Sabines, el poeta que demostró que el amor eterno sí existe

Martes, 18 de septiembre de 2018 11:52

|Rodolfo Munguía
poemas de amor de jaime sabines a chepita

Historia de amor en los poemas de Jaime Sabines a Chepita nos hace creer que el amor eterno sí existe, pues queda inmortalizado en cada palabra.



La vida real de un poeta suele ser menos interesante que su propia creación artística. Lo cotidiano no puede competir contra el abismo de emociones que reposa sobre el corazón y la pluma de un auténtico artista. Pero Jaime Sabines fue un poeta que se dedicó a hacer del amor y de la poesía su forma de vida; junto a Josefa “Chepita” Rodríguez encontró el sentido de las letras y con ello el sentido de existir.



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Ilustración: Carlos Gaytan



Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas el 25 de marzo de 1926. Se dice que su padre, un habilidoso militar, le contaba historias y cuentos árabes que sabía de memoria; quizás ese fue el origen de la pasión a las letras de Sabines. Gracias al empuje de su hermano Juan, Jaime decidió mudarse a la Ciudad de México para estudiar Medicina, pero después de dos años de cursar la carrera decidió que su sensibilidad de poeta le impediría lidiar con la hostilidad de las ciencias médicas. Para escapar de sus clases, se refugiaba en las palabras de García Lorca y Alberti: con ellas descubrió que el lenguaje y las palabras son un mejor vehículo para llegar a la verdad.


Jaime regresó a Chiapas para trabajar en la tienda de telas de su hermano, es ahí donde ideó y escribió algunos de sus mejores versos. Pronto regresó a la Ciudad de México para retomar los estudios universitarios, esta vez en Filosofía. Allí se hizo de amigos muy influyentes; escritores de la talla de Rosario Castellanos, Juan Rulfo y Juan José Arreola. Después de múltiples experiencias en círculos literarios por fin encontró su voz como poeta, y a finales de los 40 comenzó a escribir y publicar frecuentemente, y decide abandonar su carrera universitaria poco antes de graduarse.



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Jaime y Josefa se conocen desde niños. Sabines le confezó a Chepita en una carta de 1947 que mientras la veía al final del día escolar de una preparatoria cualquiera en Chiapas, se enamoraba más de ella: “Te quiero. Pero te quiero y te deseo; eres inquietud, dolor y angustia; y muero y nazco todos los días para verte pasar” (Sabines, 2009, p. 35). “Yo hubiera deseado también cruzar la calle y hablarte; y, sin embargo, se impuso el saludo trivial e indiferente” (Sabines, 2009, p. 37).


Los días en que Chepita y Jaime consolidaron un lazo y una relación, también fueron los días en que Sabines abandonó su natal Tuxtla para estudiar medicina. Mantener una relación a distancia no es un trabajo sencillo, en especial para alguien que está enamorado del amor. En Los amorosos, poema de 1950, Jaime Sabines se declara seducido por el amor. El autor cree en la búsqueda insaciable del fenómeno sentimental a través de parejas, recuerdos y experiencias. El amor para él es una búsqueda perpetua de significado, una ontología sentimental y un proceso de alegría y dolor recurrente. ¿Cómo un hedonista sentimental puede mantener una relación a distancia?



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La sinceridad de Sabines en sus cartas a Chepita rozan el cinismo y la imprudencia. Una relación desgastada permitió a Sabines enamorarse de otras mujeres en la Ciudad de México —y se sospecha que la misma situación le permitió a Josefa enamorarse de otros hombres en Tuxtla—, sin embargo, siempre conseguían amarse sobre todas las cosas. “En esta rechingada hora de insomnio y de vergüenza estás presente, te necesito, te amo hasta quien sabe dónde, más, mucho más allá del amor y de la vida, te amo hasta la muerte; de tal modo que en vez de decir ‘te quiero’, necesito decir: te muero, me muero en ti, me muero” (Sabines, 2009, p. 46). Más que un amor para toda la vida, Chepita era para Jaime un amor para toda la eternidad; ellos recurrían el uno al otro en momentos de debilidad y en momentos de fortaleza. Chepita y Jaime son los amorosos de los que habla su poema.


Sabines hablaba desde su desesperación y necesidad de amor: “No tengo ni con quien hablar. Pero no quiero hablar con nadie. Sólo quiero hablar contigo, pensar en ti a todas horas, encerrarme y estarte diciendo: Chepita, Chepita, Chepita. Esto es lo que he hecho. Desde el sábado no he hecho sino escribirte” (Sabines, 2009, p. 166). Chepita y Jaime se casaron en 1953 y tuvieron cuatro hijos. Vivieron en Tuxtla por mucho tiempo y tuvieron una vida sencilla, alejada de reflectores, pero siempre con producción poética pendiente. Vivían como gente común, pero hacían del amor su oficio. Sabines escribió para Chepita desde Rio de Janeiro en 1963: “Amor móo [,] quiero amanecer contigo este veintiuno de mayo y también el mismo día dentro de diez y veinte años [,] quiero amanecer contigo todos los días de mi vida” (Sabines, 2009, p. 206).



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Sabines murió el 19 de marzo de 1999 a punto de cumplir los 73 años, tras una serie de enfermedades crónicas y largos periodos de convalecencia. En todos los escritos de Sabines se puede apreciar una inocencia y una pasión perfectas: las del hombre de 23 años enamorado del amor. Los poemas, escritos y cartas dedicadas a Chepita, dejan ver una pasión de un par de almas gemelas destinadas a enredarse siempre o de vez en cuando. El amor al amor se cosificó en el amor a las letras y en el amor a Chepita, a ambas dedicó su vida Jaime Sabines.

 

Referencias:

Sabines, J. (2009). Los amorosos: cartas a Chepita. México, D.F: Joaquín Mortiz.


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La poesía es la única con la que podemos experimentar a flor de piel emociones que creíamos imposibles en nosotros, por eso te recomendamos los siguientes poemas que nos muestran que hay heridas que nos marcan de por vida. Si quieres conocer más poesía amorosa latinoamericana, te recomendamos estos 10 poemas de Pablo Neruda que dan directo en el corazón.


Rodolfo Munguía

Rodolfo Munguía


Colaborador
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