Inmigrante
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Avatar of Serner Mexica

Por: Serner Mexica

22 de abril, 2016

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22 de abril, 2016


Migrantes 2


Tengo sed. Maldito desierto. Me duelen los pies. Maldito infierno. El aliento se aleja, los oídos se cierran y se me pega la arena. Lastiman las piedras, sobre todo las pequeñas. Me explota la cabeza. El sol me quema y el sudor se eleva, quema mucho y me deshace en la vereda. La decisión y su camino, el desierto de Arizona como destino. Infierno maldito. Espinas por todas partes, en mis piernas y en mis plantas las malditas afiladas. Me arde la espalda. Ya no puedo seguir. Perdóname, Margarita, por no poder seguir. ¡Cállate! Habla la muerte. La tengo enfrente. Un estallido, un soplo, un trueno y un suspiro, la experiencia de lo extinto. Toca mi rostro con sus manos duras y me transforma en divino. La paz, la calma, un orgasmo en estado de nirvana, la zona existencial entre el ser y la nada. Soy alma, soy alma, soy alma. ¡Cállate! El sol me derrite y desinfla el cerebro. No debí haber perdido el sombrero. La gorra se la presté a un compañero cuyo nombre no recuerdo, perdido como todos en algún hoyo del desierto. ¿Hay alguien ahí? Escucho voces. ¿Quién anda ahí? ¿Eres tú? ¿Quién eres? Maldito sol, maldita arena y malditas piedras. ¿Margarita? No te vayas, no me dejes. Hay que seguir juntos. Falta poco para Tucson. ¡Cállate! El silencio nuevamente. La paz y la calma luego de un último aliento de resistencia de mi cuerpo. ¿Mi cuerpo? Pero la muerte, la muerte finalmente. Finalmente. Los residuos de la investidura resquebrajada de mi alma. Regreso al estado de nirvana y mi voluntad se deshace en la nada. La dialéctica en el conocimiento de mi alma. ¡Cállate! No puedo, ya no puedo. Ya no. Taca, taca, taca, taca, taca, taca, taca, taca, taca, taca. Un helicóptero. ¿O varios? Invisibles, haciéndonos visibles. Con su luz, con su luz. Corrimos sin orden, perdidos en la oscuridad de la noche. Mucho frío y todo pesa. Los aullidos y las espinas, y los bichos ocultos; y los sonidos de advertencia. Hormigas, arañas y culebras. Lagartijas y alimañas carroñeras. ¡Cállate! No. No me voy a callar, es mi último aliento y me voy a desahogar. Silencio. ¿Quieres casarte conmigo? ¿Margarita? Busquemos una casa. Aún no podemos comprarla. Tenemos que rentarla. Mejor una más barata. Aún así no alcanza, tendré que buscar otra chamba. Tú no trabajes, ya es demasiado con el quehacer de la casa. ¿Margarita? Tendrás que ayudarme limpiando casas. ¿Te volvieron a insultar en esa casa? ¿Gata? Hay que aguantar, resignarnos y pensar a largo plazo. Una casa a largo plazo. Silencio. Malas noticias. Me corrieron de la chamba. Silencio. El vecino tiene trabajo al otro lado. Tengo que ir, tengo que hacerlo. Mil dólares por cabeza, esa es la apuesta. No, no, no. Tú no. Es muy peligrosa la travesía. No te da miedo pero no quiero ponerte en riesgo. Entiende por favor. ¿Mi amor? No te quedes callada, ausente y enojada. Necesito todo tu apoyo, sobre todo esta madrugada. Parto mañana en la mañana. ¡Cállate! Un zopilote. Dos zopilotes. Tres zopilotes. Sobrevuelan, sobrevuelan, sobrevuelan. ¿Dónde están los zopilotes? Una silueta me salva. Un trapo húmedo en mis labios y palabras de aliento de un muchacho vestido de blanco. Hidrata mi cerebro y cura las quemaduras de mi cuerpo. Me suben a un vehículo. ¿Adónde me llevan? No entiendo. ¿A un hospital? ¿Qué dices? No entiendo nada. ¿Deportación? El muchacho sólo habla en inglés aunque parece mexicano. Me inyectan suero y pierdo el conocimiento. Silencio. ¿Margarita? ¿Qué hago en esta bodega? Grilletes en mis tobillos y mis manos. Somos varios y yo soy el único que ha despertado. Todos paisanos y encadenados como esclavos. ¡Cállate! No, no me voy a callar. Contaré toda la historia. Aunque a nadie le parezca. Aunque no parezca, ni siquiera, la realidad.


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