Insultos entre escritores, los gestos de la palabra
Letras

Insultos entre escritores, los gestos de la palabra

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Por: Luz Espinosa

15 de noviembre, 2013

Letras Insultos entre escritores, los gestos de la palabra
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Por: Luz Espinosa

15 de noviembre, 2013

Hay quienes eligen a la palabra para quedar presentes en la eternidad, personajes que hacen de lo escrito  su mejor arma; y es que nada podría indicar de manera más elocuente la dificultad de expresarnos más allá de la función denotativa del lenguaje que la escritura, pues las letras son los “objetos” que caen, siempre, lo más cerca de lo que se quiere decir.

Pero, ¿qué pasa cuando los maestros de la palabra enfurecen y ponen su talento al servicio de la ofensa?, quizá no haya peleas más ricas que aquellos que conocen y ponen a nuestro servicio la palabras y logran con ello transformar una percepción.

pleitos escritores


Decía Nietzsche que “la riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones. También la elección de las palabras y la sucesión de los argumentos", por esta razón, el gesto mínimo de la palabra es el detonante principal de las bombas literarias que compilación de Batania, el poeta español autor de Neorrabioso, quien recopiló las ofensas confesas en diferentes publicaciones.

Esta es una pequeña lista del sentido que le dan algunos grandes de la literatura a la más apasionante, evolucionada y misteriosa de las creaciones humanas, la palabra, cuando de ofensa se trata.

Bukowski contra Shakespeare (Charles Bukowski fue entrevistado por Seann Penn en 1987 para la revista Interview, 27 de junio de 2004).

Bukowski


Shakespeare es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio proceso de pensamiento. Me desagradan.

Fogwill (escritor y sociólogo argentino) contra Alan Pauls (escritor, crítico literario y guionista argentino) (en "Fogwill en pose de combate", entrevista de Martin Kohan para el suplemento Ñ, de Clarín, 25 de marzo de 2006).

Fogwill


Alan Pauls hace en El pasado un parricidio, porque a lo largo de todo eso hace la misma operación de Borges: que los mocasines, que la modernidad, que la droga, que esto, que lo otro, que el yate, que la regata Río de Janeiro-Ciudad del Cabo. Todo eso. Y en ningún momento dice que yo escribo mejor que él. Y eso es lo primero que tendría que decir. Yo digo, por ejemplo, él sabe mucho más francés que yo. Punto. Él tiene una mejor formación académica que la mía, que es nula. Eso lo reconozco. Pero yo sigo diciendo que yo escribo mucho mejor que él. Que si vamos a un taller literario, con alguien, el alumno estrella voy a ser siempre yo, porque me van a dar un ejercicio y yo una página se la hago en tres minutos, cuando él empieza a pensar con qué estrategia abordar —abordar subrayado— el texto. ¿Entendes?

Truman Capote contra John Updike (ganador del Premio Pulitzer en 1982 y 1991) (Truman Capote fue  entrevistado por Lawrence Grobel, quien compiló sus charlas en Conversaciones íntimas con Truman Capote, Anagrama, Barcelona).

Truman Capote


Odio a Updike. Me aburre todo lo que tenga que ver con él. Es como una porción de mercurio: póngase una gota en la mano y trate de aferrarla. Se deslizará a un lado y a otro y no podrá cogerla, no sabrá qué hacer mientras corre por sus dedos. En cualquier caso, es muy amanerado. Hay una cosa que se llama estilo, y luego está el estilista. Yo me considero un estilista. Updike no lo es, porque tiene un estilo afectado que ni siquiera le pertenece. Sencillamente, siempre lo retuerce todo en cierto modo. Se nota lo artificial que resulta el vocabulario, se vuelve uno tan consciente de ello, se ve con tanta claridad en su manera de construir el relato que se pierde absolutamente el contacto con la narración por el efecto que produce el retorcimiento de la frase, la falta de naturalidad en la rima y el ritmo de ese "estilo" afectado que, en mi opinión, despoja a su obra de toda fuerza narrativa. Y así ha sido desde que por primera vez leyera su libro The Poorhouse Fair. En el momento en que lo leí, comprendí lo que pasaba, lo que andaba mal en su manera de escribir, y nunca me he apartado lo más mínimo de esa opinión. No ha hecho más que fortalecerse y hacerse más sólida cada vez.

Gombrowicz contra Borges (Witold Gombrowicz en Witold Gombrowicz y Jorge Luis Borges, texto de Juan Carlos Gómez, en Elortiba.org)

Gombrowicz


Borges y yo somos polos opuestos. Él se halla enraizado en la literatura, yo en la vida. A decir verdad, yo soy antiliterario. Lo que decía Borges no me parecía de la mejor calidad; era demasiado limitado, demasiado literario, paradojas, frases ingeniosas, sutilezas, en una palabra, el género que más detesto.

(...) El Borges hablado, ese Borges de conversaciones, de conferencias, de entrevistas y también de los ensayos y las críticas, siempre me ha parecido pobre, y más bien superficial. En la Argentina me citaban a menudo como excelentes las frases ingeniosas de Borges. Pues bien, siempre sufría una decepción. Aquello sólo era literatura, y ni siquiera de la mejor.

(...) ¿Quién demonios es, en comparación con las montañas de revelaciones sartrianas, un Borges argentino, sopita aguada para literatos?

Bolaño contra Neruda (Roberto Bolaño en "Siempre quise ser un escritor político", entrevista de Demián Orosz, La voz del interior, 26 de diciembre de 2001).

Roberto Bolaño


A mí Neruda me gusta bastante, tal como lo digo en ese cuentito. Un gran poeta americano. Muy equivocado, por otra parte, claro, como casi todos los poetas. No era el sucesor de Whitman, en muchos de sus poemas, en la estructura de esos poemas, sólo podemos ver ahora a un plagiario de Whitman. Pero la literatura es así, es una selva un poco pesadillesca donde la gran mayoría, la inmensa mayoría de escritores, son plagiarios. Hay algunos jóvenes con voz propia, pero no saben escribir, lo que es un desastre. Entonces esos jóvenes van a los talleres literarios o a la universidad para aprender a escribir y cuando ya saben escribir no tienen voz propia. En fin, qué le vamos a hacer. Neruda, en algún momento de su vida, pensó que él era el paradigma del poeta, y se equivocó. Pero la verdad es que todos los poetas, en algún momento de sus vidas, se creen la muerte.

Borges contra Góngora (Jorge Luis Borges, el 27 de febrero de 1982, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006)

jorge-luis-borges


Estuve leyendo Las Soledades y el Polifemo: son activamente feos. Leí todo Polifemo: es horrible. Góngora, en Polifemo, se especializa en la fealdad vistosa. Le gustan palabras como corcho, escamas, chupar, vomitar, nácar y perlas. Le gusta un sistema de balanzas con platillos que se estabilizan, bajan o suben: si dice que algo es noble, otro es humilde, esto blanco, esto negro, todo articulado por palabras como aunque, no tanto, sin embargo, no menos. Esto es un error: como la literatura es una máquina, debe ser clandestina, un poco misteriosa. El de Góngora es un mundo de mecanismos verbales. No imagina lo que dice y es esencialmente grosero: escribir que el agua del Nilo vomita riquezas es una grosería y una estupidez. ¿Cómo no advierte que ese verbo no le conviene? Quería usar palabras latinas, y eso le bastaba. La idea que tenía del ingenio era bastante rara. Cualquier oposición, negro-blanco, muerte-vida, lo atraía y le parecía ingeniosa. Dámaso Alonso ha prosificado Las soledades, es decir, ha quebrado los hipérbata y ha restituido la sintaxis sin advertir que dejaba en descubierto la pobreza mental de Góngora.


Referencias: