El hombre que espió el Halconazo y la masacre entre las cortinas de su casa

Viernes, 2 de noviembre de 2018 11:24

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relato de hector de mauleon sobre el halconazo

El destino da muchas vueltas y a veces no sabes lo que significan, como en este relato de Héctor de Mauleón sobre el Halconazo y la tarde que pasó espiando la masacre entre las cortinas de su casa.

Texto escrito por: Héctor de Mauleón


Mi inauguración ante las instituciones del país ocurrió el 10 de junio de 1971, un jueves de Corpus sangriento. Acababa de cumplir ocho años de edad. Vivíamos en la calle Amado Nervo, a unos metros de la Escuela Normal de Maestros. Cuando sonaron los primeros tiros, mi abuela metió a los niños bajo la cama y se hincó a rezar. La oí decir: “Pobres muchachos” y “¡Sálvalos, Dios mío!”.


relato de hector de mauleon sobre el halconazo 1


Estábamos solos en la casa. Mi hermana recuerda que antes de que todo comenzara escuchó un grito cuya mención me sigue poniendo la carne de gallina: “¡Halcooones!”. Ahora creo que se trata de una falsa memoria, porque aquel “¡Halcooones!” no pudo sonar en Amado Nervo, sino más allá, en la México-Tacuba: el sitio donde quinientos hombres de cabello corto, armados con pistolas, fusiles y varejones chang saltaron de una hilera de camiones grises y se arrojaron sobre los estudiantes que aquella tarde marchaban en apoyo de una huelga iniciada en la Universidad Autónoma de Nuevo León.


Recuerdo el tronar de las armas de fuego, recuerdo que la calle se llenó de gritos, recuerdo que salí de mi escondite y corrí la cortina, y espié por la ventana: los estudiantes intentaban escalar las rejas cerradas de la Escuela Normal. Los halcones los golpeaban, les disparaban por la espalda. Vi caer varios cuerpos.


Mis tíos, estudiantes entonces, fueron llegando entre la balacera con caras por las que no corría una gota de color. Uno de ellos escondió a dos muchachos en un tinaco vacío de la azotea. Mi abuela enloqueció: “¡Vas a matarnos a todos!”, y le ordenó echarlos. Él tuvo que despedirlos en la puerta y les pidió perdón. Recuerdo sus caras. No he olvidado sus caras.


relato de hector de mauleon sobre el halconazo 2


A la hora del crepúsculo, los tiros se fueron apagando y por fin cesaron. Regresé a la ventana: en la calle había zapatos, muchos zapatos, y hojas de papel regadas por doquier. Los granaderos hacía formación en las esquinas. Barredoras del GDF aseaban el pavimento. Mi madre fue la última en llegar. Creíamos que no volvería.


Eran los días del PRI en todo su esplendor. El regente Alfonso Martínez Domínguez declaró que “los halcones” no existían: “Son una leyenda”, dijo. El procurador Julio Sánchez Vargas practicó una investigación que demostró que los manifestantes ¡se habían atacado ellos mismos! El jefe de la policía, Rogelio Flores Curiel, apoyó esa versión: se había tratado de una gresca entre estudiantes. La policía no había intervenido, “porque tenía instrucciones de mantenerse a la expectativa”.


Cinco días más tarde, cientos de miles de priistas fueron acarreados al Zócalo para darle “calor popular” al presidente Echeverría. En un discurso vibrante, Echeverría acuñó el término “emisarios del pasado” para aludir a quienes desorientaban a la juventud y querían cancelar la esperanza nacional —que, por supuesto, encarnaban él y los suyos.


relato de hector de mauleon sobre el halconazo 3


Un lustro más tarde, el exjefe de policía Flores Curiel tomó posesión como gobernador de Nayarit. Seis años después, el exprocurador Sánchez Vargas fue nombrado ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. A los ocho años del “Halconazo”, el exregente Martínez Domínguez protestó como gobernador de Nuevo León.


El PRI vivía su esplendor, pero yo, durante mucho tiempo, no pude dormir. En cuanto cerraba los ojos, escuchaba aquellos gritos, volvía a ver aquellos cuerpos.


Termino con un cuento extraño: treinta años después del “Halconazo” de 1971, hice un reportaje sobre la matanza. El exlíder estudiantil Raúl Álvarez Garín había recopilado cientos de fotos sobre el Jueves de Corpus y acababa de ordenarlas cronológicamente. Nos las mostró una tarde, en sus oficinas de la colonia Roma, a David Aponte y a mí. Yo acababa de cumplir treinta y ocho años. Frente a mis ojos desfilaron las calles de mi infancia: la cafetería El Cadete, la papelería Atenas, el café existencialista conocido como El Uno. Vi casas que ya no estaban. Modelos de autos que había olvidado. Rótulos, letreros, anuncios publicitarios.


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La secuencia fotográfica que Álvarez Garín nos mostraba inició en el Casco de Santo Tomás, avanzó a lo largo de varias calles y llegó por fin a la calle Amado Nervo. Apareció mi casa y comencé a temblar. En las ventanas de arriba se veía un pequeño bulto: la cabeza de un niño que espiaba entre las cortinas.


En ese justo instante el reloj de mi vida acabó de dar una vuelta.

Supe que algo se estaba cumpliendo. Pero no sé lo que significa.

No sé lo que significa.


Si quieres saber más historias de la Ciudad de México que seguramente no conocías, las encuentras en La ciudad oculta vol. 2, un libro de Héctor de Mauleón, editado por Planeta. En este primer tomo se narran 500 años de historia desconocidas acompañadas por fotografías de las época para revelar personajes y secretos de la imponente Ciudad de México. Entre sus páginas podrás encontrar historias como: La vuelta de los volcanes, Bocas de púrpura encendida, Breve historia de Tepito; Gentes profanas en el convento y La última cabalgata del centauro.


Si te gusta la historia pero no soportas los textos aburridos, La ciudad oculta vol. 2 se convertirá en uno de tus libros favoritos.


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