La besa apasionadamente, como si tuviera demasiado tiempo esperando a alguien como ella

La besa apasionadamente, como si tuviera demasiado tiempo esperando a alguien como ella

Por: Cultura Colectiva -


A continuación un relato de la joven autora Miranda Villalobos, quien describe un encuentro furtivo con un ritmo trepidante y misterioso.


La besa apasionadamente, como si tuviera demasiado tiempo esperando a alguien como ella 1


10 minutos de coincidencia, 10 minutos de decisiones


Y ahora no hay momento en que la chica no piense en ese día, con esperanza de verla de nuevo y en lo que pudo haber pasado, si la buscaba o si entraba al café con su novio…

Ella recordó aquel día, que estaba haciendo fila en el café, absorta en sus pensamientos, cuando una chica se acercó, sonriente y amable, exclamándole: “Hola, ¿me das permiso?, la mesa al lado tuyo está vacía y quisiera sentarme allí”. Ella sólo se hizo a un lado sin decir nada, mirándola a los ojos, extrañada de la chica por haber dado toda esa explicación, pensando ¿por qué simplemente no dijo “¿me das permiso, por favor”, como cualquier persona lo hubiera hecho? Mientras el barista, tras su cuarto intentó de tomar su orden, reaccionó e impaciente ordenó un espresso italiano.


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Recordaba que en cuanto recibió su espresso, dio la vuelta, se dirigió a la mesa y sin freno de manos lanzó un “¿por qué al pedirme permiso para pasar me diste la explicación más mundana posible, cuando sólo pudiste haber pedido permiso como cualquier persona lo hubiera hecho?”. La chica, conflictuada y extrañada, responde: “No sé, creo que, tal vez, o, pues… Siempre me pasa, les doy explicaciones a las cosas más pequeñas y sencillas para hacerlas sentir grandes e importantes porque se lo merecen. Pero ¿por qué vienes y me preguntas eso? ¿Acaso te pareció grosero o ibas a sentarte en esta mesa? Yo no recuerdo haber escuchado una palabra, sólo te hiciste a un lado”. Ella, con una sonrisa cínica y fascinada responde a las preguntas de la chica: "Ninguna de las dos, pero ahora sí me quiero sentar en esta mesa y lo haré". Nerviosa y asustada, la chica responde: "Estoy esperando a mi novio, el cual no tarda en llegar, por favor ¿podrías buscar otra mesa?". Entre cinismo, narcisismo y afán de conquistarla, ella le respondió: "¿Tu novio inventado para que puedas ahuyentarme o tu novio existente, con el que llevas dos o tres años y con el que probablemente no tengas nada en común y que lo único en común que tienen es una relación que se ha vuelto rutinaria y aburrida, sin sentimientos de pareja, más que el da la comodidad y el cariño de los años juntos? Y tú, siendo una mujer joven y guapa, llena de sueños y hambre por conocer el mundo, seguro quisieras poder platicar con tu novio, sobre The Catcher In The Rye, que es el libro que tienes en la mesa, y decirle que Holden Cauldfield es la representación filosófica del cinismo, de la aventura, de experimentar la vida y de causarte curiosidad por conocer todo lo desconocido que te rodea y que tristemente no puedas, porque a tu novio no le interesa y que mucho menos comprendería esas cosas, un clásico cliché".


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El celular de la chica empezó a sonar. Su novio le decía: “Amor, estoy dando vueltas, no encuentro estacionamiento, podría tardar”. La chica cuelga, enojada sin poder decir una sola palabra de su boca, desconcertada y anonadada, pues lo que ella le dijo, era verdad. De pronto la chica se fugó al baño. Ella la siguió y le preguntó: “¿Estás bien?”. La chica respondió: “La verdad es que no, no sé por qué te acercaste a mí a decirme todas esas cosas, sin conocerme en lo absoluto, ni siquiera sé tu nombre, ni tú el mío y crees que me conoces y cómo es mi vida. Eso es muy retorcido, podrías estar loca, querer secuestrarme o invitarme a un trío”. Ella responde riendo: “¿Es de verdad que seas tan inocente? Se te hace retorcido que me acerque a ti como nunca nadie se ha acercado a ti. Pues a mí no y, ¿sabes?, no me importa”. Ella se acercó a la chica y la besó intensamente. La chica empieza a dar vueltas en el pequeño espacio del baño y le dice: “Tengo novio, yo no le puedo hacer esto”. Ella contesta: “No es infidelidad si no hay enamoramiento, y tú no estás enamorada de mí, acabas de conocerme hace diez minutos, así que no es una infidelidad y de cualquier forma no amas a tu novio”. La chica, sorprendida por ese comentario, que sin duda la hizo reflexionar, no dice nada y se acerca a ella con deseo y la besa apasionadamente, como si tuviera demasiado tiempo esperando a alguien como ella, besándola como si se hubieran conocido en otra vida. Alguien entra al baño y se separan, salen y regresan a la mesa. Ella recuerda haber agarrado su espresso y salir del café. La chica la sigue y le dice: "¿A dónde vas? No te puedes ir sin decirme tu nombre, por qué te acercaste de esa manera y cómo sabías todas esas cosas de mí”. Ella le contesta: “No necesitas saber mi nombre, necesitas saber lo que quieres. Te vi y me fascinaste, no podía quedarme con las ganas. No quiero enamorarte y tampoco quiero enamorarme de ti. Sólo fue eso, diez minutos de coincidencia que podrían ser mil”.

La chica le preguntó: “¿Volveré a verte algún día?". Y de repente su novio la sorprendió por la espalda, haciendo que la chica la perdiera de vista a ella.

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Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a Jacopo De Michelis.

Puedes apreciar más de su trabajo fotográfico aquí.

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Referencias: