Habito una casa que late y respira
Letras

Habito una casa que late y respira

Avatar of Ivonne Mend

Por: Ivonne Mend

10 de mayo, 2017

Letras Habito una casa que late y respira
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Por: Ivonne Mend

10 de mayo, 2017



Nuestro cuerpo es el hilo que nos conecta con el mundo, todo lo que vemos, oímos y sentimos pasa a través de él. Cada parte cumple una función única y esencial, y nadie la conoce mejor que nosotros mismos. Como piezas en un rompecabezas, sólo podemos ver la escena completa en la medida en la que conectamos todo.

En el siguiente poema, Ivonne Méndez apela a cada parte de su cuerpo y agradece cada latido y respiración.


Mujer segura


Cinco minutos bastan para armarme y avanzar. Un nuevo día prospera, me sorprende con su calidez.

Me encuentro con la más espléndida consagración al inhalar y exhalar. Presto mi alma en cada poro, en cada centímetro de mi existencia. Segundo a segundo voy reconociéndome.

Mis pies me ayudan a trotar este mundo con alegría, con ellos me aferro a este suelo bendito. Mis piernas cual espadas filosas se extienden para ser mi impulso y mi sustento, florezco por los valles de lágrimas y en las danzas más gráciles se transforman en dulces cisnes dorados.

Contiguo está mi torso que alberga la mayor parte de mi ser, mi centro y la vida misma habita en él. Un corazón late ahí, es  diminuto; pero tiene el arrebato de una tropa entera, custodia a grandes personas que adoro y abrigo, en ese pequeño espacio viven, me habitan y me conforman.

Mi alma también reside ahí, donde se contiene mi esencia más pura, los códigos de mi actuar y la fórmula de mi sonrisa entre otros secretos.

Un colibrí de bellos matices revolotea siempre, dichoso, anhelante, iluso. Es la razón de mi asombro, de mi ser alerta, de mis arcoíris y de mis torbellinos. Con su incesante aleteo cobran la fuerza de un tifón, bello el colibrí de mi vida.


mujer espejo


Dos brazos se desprenden, dos alas soberbias llenas de ímpetu que construyen mi mundo cada día, que abrazan a cada ser que amo y que se vuelven hogar para ellos. Se extienden mis manos, palmas mágicas y deterioradas, revelan mis años, mi esfuerzo y mis creaciones. Saltan como bailarines de un lado a otro, descubriendo, curando, ayudando, negando, atrapando y condenando cuando es preciso. Saben cómo proceder, son sabias y obedientes ministros de mi ser.

¿Qué forma sería si no creyera en cada miembro de mi existir? ¿Qué signo sería si no creyera en el delirio de la composición de mi cuerpo, si no creyera en la certeza de su latir? ¿Qué cosa yacería si no profesara a cada segundo la maravilla de vivir? Tan sólo un títere de mis respiros, tan sólo un ente de la humanidad que cumple su ciclo y luego regresa a su origen.

Ahora siento mi cuello, extraordinario instrumento, es puente entre mi alma, entre toda mi forma y mi mente. Mi cuello: muestra de física, mecánica, logística, miles de canales transitan por él. Mi garganta, espécimen surrealista que se irrita cuando calla algo oscuro y cuando grita algo bello; mi fiel expositor de inquietudes y alucinaciones. Sin duda es centinela y arropa mi penitencia en los momentos incómodos. Con la fachada más deliciosa, mi boca da la cara ante todas mis fechorías, las enfrenta con valor.

Me detengo en mis ojos, el más prodigioso invento, la ventana al mundo, el arcoíris de mi existencia. En ellos fulgura cada una de mis impresiones y en ellos se reflejan cada uno de mis martirios. Ellos me socorren para advertir, para descubrir todo lo que pulsa, lo que deambula, lo que me alienta en este universo.

Armado ya todo el proyecto, con cada miembro en marcha me dispongo a respirar y palpitar un día más.


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Manifestar nuestro cuerpo a través de la Poesía es una forma de liberarse. Si quieres leer más poemas escritos por mujeres, te recomendamos este artículo sobre Alejandra Pizarnik.


Referencias: