Hoy está claro: el amor lo ve todo muy bello

Viernes, 10 de noviembre de 2017 11:55

|Cultura Colectiva

Berta García Faet es una poeta valenciana, autora delos poemarios La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015), Night club para alumnas aplicadas (Vitruvio, 2009) y Fresa y herida (Diputación de León, 2011), entre otros. En la actualidad cursa un doctorado en Hispanic Studies, en Brown University, además de dedicarse a investigar asuntos misteriosos de poesía española y latinoamericana.




Procedencia: acrílicos


Todo lo que alcanza el cuerpo a hacer en vida
—Brodsky


Formo parte de aquel selecto grupo de chicas

a las que Las Chinas han acariciado el pelo

¿es natural? ¿es natural? ¿es natural?

y los chicos comido concienzudamente

muslos y omoplatos en garajes y autocines.


Me casaré contigo. Verás. Me casaré contigo.


Desde sus cubitos-corazón, los inocentes

numerosos mirones supuestamente imparciales

(hoy, por sinestesia, físicos, aves y piedras,

un médico, un músico, un gestor de manías)

se empeñaron en proclamar el supuesto prodigio

de mis atributos visibles (los de todas las chicas)

(que, a los quince años, somos todas la misma:

un dibujo de Brenda, vulva-mirto-en-el-agua,

¡mirad los pellizcos!: violetas contra el mundo)



Hoy está claro:

el amor lo ve todo muy bello


muchas gracias a lo cual

formo parte de aquel selecto grupo de chicas

que, en la adolescencia,

no hicieron régimen.


¿Nos vamos a París? ¿Nos vamos a París?

Me casaré contigo. Verás. Me casaré contigo.


Los chicos (hoy la mayoría filósofos de la ciencia,

escultores de fresas, pintores de heridas, diplomáticos)

se atrevían,

se atrevían a sangrar por las rodillas

(su menstruo divertido),

se atrevían,


y nosotras −lógicamente vírgenes y drogadas−

creíamos muy importante

cerrar mucho los ojos al besarnos.



Hoy está claro:

fueron tiempos felices


muchas gracias a lo cual

formo parte de aquel selecto grupo de chicas

a las que acechaban por los mares los hombres excesivos

−nos moríamos de miedo, corríamos, sudábamos;

pero nos sentíamos bonitas: eso bastaba: eso entonces

bastaba−


y los chicos nos juraban apasionadamente

atrocidades y absurdos en cementerios y playas,


y los chicos exponían con notable entusiasmo

sus motivos: es baratísimo, verás, te lo prometo,


y los chicos adoraban increíblemente subversivos

cada una de nuestras explosivas fotosíntesis.


Hoy está claro:

fuimos precoces en la exuberancia


muchas gracias a lo cual, más tarde, ésta

no pudo confundirme


y he sabido

que, si el criterio es la valentía,

todo es decadencia desde los trece.


Ya que formo parte de aquel selecto grupo de chicas

a las que Las Chinas Del Verano Inglés acariciaban el pelo

¿cómo lo haces? ¿cómo lo haces? ¿cómo lo haces?

y los chicos comían eruditamente

en literas y jardines vértebras y labios.


Me casaré contigo. Verás. Cuando cumplamos veinte.



Hoy todo está claro:

el amor lo ve todo muy bello,

fueron tiempos felices,


soy una coleccionista y,

celosa y sucia,

palpo


las páginas de mi acumulación.

*

Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a Sven Signe den Hartogh.

***

Cuando un amor apasionado termina, hay algo que estalla dentro de nosotros y que nos duele como una herida abierta, pues "este amor me retuerce y hace que me pierda".

REFERENCIAS:
Cultura Colectiva

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