante. Es repugnante”.

“La peor parte es que si te haces bohemio o algo loco de ese estilo, te estás conformando de igual manera solo que de una forma diferente”.


“Asegúrate de casarte con alguien que se ría de las mismas cosas que tú”.

“-La vida es un juego y hay que vivir de acuerdo con las reglas del juego.
-Sí señor. Sé que lo es. Lo sé.
-Un juego, vaya juego. Si llegas al lugar en el que se encuentran los campeones, entonces si es un juego, está bien, lo admito. Pero si llegas al otro lado, donde no hay campeones, ¿entonces dónde está el juego? No hay juego”.

“…me imagino a muchos niños pequeños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno. Sé que es una locura; pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser”.

Referencias: