Juan Manuel Hernández, "artista mundialmente desconocido"

Juan Manuel Hernández, "artista mundialmente desconocido"

Por: Adrián Chávez -

Un paisaje en minutos 

Está pintando con los dedos un cielo lila como el algodón de azúcar que venden en el puesto de al lado. Sentado en su banco de plástico y apoyado en una tabla, afuera del bosque de Chapultepec a la altura del Museo de Antropología, acomete un paisaje en menos tiempo del que dura el semáforo en rojo sobre el Paseo de la Reforma. Óleo sobre madera, me explica con una sonrisa.

Don Juan Manuel Hernández se formó en la Escuela Superior de Dibujo y Pintura, a la que le perdió la pista después del temblor de 1985. Todas las mañanas desde hace treinta años (con excepción del lunes que el bosque cierra), tras dos horas de camino desde su casa en Chimalhuacán, se instala en las rejas de Chapultepec a ofrecer sus cuadros. Pinta retratos por encargo, pero dice que ya casi nadie está dispuesto a pagarlos –yo quería uno, pero desgraciadamente no traía los quince mil en efectivo–. En cambio, sus paisajitos se venden por un precio que apenas rebasa el costo del marco y que por tanto embona mejor con mis finanzas. 

pintor bosque de Chapultepec

Aquí no se puede hacer playback

 Con movimientos de prestidigitador dibuja las montañas y una cascada albiazul a la que se asoma un crepúsculo color melón.

Cierta vez, un hombre trajeado se acercó a su puesto con su hijo de tres años; le mostró los cuadros y dijo: “velos bien: cuando lleguemos a la casa quiero que me hagas uno igual”. En otra ocasión, al pasar frente al improvisado estudio en la banqueta, una mujer le advirtió a su vástago: “así vas a terminar si no estudias”.

Pero don Juan Manuel no se agüita. “Éste es un don que se trabaja con los años –me dice–, un arte”.

Y vaya que lo trabaja: llega a las once de la mañana y se va a las cinco de la tarde; dedica el día a pintar y renovarse, cada cuadro es distinto. Compara su trabajo con la música; “la diferencia es que aquí no se puede hacer playback”. Quizá por eso se cuenta entre los pocos artistas quienes pueden vivir de su arte. No hace otra cosa para subsistir.

Y como al buen artista, la pintura le ha traído a don Juan Manuel amores y tropiezos. “Ésta es la culpable de todo”, asegura burlón, apuntando el dedo a la paleta de colores, que por falta de un alma no se puede defender. Gracias a su oficio conoció y se enamoró de una mujer policía, la que finalmente lo abandonó cuando lo desalojaron del interior del bosque y la venta flaqueó.

Actualmente no tiene permiso comercial, pero la delegación ya no lo molesta porque a los funcionarios les gusta su pintura. Cuenta orgulloso que el encargado de las exposiciones fotográficas en las rejas de Chapultepec, cuyo nombre desconoce él, y yo también, ha dado la orden de que se respete su lugar y no se pongan fotografías donde él tiene su changarro.

pintor de Chapultepec


Mundialmente desconocido

Es hora de usar los pinceles: unas aves, los detalles del follaje, algunas sombras. Mientras retoca la desembocadura de la cascada me explica que su mayor ingreso se lo debe al turismo. Relata la ocasión en que un australiano que volvía a México veinte años después de su primera visita reconoció su firma. Yo tengo un cuadro suyo.

Hacemos cuentas del número de paisajes miniatura que ha pintado y vendido principalmente a extranjeros de todas nacionalidades a lo largo de treinta años y concluye que tiene al menos un milloncito de sus cuadros espolvoreados por el mundo. Ya quisieran otros, se me sale. “Soy mundialmente desconocido”, me dice por toda respuesta.

Elijo los cuadros que me voy a llevar, y aún se da el lujo de hacerme un descuento que me veo obligado a aceptar  –entre otras cosas porque yo todavía pertenezco al sector de quienes no viven de su arte–.

A don Juan Manuel Hernández le gusta su trabajo no por pretencioso sino por genuino; y por eso disfruta pensar que casi lo regala. Así, con su camiseta gris y el atisbo del futuro cabello glaseado, la sonrisa afable y lo ascético de sus dominios sobre la banqueta, pasa inadvertido frente a los paseantes de Reforma: no imaginan que en su casa, a lo mejor, como en miles de hogares, hay un cuadro con su firma.

Referencias: