Insultos de la literatura que querrás usar al menos una vez en tu vida

sábado, 27 de mayo de 2017 8:51

|Diego Cera




Incluso antes que las plegarías, los insultos han ocupado un lugar especial en el catálogo de expresiones del ser humano; nuestros antepasados se vieron en la necesidad de recurrir a estos gestos para defenderse de sus agresores de una manera más civilizada que los golpes. La historia de las ofensas es casi tan impresionante como la del idioma mismo; por ejemplo, la cantidad de insultos con connotación sexual que existen en Estados Unidos están directamente ligados a su pasado puritano y a les restricciones sexuales a las que estaban sometidos los primeros colonos.

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En el caso del español, los insultos van directamente vinculados a asuntos relacionados con la Iglesia y la religión debido a los problemas que han azotado a este pueblo durante años. Sin embargo, los símiles con animales y la exaltación de cualidades poco estéticas de las personas han completado la larga lista de ofensas. En "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha", uno de los primeros libros escritos en "la forma final" del español, aparece una serie de insultos casi imperceptible para los lectores modernos; aunque en su época, estas palabras podían hacer rabiar a cualquiera.

Comprender estas frases en realidad no es algo muy complicado, a veces sólo hace falta un poco de sentido común —o un diccionario— para darnos cuenta que incluso los insultos son una parte esencial en la historia y formación de la lengua.


«Traidor, descompuesto, villano, infacundo, deslenguado, atrevido, desdichado, maldiciente, canalla, rústico, patán, malmirado, bellaco, socarrón, mentecato y hediondo».
Don Quijote a Sancho Panza

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«¡Señor don bacallao, alma de almirez, cuesco de dátil, más terco y duro que villano rogado... don vencido y don molido a palos!»

Altisidora a Don Quijote

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«Truhán moderno y majadero antiguo, de villana y grosera tela tejido, echacuervos, corazón de mantequillas, ánimo de ratón casero, alma endurecida, pan mal empleado».

Don Quijote de la Mancha

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«¡Oh malaventurado escudero, alma de cántaro, corazón de alcornoque, de entrañas guijeñas y apedernaladas!.. ¡Ladrón, desuellacaras,… enemigo del género humano!»

Ninfa a Sancho Panza

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«Socarrón de lengua viperina [...] ¡Oh hideputa bellaco, y cómo sois desagradecido, que os veis levantado del polvo de la tierra a ser señor de título y correspondéis a tan buena obra con decir mal de quien os la hizo!»

Don Quijote de la Mancha

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«¡Voto a tal, don patán rústico y mal mirado, que si no os apartáis y ascondéis luego de mi presencia, que con esta silla os rompa y abra la cabeza! Hideputa bellaco, pintor del mesmo demonio, ¿y a estas horas te vienes a pedirme seiscientos ducados?; y ¿dónde los tengo yo, hediondo?; y ¿por qué te los había de dar, aunque los tuviera, socarrón y mentecato?»

El Gobernador

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«Hijo de puta -dijo la dueña, toda ya encendida en cólera-, si soy vieja o no, a Dios daré la cuenta que no a vos, bellaco harto de ajos».

La dueña a Sancho Panza

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Como cualquier elemento del idioma, la importancia de los insultos son una parte esencial en el español al aludir a una parte de nuestra sensibilidad tal como los chistes y las palabras de amor. Hablar de un español sin insultos es pensar en una lengua incompleta, donde esa deficiencia lo convertiría en algo prácticamente inútil para transmitir ideas.

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Fuentes

Fahrenheit magazine
BBC
Barataria




REFERENCIAS:
Diego Cera

Diego Cera


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