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La sexualidad reprimida de Hemingway y otros hechos que demuestran que era gay

27 de octubre de 2017

Diego Cera

A pesar de su exagerada hombría, algunas personas sospechan que hay más de una razón para creer que Hemingway tenía un secreto oscuro... o no tanto.



No llores, ¿qué no eres hombre?

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¿Rosa? Eso es de niñas...

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Patea fuerte la pelota. ¡Así!, como los hombres...

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No dejes que te vean llorar. Que nadie piense que eres débil...


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A veces los padres no son las personas más cariñosas al educar a sus hijos —específicamente a los varones—, no es un caso aislado o un asunto demográfico, a pesar de que el machismo mexicano es una mancha bien marcada en el carácter de la gente, es posible decir que pasa lo mismo en prácticamente cualquier lugar del mundo. La sexualidad sigue siendo esa moneda que, al lanzarse al aire, siempre debe quedar con uno de sus lados al descubierto. Cara o cruz. Hombre o mujer. Dentro del pensamiento colectivo —al menos en cuanto a la generación de nuestros padres respecta— no hay otra manera de asumir el género.



Tras asumir ese tipo de comentarios como algo natural dentro de las expresiones cotidianas de su figura, nuestros padres —en la mayoría de los casos— pasan frente a nosotros como individuos cariñosos y llenos de virilidad a los que se les puede confiar la seguridad de una familia entera. "Papá", una de nuestras primeras palabras de toda la vida, cobró un nuevo significado para Ernest Hemingway en cuanto pisó Cuba; de ser un apelativo universal casi se convirtió en el nombre del escritor quien ante sus allegados no hizo más que mostrarse como un hombre de carácter fuerte y convicciones bien establecidas.



Amante del box, la cacería, la pesca y los toros, Hemingway nunca reparó en mostrarse fiel a su masculinidad, son incluso varias las fotografías que muestran al autor de El viejo y el mar poniéndose "crecepelo" en los pectorales para que nadie se atreviera a poner en duda su hombría... hasta ahora.


La escritora Mary V. Dearborn, quien ha publicado biografías reveladoras de personajes como Norman Mailer y Henry Miller en las que pone en duda su masculinidad, recientemente sacó a la luz la biografía de Hemingway en la que, al igual que hizo con los dos anteriores, cuestiona esa imagen de portentoso macho que por años se encargó de pulir hasta el cansancio.



«Fue indudablemente queer [de género ambiguo]. Superó, si se quiere, el hecho de definirse como gay. Dio la vuelta a las expectativas que se tenían sobre la identidad y el comportamiento de hombres y mujeres».
Mary V. Dearborn


Al ser, sin embargo, la misma Dearborn quien desmiente el hecho de que "Papá" fuese homosexual, queda abierta la duda sobre los aspectos que la llevaron a escribir esta reveladora biografía que, a pesar de poner en evidencia un secreto a voces, sigue sorprendiendo a más de una persona que continúa creyendo eternamente en la heterosexualidad del autor. Pero si repasamos un poco, nos podremos dar cuenta de que su lucha era constante en contra de una sexualidad que desde niño trató de salir a relucir.



Si bien resulta peligroso decir que Hemingway se vio reflejado en el personaje David Bourne de la novela El jardín del Edén, quien gustaba de ser sodomizado con un consolador por su mujer, a quien además le pedía que se cortara el cabello, hay razones para pensar que, en efecto, el escritor fabricó un alter ego, ya que presuntamente el mismo Ernest realizaba con su esposa, la periodista Mary Welsh, las actividades que su personaje disfrutaba en la intimidad.


«[...] estas fantasías no hablaban de homosexualidad ni de travestismo, sino de adoptar el rol femenino durante el acto sexual».
Mary V. Dearborn


Esta hipermasculinidad aparentemente fingida también apunta, según la autora de la biografía, a la infancia del escritor en la cual fue constantemente vestido de niña por su madre, ¿con qué objeto? Por el capricho de vestirlo a él y a su hermana mayor, Marcelline, como si fuesen gemelos, de modo que el pequeño Ernest podía ser visto ya fuera como niño o como niña dependiendo sólo del capricho de su propia madre.



Cuales fueran las razones por las que Hemingway reprendiera su sexualidad, la intención de Dearborn no es en ningún momento la de desprestigiar la figura del escritor —en dado caso, el trabajo sería un desagradable accidente que no valdría la pena ser mencionado—, sino más bien, la de dar testimonio de esa reclusión a la que muchas personas están sometidas, no importa si son figuras públicas, el machismo y esa absurda tendencia a obedecer un sistema de géneros binario que no ha funcionado sino para generar conflicto en quienes no encajan con sus estándares.


TAGS: Hemingway Grandes escritores Datos curiosos
REFERENCIAS: El País

Diego Cera


Articulista Senior

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