La Filosofía es una disciplina que se ha enfrentado a muchas adversidades en los actuales campos de la difusión y la educación, convirtiéndose así en una afición que algunos llevan como si fuese un pasatiempo y no una verdadera profesión o un acto humano cotidiano. En mucho han tenido que ver los intereses modernistas de la sociedad, con su tecnificación e instrumentalización del todo, para que el reposo, la reflexión y la lucidez sean comprendidos como aspectos inútiles y risorios para el mundo de hoy, aunque primordiales para el pensamiento humanista.
Bastante de esto ha repercutido en un olvido y en un desprecio por ella (la Filosofía), sacándola de las aulas y posicionándola como un conocimiento inservible que sólo habla de cosas que no podemos ver o entender fácilmente. Y nada más falso que eso; la Filosofía está hecha por la vida y para ella, el fin último de su estructuración será siempre el hombre y lo que le ocurra.
Que nos hayamos enfocado en hacerle perder relevancia o en darle una apariencia oscura e impenetrable para los “no iniciados” en su estudio, son dos de los grandes problemas que le acarreamos a esta manera de pensar, pues sobre todo tendríamos que estar enfocados en darle esa proyección un tanto práctica que tanto necesita, pero que también nos urge al resto.
La Filosofía es fascinante, pero ¿qué puede de verdad aportarnos a la vida sin complicarnos el entendimiento? ¿Qué ideas podemos sustraerle sin caer en las palabras indescifrables?
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El eterno retorno
Uno de esos ejemplos que retratan a la perfección la complejidad creada por el filósofo y la confusión del lector es éste de Friedrich Nietzsche; en “La gaya ciencia” se presenta este concepto del ‘eterno retorno’ como esa posibilidad de vivir una y otra vez la misma vida que gozas o padeces el día de hoy. Sin cambio alguno, la vida se te presentará en repetidas ocasiones tal cual la has vivido, con aciertos y errores en un loop infinito. ¿Qué podemos deducir de esto? No se trata de una simple enunciación fantástica; al contrario, pretende tener un alcance moral enorme: si estas vivencias se han de repetir de aquí a la eternidad, entonces debes actuar de la mejor manera posible para no acarrearte una mala existencia y vivir lejos del miedo.
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Nadie actúa mal voluntariamente
Sócrates creía que siempre hacemos aquellas cosas que nos dan placer o disminuyen el dolor; él sostenía que siempre tendemos hacia lo que es bueno y nos alejamos de aquello que es malo; y entonces, dado que los hombres somos racionales, nadie escogería conscientemente el dolor por encima del goce. Lo que da como conclusión una de las apologías más criticada del filósofo griego: la gente actúa mal porque no conocen algo mejor. Y entonces, tener esto en mente te puede llevar a una revaloración de los actos hasta hoy cometidos, ¿estarás haciendo algo mal y no te has dado cuenta? Y si es así, ¿tendrías que cambiarlo?
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La condena a la libertad
Según Sartre, ese ser fantástico del movimiento existencialista que muchos citan pero quizá muy pocos han leído con detenimiento; tras la muerte de Dios y las significaciones que tiene ser humano, todos estamos condenados a ser libres. Es decir, sin esta figura suprema no tenemos un propósito divino que cumplir ni un camino determinado; somos completa y absolutamente libres de elegir y conformar a partir de nuestras acciones. Es así, por otro lado, que no hay más culpables en nuestra existencia que nosotros. Cada uno debe tomar la responsabilidad de su libertad y aunque ésta sea apabullante, en ocasiones desatada, nada nos exime de responder por ella.
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El absurdo de la vida
Aunque Camus de hecho es un pensador multifacético, no muchos logran aceptarlo como un filósofo; no podría existir prejuicio más grande pues independiente de sus trabajos literarios y periodísticos, la reflexión que le caracteriza no podría obedecer a otra naturaleza. En “El mito de Sísifo” se aborda un tema escabroso: la insignificancia y falta de valor en nuestras vidas. Aquel que viva incapaz de entender el mundo, se confrontará en esta incomprensión siempre con una vida que se repite y repite en su total vacío. Es entonces que el autor propone ser un rebelde y hacerse en la mayor cantidad de experiencias posibles y hacer frente ya no al mundo, sino al absurdo que resultaba de éste en la monotonía del existir y aceptarle. De este texto sobresale la famosa frase: “Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio, el problema del suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”.
Estos conceptos, claros y a la vez confusos, pueden ser muestra de esas ideas filosóficas que en efecto pueden llevarse a la práctica y ayudar a una vida que se apodera o se construye. Así como estos hay un sinfín de posibilidades escondidas entre las líneas del texto humanista, sólo es cuestión de decidir que esta disciplina no expone absurdos ni habla de asuntos impenetrables, sino todo lo opuesto, aporta conocimiento de vital importancia.
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