Todo lo que callamos se guarda en nosotros, se acumula hasta que el peso nos impide movernos hacia adelante. Cada discusión de la que salimos derrotados, cada tristeza que no lloramos, cada sueño que se queda sólo en la memoria, nos llena de ansiedad y arrepentimiento. Pero soltar las palabras, aunque no encuentren oídos, nos libera; y sólo con esa libertad podemos retomar el camino y seguir avanzando.
En el siguiente poema, Ivonne Méndez nos enseña a soltar las ataduras de todo eso que dejamos en el silencio.
Tan sólo hablo sola, con el eco del universo a mis espaldas.
Cuando en tu corazón nace un sentimiento, que empieza a vibrar por ahí y te estremece por completo o te hunde con su fuerza y te arrastra con su cólera, nunca lo guardes para ti.
Dale rienda a los impulsos teniendo un balance, preciso. Si hay furia enfócala y avanzarás; libérala.
Nada nos pertenece, nada debemos llevar encima; tan solo los 21 gramos de nuestra alma, que a veces se sienten menos y a veces se expanden, pero siempre están ahí, intactos y renovados.
Lo que hoy das, mañana volverá y con más fuerza, entrega lo mejor, siempre, a cada latido. Sin guardar un poco, no hará falta, siempre volverá duplicado.
Si hay en ti tristeza, redímela. Siéntela hasta lo más profundo de tus huesos y después, suéltala. Si tienes dolor abrázalo, permítete sentir, pero después sánalo, hazlo desaparecer. No podemos cargar con lo que nos retrasa el paso.
Si hay en ti un dejo de angustia, saboréalo, date cuenta de su amargura. Aprende su sabor para que no vuelvas a confundir angustia con placer y después que pase, que no siga en ti.
Si acaso nace en ti un sentir negativo, acéptalo, enfréntalo y véncelo para continuar el galope. Un paso ligero y grácil llevando contigo lo necesario, lo esencial.
Todo el amor que sientes, que vive en ti. Que anda contigo cada instante, expándelo, regálalo. No hay dicha si no se comparte, no hay lugar para el egoísmo en la felicidad. Transmítelo todo, ofrécelo sin más. Lúcido y despierto nada te ha de dañar.
Todo volverá siempre, en un oído que atiende, en una mano que apoya, en un hombro que sostiene, en la furia que libera, en la tristeza que nos enseña, en la amargura que nos integra… En millones de cosas, de personas, de lugares, de instantes.
Volverá siempre de algún modo, en el viento que nos refresca, o en el sol que nos calienta. En ese obstáculo que nos vence para acercarnos a la meta. En ese día gris que nos aplasta, para ayudarnos a ver todos los colores del amanecer. No dejemos de mirar.
¿Cuántas vueltas da la vida? No se sabe, ahí justo reside todo su encanto.
¿Hay ciclos, periodos o destino escrito? Quizás. Pero que nada de esto nos quite el sueño ni la sonrisa.
Si andamos entregándonos auténticos, reales, la vida será una serie de eventos maravillosos, renaciendo en cada paso, abrazando toda la existencia.
Me acomodo la sonrisa siempre. Tan sólo hablo sola, con el eco del universo a mis espaldas.
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Aprender a sentirnos libres no es tarea sencilla; sin embargo, hay algunas cosas que puedes hacer para acercarte a esa estabilidad que estás buscando. Si te interesa leer más consejos sobre cómo soltar todo aquello que nos hace daño, puedes leer la siguiente reflexión.