El poeta que encontró la ciudad donde se vive el horror de la decadencia humana
Letras

El poeta que encontró la ciudad donde se vive el horror de la decadencia humana

Avatar of Diana Garrido

Por: Diana Garrido

2 de septiembre, 2017

Letras El poeta que encontró la ciudad donde se vive el horror de la decadencia humana
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Por: Diana Garrido

2 de septiembre, 2017


En plena depresión de los treinta, un hombre de apariencia andrógina, pómulos sobresalientes, cabello perfectamente bien acomodado, alto y delgado llegaba a Nueva York más con promesas que con ganas. Una vez ahí, los ojos de Federico García Lorca terminaron por derramar lágrimas no sólo de tristeza por estar lejos de su tierra, sino de dolor y decepción al ver que La Gran Manzana no era como se la prometieron; a sus ojos no era una urbe de gran valor. Nueva York no era ni siquiera cercana a aquella imagen que mucha gente le colocaba en la cabeza. Era lo opuesto y nadie tenía reparo en demostrarle lo contrario.


Su compañero de viaje era Fernando de los Ríos, su profesor, mentor y amigo desde al menos 15 años atrás. Ambos habían salido de Granada con la convicción de crecer, de darle al mundo aquello que tanto quería y que nadie era capaz de brindarle: un golpe de realidad. Era la primera vez para Lorca fuera de su amada España, pero era también una de las peores formas en las que el poeta pudo entender la sociedad y la decadencia humana. No fue una experiencia gratificante y a decir verdad terminó por hundirlo más en sus tristezas.


El poeta que encontró la ciudad donde se vive el horror de la decadencia humana 1


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"Danza de la muerte"


(Fragmento)


En la marchita soledad sin honda

el abollado mascarón danzaba. 

Medio lado del mundo era de arena,

mercurio y sol dormido el otro medio.


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La idea de irse a un lugar lejano le surgió luego de haber tenido amoríos complicados, como aquel que se dice mantuvo con Dalí, por ello, huyó de Granada hacia Cuba, en donde permaneció por tres escasos meses que le dejaron un sabor de boca muy agradable, el cual se amargó cuando llegó a Nueva York; en las calles había gente corriendo, empresarios enloquecidos, hombres de negocios recorriendo las calles del Wall Street con dinero en las manos y portafolios vacíos; suicidios, descontrol y bancos austeros. Aún así, entre la oscuridad, se topó con un hilo de esperanza representado por Broadway y el río Hudson, que le sirvieron de inspiración en un inicio; sin embargo, paulatinamente se dio cuenta de que, contrario a lo que pensó, fue la decadencia y la decepción de Nueva York lo que le trajo la mejor arma para escribir poemas tan tristes como él. Obras que le hundieron en la depresión generalizada que sufría la ciudad; sólo así descubrió que España no era más el reflejo del mundo.


Durante su estancia escribió un poemario que se publicaría hasta después de su muerte, mismo que está repleto de surrealismo y metáforas; distante y frío como todo lo que él solía hacer. Su estadía en la Universidad de Columbia resultó ser triste, deprimente y melancólica, debido a la soledad que sintió al verse lejos de los suyos. A pesar de ello, mantuvo una relación cercana con aquel lugar de estudios, lo cual le traería después un profundo arrepentimiento de haber permanecido ahí, pues creyó haber perdido el tiempo. En cambio, la Universidad se mantuvo siempre agradecida con su estancia y cómo no lo estaría si albergó a uno de los poetas más grandes que el mundo ha puesto en el camino.


El poeta que encontró la ciudad donde se vive el horror de la decadencia humana 2


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"Paisaje de la multitud que vomita"

(Fragmento)


Llegaban los rumores de la selva del vómito 

con las mujeres vacías, con niños de cera caliente,

con árboles fermentados y camareros incansables

que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.

Sin remedio, hijo mío, ¡vomita! No hay remedio.

No es el vómito de los húsares sobre los pechos de la prostituta,

ni el vómito del gato que se tragó una rana por descuido.

Son los muertos que arañan con sus manos de tierra 

las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres.


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Más que un diario de viajes, es un retrato de la sociedad y de lo que Lorca vio y que le tocó vivir, porque, además retrató su propia realidad y la de una sociedad moderna y poco convencional que logró arrancarle versos y pensamientos reflexivos.


En el libro queda reflejado el entorno y el estado de ánimo que se vivía, pero al mismo tiempo una solución a él, que resulta ser poética y cruda, bella y realista. Esto hace que el poemario sea, en primera instancia, un libro alegre y lleno de guiños a la vida moderna de Nueva York, pero no es más que una queja constate a su existencia en un Nueva York equivocado, durante una época poco favorable para lo que él concebía de lejos. Pero ¿qué sería de nosotros sin esa visión decepcionada de Lorca? Aquella que hizo de él un poeta más crudo, pero que logró que afrontara su vida como casi nadie lo quería hacer, es decir, con valentía y dándole la cara a la soledad. La Gran Manzana le hizo entender que sólo se tenía a sí mimo, pero eso, más que alejarlo, lo convirtió en un ser mágico y lleno de versos que sólo esperaban el momento indicado para salir de su interior.


El poeta que encontró la ciudad donde se vive el horror de la decadencia humana 3


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"Ciudad sin sueño"

(Fragmento)


No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! 

Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda

o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.

Pero no hay olvido, ni sueño: 

carne viva. Los besos atan las bocas

en una maraña de venas recientes 

y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso 

y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.


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Probablemente, García Lorca no se imaginó el alcance de su obra poética ni tampoco el don de la atemporalidad que le estaba otorgando la vida misma a sus versos. En todos los sitios que pisó, encontró diversas formas de vida de las cuales tomó un poco para formar su personalidad y materializar cada una de sus obras poéticas. Estos poemas escritos en Nueva York fieron unos de sus mejores, reconocidos por su acidez y subjetividad, pero más por haber sido la carta con la que sellaría su carrera profesional. Son su rostro ante la literatura contemporánea, ya que recopilan un sentir colectivo del que formaba parte cuando el destino se encargó de ponerle pruebas, las cuales superó entre sueños y bellos pensamientos.


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¿Conoces los poemas que ayudan a una mujer a salir de la desolación del amor? Tal vez son aquellos mismos que la poesía francesa reconoce como las 7 etapas del amor, misma que todo pasamos en algún momento de nuestras vidas.