He caído perdidamente enamorada de esa sombra, aunque sé que él no sabe mi existencia

Viernes, 17 de marzo de 2017 12:50

|Celeste Garza



Este texto en prosa, escrito por Celeste Garza, cruza las historias de su imaginario, plagado de recuerdos, olvidos y fantasmas.


daniel vazquez fotografo fantasma


El fantasma del bar
Cuando pasas tanto tiempo en un bar comienzas a notar cosas que usualmente pasan sin advertir. Un ejemplo claro sería percibir cómo se forma una pequeña sociedad, en la que cada persona, como un pequeño engrane de una máquina, cumple un rol o función.

Están los teporochos que beben por beber como un deporte; también están los cazadores, quienes siguen estrictamente un plan casi mecánico para conseguir llevar mujeres a la cama cual trofeos; los románticos, que se dividen en dos ramas: las parejitas, ya sea de novios o esposos (pueden lucir aburridos inmersos en alguna rutina, o también pueden estar viviendo la etapa del enamoramiento, siempre buscando el contacto físico y largas miradas de admiración o qué sé yo), y la segunda, los amantes a escondidas que se delatan con besos apasionados, saboreando la adrenalina y sin prestar atención al lugar donde se encuentran, saben que no hay tiempo, así disfrutan minuto a minuto.


bar beber todos los dias


Pero no es de ninguno de los anteriores de quien yo deseo hablar. De otra manera, mi interés se encuentra enfocado de lleno en los más invisibles y raros especímenes que frecuentan un sitio como éste. Aquellas sombras que siempre están, aquellos con los que toda persona se encuentra de frente aunque no se den cuenta.

Algo curioso es que estos personajes habitualmente piden el mismo trago. Éste claramente varía de persona a persona, pero debe ser algo fuerte, algo amargo, quizás como reflejo de su realidad. Ellos sin duda son los clientes más fieles, una vez que encuentran aquel lugar que les gusta, siempre regresan y eso sólo sería perturbable en caso de que tuvieran que mudarse por motivos de trabajo a otra ciudad, o en casos extremos, al momento de su muerte. Son fieles, fieles a su necedad, a sus ideales, aunque mucho tiempo antes descubriesen que estaban equivocados, jamás agacharían la cabeza y aceptarían su error.


bar-decadente


Existe un hombre de esta especie que especialmente roba mi atención. Es aquel hombre que llega puntualmente a mi barra cada jueves a las 21:30 horas. Pide un gin tonic y se queda con la mirada fija en la nada, sin vida, sin expresión. Aunque no tiene la postura de una persona deprimida y luce siempre tan aseado. En él no hay algún gesto de emoción. Da la impresión de ser una persona abandonada, mas no deseo que se malentienda, no abandonado por alguien más, sino por él mismo, como si estuviera muerto en vida y a la vez como si esto le sobrepasara tanto que ya no despierta en él algún sentimiento en absoluto; como un superhombre, completamente indestructible, deshecho en su totalidad a tal grado que no podría romperse más.

Un par de ocasiones he tenido que detener algún impulso indiscreto por preguntarle un poco acerca de él, mas lo que me frena principalmente, es un temor al descubrir que no estaría frente a un ser humano, o acaso no recibir una respuesta a todas mis curiosas preguntas.


New York Times bars


¿Será simple soledad o algo que atormenta su conciencia? ¿Será que está cansado de llegar a casa, aquella terrible casa con olor a humedad y vacío, intentar dormir toda la noche, para luego despertar e iniciar otro día igual o peor? No sé lo que es, pero sí sé que mucho más de lo que puedo imaginar. Yo veo mi reflejo en él y sin saber por qué, ni el momento exacto, he caído perdidamente enamorada de esa sombra, aunque sé perfectamente que él no sabe mi existencia.

Luego, así sin más, un día que parecía tan común como cualquier otro, mientras tomaba el desayuno y hojeaba el periódico, en primera plana encontré la fotografía de aquel hombre, quien había sido arrestado. Él era nada más y nada menos que el asesino en serie tan buscado por la policía, con 17 asesinatos y hasta hoy ninguna pista que lo delatara.


alcohol


Todos los jueves a las 21:00 horas en punto cometía sus crímenes, después iba a mi barra a tomar un trago para relajarse luego de un “ajetreado día de trabajo”, no sin antes limpiar la sangre de sus manos.

Metería las manos al fuego por él, pero en aquella nota pude leer con todas sus letras que él, con una sonrisa en la cara, se había declarado culpable y después quitado la vida… ¿quién sabrá cuales fueron sus razones?

***

¿Qué habita en un fantasma? ¿Por qué aparece y qué pesar lo mantiene aferrado entre éste y otros mundos? En todo caso, no todos los muertos son malos, como tampoco lo son los vivos.


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