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Contigo aprendí a no tener miedo, lástima que lo aprendí tarde

21 de junio de 2018

Hermes Moncada

Fue en un autobús donde te encontré. Charlamos todo el camino como si de años nos conociéramos. Quedamos para el próximo fin de semana, vimos El Resplandor de Stanley Kubrick, fue la primera vez que te abracé, quién iba a saber…


Ese mismo día te llevaste de mi biblioteca El amor en los tiempos del cólera, en ese entonces sólo entendí que te llevabas algo mío; sin embargo, tú en mi dejaste más que un recuerdo en la memoria, un recuerdo en el corazón. Quién iba a saber…



Quién iba a saber que en ti encontraría lo que siempre busqué: un cómplice. Esa persona que me entendería, que entendería mi mundo de música, libros, poesía y películas. Esa persona que vería el mundo como yo, que me querría por lo que hago, por quien soy. Esa persona que me tendería la mano, que engancharía su brazo al mío, que pasearíamos codo a codo por la calle. Esa persona que me acompañaría en las noches, esa persona que estaría para mí al amanecer. Esa persona por la que todavía valía la pena escribir cartas manuscritas. Esa persona que desnudó mi alma.


Te conocí como nadie más te había conocido. Conocí cada letra de tu nombre, cada lunar de tu cuerpo. Conocí cada una de tus caras, cada uno de tus días. Conocí desde tu canción favorita hasta cómo te gusta el café. Y tú me conociste, nunca te negué algo sobre mí, siempre te compartí mi mundo; quizá no mi vida, esa es otra cosa, está tan quebrada, tan pesada, tan jodida… siempre tan asustada, te tenía miedo: cuando te han hecho tanto daño de la misma manera, uno sin querer desconfía, duda; uno lo quiere darlo todo, pero uno ya lo ha dado todo, y lo han jodido. Uno abre dos puertas de tres, en cada una de ellas le saltó un puñetazo, uno tiene miedo a la tercera puerta y al puño que puede haber, porque eso duele, duele, duele como el odio de los dioses.



Te conocí y te amé, cómo había olvidado que se puede amar. Te amé como se ama en las películas, como se canta en las canciones, como en los libros se dice que se debe amar; pero no estábamos en una película, no éramos una canción, y esto no era un libro, soy yo escribiéndote porque ya no se puede hacer más. Tú, mi desiderata, quizá la desiderata de mi vida, contigo aprendí a no tener miedo, lástima que lo aprendí tarde.



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Escribir y leer poesía es una forma de sanar el alma. Si quieres leer más poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.


TAGS: Nuevos poetas Nuevos escritores Poesía
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Hermes Moncada


Colaborador

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