El filósofo que descubrió cómo ser feliz a través de la música y el arte

En la historia de la filosofía, quizá pocos como Schopenhauer han entendido la estrecha relación entre las artes y el sentido de la vida.



En la historia de la filosofía son pocos los que han desenmarañado la estrecha relación entre las expresiones artísticas y el significado de nuestra humanidad, pero entre esos pocos destaca un filósofo alemán. Arthur Schopenhauer nació en Danzig el 22 de febrero de 1788 bajo la protección de una familia acomodada. Desde pequeño mostró claras tendencias a ser ermitaño, y ese desencanto lo acompañó la vida entera. Su padre quería que se dedicara a ser comerciante, pero Schopenhauer estaba más interesado por la filosofía. Tras mudarse de casa para sus estudios universitarios, su madre le confiesa en cartas lo desagradable y arrogante que Arthur les resultaba a las personas. Su relación con los individuos más cercanos a él siempre estuvo determinada por su humor y su temperamento.



Ilustración: Carlos Gaytan



Se cuenta que vivía en un lugar modesto, pero con unos vecinos muy ruidosos; un día, harto del ruido, Arthur reclamó el alboroto en la puerta de al lado. Una cosa llevó a la otra y el filósofo terminó aventando por las escaleras a una señora de edad avanzada. Lo anterior le valió a Schopenhauer pagar una pensión vitalicia a la víctima. Tras 20 años del incidente, la mujer murió y el filósofo escribió: “obit anus, abit onus”, que significa: “muerta la vieja, se acaba la carga”. Esto nos habla de un hombre cínico y desagradable, pero también nos propone el odio por el bullicio. Sí, Schopenhauer odiaba el ruido, pero no así la música.


La música para Schopenhauer es la más alta expresión del ser humano y el único arte superior; las notas son capaces de transmitir una experiencia auténtica. ¿De dónde surge este pensamiento? Una de las principales influencias de Schopenhauer fue Immanuel Kant, quien revolucionó para siempre la filosofía occidental. Kant pensó que había encontrado en sus pretenciosos sistemas filosóficos las directrices para el conocimiento, la moral y la razón. Arthur se opone a lo anterior diciendo que no podemos medirnos ni comportarnos de acuerdo con ningún parámetro. Por un lado, una visión ordenada del mundo, y por otro una perspectiva de un mundo totalmente irracional y absurdo.





Schopenhauer concebía el mundo como un gran sinsentido. El objetivo de la existencia, para él, era darnos cuenta de que valdría más no existir. A Arthur le parecía absurdo que las personas defendieran su vida como si se tratase de la más grande garantía de un tesoro, pues requiere demasiados cuidados y muchos tormentos conservarla, además ignoramos el objetivo de tenerla pues no hay ningún premio por hacerlo; de hecho, pasa lo contrario: el galardón por conservar nuestra vida es el hastío constante. El Universo y el ser humano, cada cual por su parte, viven en lucha constante para no obtener nada a cambio.


El filósofo traiciona su pesimismo al admitir una vía de escape al sufrimiento constante: la vía estética. Arthur planteaba que para lograr sentir algo parecido a la alegría, el ser debía olvidarse de todo y de todos, y eso era mucho más fácil percibiendo con los sentidos las cosas bellas, pues cuando uno observa algo bello, se convierte en aquel objeto. La encarnación de lo bello, para Schopenhauer es el arte. Por ejemplo, reconoce que la arquitectura es la resistencia al caos, la escultura es la exaltación de la belleza natural, la pintura es la representación de los afectos y los ánimos más profundos en el ser humano, la poesía es la expresión de la cualidad del pensamiento, y la música es la manifestación directa de la voluntad.





Schopenhauer era un gran fan de Mozart y Rossini. Se cuenta que el filósofo visitaba las salas de concierto alemanas de la época, se sentaba en las mejores butacas y cerraba sus ojos en cuanto comenzaba el concierto: eran las únicas veces que se veía contento a aquel viejo cascarrabias. La música es para él el lenguaje de los sentimientos, y por tanto es universal. La música logra por sí misma y sin mucho esfuerzo lo que a la filosofía le toma siglos: ordenar el pensamiento y las ideas.


¿Qué opinaría Schopenhauer de la música contemporánea? Seguramente, por su condición de misántropo por excelencia, le parecería una desfachatez marginal y una aberración a la vida en sí. Pero si analizamos más allá su obra, podemos observar que los desacuerdos que tenía con el idealismo alemán postkantiano iban encaminados a debatir la ordenación del mundo mismo; estaba en contra de la filosofía y las ciencias oficiales, pues las consideraba ideas mecánicas replicadas. Esto quiere decir que Schopenhauer aceptaba el caos existente en el mundo y en el arte mismo. Schopenhauer sostendría que las múltiples formas musicales y artísticas —entiéndase aquí los generos más extraños y el arte contemporáneo— como una expresión más del desorden del mundo. Pero que representen un caos, no significa que su autenticidad se ponga en duda: el sentido de la vida seguirá expresándose a partir del arte, no importa que vertientes estéticas tome; asimismo la música continuará expresándose a partir de la voluntad misma. No importa si escuchas punk o música clásica, la ordenación de los sentimientos y los afectos seguirá dándose a partir de la música mientras existan ruidos ordenados.


Fuentes de consulta

Cohan, A., & Rodríguez Minaverry, I. (2005). Schopenhauer para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente.

Safranski, R. (2008). Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía. Barcelona: Tusquets Ed.


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Referencias: