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Tal vez estoy sola, pero sé quién soy

November 10, 2017

GothicusMx



La soledad puede ser el camino más directo a saber quién somos realmente. Estar solos con nuestros pensamientos nos puede llevar a un mundo en el que no hay lugar para mentiras, falsedades y ambiciones absurdas. En el siguiente relato de Tomás Guaderrama, la protagonista aprende que siempre será mejor estar solo y apreciar la belleza del mundo, que estar con alguien que no nos comprende.





HAY PERSONAS ESPECIALES QUE NO ENCUENTRAN A SU IGUAL PARA AMAR Y DURANTE SU BÚSQUEDA SE DESCUBREN A SÍ MISMOS

 

Su casa no era muy amplia, estaba sobre la pendiente de un cerro polvoroso por el cual podían bajar corriendo con tan sólo dar el primer paso. Desde su cuarto se veía el poniente de la inmensa ciudad, azoteas de cartón con hules contenidos por piedras para que no volaran con el viento; cerros llenos de casas como si fueran olas del mar que dejan bloques de concreto y que podían perderse en la mirada entre colores grises y secos.

 

El ruido de los autos, el bullicio de la gente, el ir y venir de los camiones, el polvo que entraba por su puerta y que cubría con una capa fina cada mueble de su casa la incitaban a escuchar música para disfrazar el zumbido, la realidad y el calor agobiante de la tarde. Un abanico la bañaba de aire caliente de pies a cabeza mientras escuchaba canciones de desconocidos; poetas con inspiración en sus letras, a veces trovas, a veces versos o prosas que por lo general la enamoraban.

 

La noche era esencial en ella, podía explicar por qué los astros permiten ver sus formas en la oscuridad mientras brillan y adornan con trazos y líneas el cielo. Su energía llegaba en el momento preciso, adelantando acciones y situaciones, prediciendo viajes y revelando amores. Interminables pláticas sobre las formaciones esféricas, el saber observarlas te ubicaba en la tierra en todos los sentidos; no había que perder de vista el cielo para no perder el rumbo.

 

Podía escapar cada noche para caminar por las plazas y banquetas; recorrer escaleras con rejas, fuentes inservibles, callejones y bardas con letras, parques con esculturas; noches silenciosas para gritar tus secretos, dormir poco y vivir mucho. O llegar hasta el amanecer leyendo, platicando a escondidas y en voz baja, riéndose entre dientes y tapando su boca para no despertar a los otros que ya descansaban, hasta que sus párpados sin avisar se cerraban para soltar lo que tenía en mano y el cerebro por fin hacía una pausa.

 

Su día a día era sólo un trabajo, desayuno frío, empujones en el autobús, café en la oficina, música sin sentido, sonrisas falsas, copias, papeles y firmas; fila para el baño, almuerzo con alguien, comida con otro, coincidir con alguien por compromiso, compartir pláticas; pasar el día, recibir a cambio algo que sirve sólo para pagar las cuentas.

 

Llevaba botas negras, pantalón de mezclilla, blusa corta y suéter largo rasgado de la manga. Un bolso chico de correa larga la hacía verse distinta y casi oculta, trataba de entender cómo los demás actúan casi hipnotizados y llevados por luces en rojo y verde que frenan o aceleran a unos y otros; personas con bolsas de plástico repletas de latas en el metro, soportando el calor y la transpiración de desconocidos, abrazos y roces forzados, pisotones, gritos e insultos, asientos pegajosos, bostezos ajenos.

 

No querer convertirse en parte de esa masa robotizada la hacía disfrutar lo que tenía: sus libros y poemas, la letra de la música, trovas enredadas en cuerdas de guitarra, las estrellas, sus tatuajes y su bicicleta que la llevaba disfrutando el aire en la cara. No buscaba a nadie, pero de pronto encontraba a alguien que de manera inmediata se alejaba al no ver la vida con el cristal con el que ella lo hacía.

 

Sabe sin duda que encontrará a alguien sin preocupaciones para complementar su vida, alguien que se quede siempre, que la siga de noche por esas plazas y banquetas; que sea de ellos una sola vida y vea en sus ojos ese infinito oscuro e intenso que observa de noche. Porque serán las estrellas quienes anticipen de forma precisa el lugar y las circunstancias. Seguirá fría y distinta, viviendo en un bloque de cemento, escuchando música, viendo pasar las estrellas, observando desde su perspectiva cómo los demás se pierden de la vida, sin disfrutar los momentos que les regala el universo.


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La soledad es el momento en el que descubrimos que no estamos realmente solos. El ruido y el vertiginoso ritmo en el que vivimos a veces nos ahoga tanto que olvidamos vivir el presente, por esa razón te compartimos las 6 lecciones espirituales que aprenderás del aquí y el ahora.



TAGS: Soledad Cuentos Nuevos escritores
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GothicusMx


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