Los intelectuales mexicanos que tuvieron las historias más trágicas del arte

lunes, 15 de mayo de 2017 7:43

|Caro Arriaga




Existen muchas caras de la Ciudad de México, y una de ellas fue cuando diversos artistas mexicanos dedicaron sus noches al vino y a embriagarse del ambiente poético que emanaba la ciudad, para construir sus obras eternas que edificarían su torre de Babel. Las calles de esta ciudad evocan mucho la melancolía por el pasado, como las húmedas calles empedradas del Centro Histórico, las de abolengo en la colonia San Ángel o los paseos de Churubusco. 

Es precisamente la tristeza profunda la que embargó a algunos de los intelectuales que desfilaron por la capital. Una tristeza casi enfermiza que los llevó a saltar por la cañada de la muerte y a otros más los sumergió en una lenta y sutil agonía.

Por ello, te compartimos la historia de algunos personajes que escenificaron las historias más trágicas en esta urbe convertida hoy en caos:


Manuel Acuña: el nocturno taciturno

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Es probable que el "mal de amores" sólo se trate de inseguridad y profunda depresión que acorrala a quien la padece, al grado de buscar cualquier motivo para decidir terminar con su vida. Este es el caso del autor de 'Nocturno a Rosario', Manuel Acuña; un estudiante de medicina proveniente de Saltillo que se codeó con los poetas más brillantes de aquellos años: Riva Palacio, Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez “el Nigromante”, Manuel M. Flores, entre otros.

“A veces pienso en darte mi eterna despedida…” comienza la quinta estrofa de su poema más famoso y más recitado en la historia de este país. Acuña fue llorado por adeptos a su retórica y a sus versos oscuros que anunciaban la muerte. Hasta el día de hoy se mantiene como uno de los últimos y principales exponentes del romanticismo mexicano.

'Nocturno a Rosario' (fragmento)

"Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más".


2. Antonieta Rivas Mercado: mecenas

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Uno de los destinos obligados de visitar en la CDMX es el Ángel de la Independencia, ya que es referente de la vitalidad de la ciudad. Una escultura que Porfirio Díaz mandó forjar con uno de sus amigos artistas, el arquitecto Antonio Rivas Mercado, con el motivo de conmemorar el centenario de la Independencia de la República. Rivas tuvo dos hijas: Alicia y Antonieta, esta última de carácter melancólico y silueta silenciosa.

Una mujer liberal y culta, con una vida resuelta debido a la riqueza que poseía su padre, uno de los hombres que pertenecieron a la élite del porfiriato. En esa época conoció al que se lanzaría como candidato a la presidencia: el ilustre José Vasconcelos, quien fue apoyado económica y personalmente por Antonieta. La relación tomó otro cauce luego del gran fraude electoral del que fue víctima el autor de 'Raza cósmica', y viajó a Europa para reencontrase con Antonieta. Una noche antes de su suicidio, ella le preguntó si realmente la necesitaba, a lo que Vasconcelos respondió con desenfado: “Ningún alma necesita a otra, ningún hombre de una mujer, sólo necesitamos de Dios…”, una respuesta que no esperaba y la llevó a decidir quitarse la vida. 

Con la importante fortuna con la que contó, Antonieta no sólo patrocinó la campaña política del intelectual, también fundó el Teatro Ulises y formó el patronato para la Orquesta Sinfónica de México; se convirtió en mecenas de figuras como Andrés Henestrosa, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen y Roberto Montenegro. 


3. Carmen Mondragón: aquellos ojos verdes

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Carmen fue una de las mujeres más bellas de México, pero también fue pasional, creativa, sensible, transgresora y liberal para su época. Nunca tuvo tapujos para hablar de su siempre viva llama del erotismo. Su legado artístico consistió en pinturas estilo näif, así como poemas y epístolas rescatadas por grandes literatos y críticos de la época, como Elena Poniatowska y Carlos Monsivais. Su obra la firmaba como Nahui Ollin, un seudónimo con el cual aún se le identifica. 

Experimentó una tórrida aventura con Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, quien a pesar de casi doblarle la edad conquistó a Nahui Ollin por su interesante figura de intelectual. Aquellos grandes ojos de aceituna brillaron en las noches bohemias citadinas de México, en las veladas con personajes tan emblemáticos como Dolores del Río, Frida Kahlo, Tina Modotti, David Alfaro Siqueiros y entre tantos intelectuales más.


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Para 1934 y después de la muerte del último de sus amantes, Carmen jamás se recuperó y murió a los 85 años rodeada de decenas de gatos y en situación de pobreza extrema.


4. Guadalupe Amor: la eterna enamorada

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Elogiada por literatos de la talla de Albert Camus, Jean Paul Sartre, Alfonso Reyes y Pablo Neruda. Nunca pasaba desapercibida en ningún sitio, ya sea por su belleza o por su fluidez poética. Probó en el cine y teatro sin tener éxito hasta que lo anterior se tornó en antesala para ejercer su verdadera vocación: las letras. Pita no hablaba de temas insulsos, prefería ahondar en la existencia, lo impredecible de la muerte y la ambigüedad de la figura llamada “Dios”.

La vida de esta leyenda fue trágica; después de la muerte de su hijo jamás volvió a ser la misma. Algunos dicen que deambulaba por las calles de la ciudad mientras recitaba poemas con su voz aún impetuosa y haciendo gala de una personalidad arrolladora. 


5. Luis González de Alba: en pie de lucha

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Uno de los escritores, pensadores y activistas más importantes del S. XX en México fue Luis González de Alba. Mostró su liderazgo durante el movimiento estudiantil de 1968 y su lucha en pro de la diversidad sexual se convirtió en su sello personal. A pesar de que fue uno de los sobrevivientes y un ícono, alguna vez declaró que "el 2 de octubre no define al movimiento del 68". Fue detenido junto con muchos estudiantes más y remitido al temido Palacio de Lecumberri, en el que sufrió tortura y maltrato, una agonía que duró un par de años. Luego de ser liberado, se dedicó a la crítica, las letras y el activismo social. 

Se quitó la vida un 2 de octubre, como un último acto de libertad para cerrar el ciclo; el mismo día en el que no sólo presenció el derramamiento de sangre en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, sino la coartación de la libertad, el pensamiento y las ideologías.


intelectuales mexicanos


Todos estos intelectuales transitaron por las calles de la Ciudad de México y dejaron huellas eternas, marcas imposibles de borrar, nostalgia que plaga como humedad cada grieta de las casas viejas, aquellas que guardan secretos y silencios, pasiones y palabras, letras y embriaguez.
 



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REFERENCIAS:
Caro Arriaga

Caro Arriaga


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