Jane Austen, la "it-girl" de la literatura que desafió a un mundo dominado por hombres

Martes, 18 de julio de 2017 17:15

|Diego Cera



Tenemos una visión errada sobre la literatura escrita por mujeres. Pensamos en ella como un conjunto de textos que hablan siempre de problemas domésticos y dramas amorosos como si sólo los hombres hubiesen sido capaces de superar, al menos literariamente hablando, la época victoriana. Lo único cierto es que dicha imagen no fue creada por ninguna escritora; todas ellas, desde su modo de asumir la realidad, se han encargado de retratar los problemas a los que se enfrentan diariamente e incluso convierten sus libros en imponentes denuncias dignas de ser leídas y analizadas a fondo.


 

Entonces ¿por qué seguimos hablando de literatura rosa o, peor aún, de literatura para señoritas? Existen sólo dos razones para contestar esta pregunta: los prejuicios y la pereza. Quedarnos con esa idea del siglo XVI de que las mujeres no escriben sobre algo que vaya más allá de sus pensamientos diarios es algo que nos ha privado de verdaderas joyas literarias que se quedan en el underground, mientras la élite literaria —formada en su mayoría por hombres— se empeña en asegurar que hace años que una mujer no ha escrito nada bueno.


 

En un segundo punto, esa evidente pereza que surge a partir de una etiqueta tan absurda como “novela rosa”, nos ha privado de leer a fondo novelas como las de Jane Austen, relegándolas precisamente a libros que sólo las mujeres pueden entender, aunque si en realidad estuviesen reducidas a un punto tan vago, ésas no seguirían ganando tantos adeptos —quienes cariñosamente se han autoproclamado "janeites"— alrededor del mundo.


 

A partir de la conmemoración del bicentenario de su aniversario luctuoso, en diferentes medios han parecido notas que intentan reivindicar su labor literaria, apartándola del prejuicio para llegar a un análisis formal e interpretativo en el que nos damos cuenta de la verdadera riqueza de sus obras y, más importante aún, la presentan frente a nosotros como una verdadera maestra de la liberación social —pues sus obras lo mismo hablan de liberación femenina que de esclavitud, abusos sexuales e incluso algunos asuntos científicos.


 

Mientras otros escritores varones como Thomas Paine eran perseguidos por escribir sobre los mismos tópicos que Austen, los textos de esta autora pasaban sin pena ni gloria por los filtros que el régimen impuso, sobre todo en momentos en los que Gran Bretaña se encontraba en situación de guerra. Antes de que alguien se atreva a pensar siquiera en una debilidad ideológica o una cuestión de género, esta especie de vulnerabilidad se debe, principalmente, a la habilidad que presentaba esta escritora para disfrazar sus ideales dándole a su literatura ciertos privilegios de los que sólo disfrutaba aquélla producida por hombres.


 

Al tratarse de bildungsroman o novelas de aprendizaje, las convicciones ideológicas de los personajes en novelas como “Emma” u “Orgullo y prejuicio” van apareciendo tan gradualmente que los lectores apenas sienten que están leyendo un discurso tan fuerte en torno a alguna problemática social o económica de ese tiempo. Ni siquiera los propios janeites se percatan de ello, al contrario, gastan su tiempo haciendo fiestas con “temática austeniana” o creando finales alternativos y hasta secuelas de las novelas de su heroína, en lugar de poner ese esfuerzo en la reivindicación literaria de Austen.


 

Sin embargo, la conmemoración de su aniversario luctuoso y los textos que han acompañado a esta fecha nos dan un panorama esperanzador: por fin nos estamos deshaciendo de las absurdas etiquetas de hace cuatro siglos, lo que multiplica las opciones de abordar la obra de Jane Austen no desde un punto que se queda en lo anecdótico, sino desde un enfoque en el que es posible ir más allá de lo que se puede leer en un primer momento hasta llegar a un discurso idealista y de convicciones fuertes, mismas que le otorgan a esta escritora una posición aún más alta en la historia de la literatura




Diego Cera

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