La calle, su amor

La calle, su amor

Por: Daniela C -

Por qué vivir en la calle es más divertido

vida en la calle

Toño es el ‘El Lobo’, tiene 26 años y trabaja en la calle desde que tiene siete.

Daniel, conocido como ‘Dani’, tiene 17 años y lleva tres en las calles.

Miguel ‘Chuki’ tiene 24 años y, según él, es virgen.

Los tres trabajan en las calles limpiando coches y ganan en promedio 250-300 pesos al día.

Óscar, quien me acompañó, le chifló a Miguel, de quien no sabíamos ni su nombre, a lo que nos respondió “¿contra quién nos vamos?”, después de la explicación del punto de la entrevista aceptó platicar conmigo; se cambió de playera –naranja y sucia con olor a sudor— por una del Barça y se sentó encima de una moto de Dominos Pizza para presentarse como Miguel, mejor conocido como Chuki. Antes de la entrevista, y mientras hacía las pruebas de audio y video, Miguel dijo: “estamos en la Avenida San José Insurgentes entrevistando a Brad Pitt”, y rió de su broma.

De un momento a otro de ser tres los jóvenes quienes habían accedido a la entrevista (en gran parte convencidos por Miguel, quien me dio la impresión de ser el líder), y los únicos a la vista, nos rodearon más de cinco que hacían bromas: “dile que no sabes ni quién es tu papá”, se burlaron.

Miguel abandonó la escuela después del primer año de secundaria, dijo que dejó de estudiar por un amor y rió inmediatamente porque no era cierto, “ya no quise, mis papás ya no tenían los recursos y a parte yo ya no tenía muchas ganas”. Trabajó de obrero, de albañil o vendía, el chiste, dice él, es que saliera. Ahora limpia coches en los semáforos. Miguel gana, en promedio, 250-300 pesos al día, igual que todos los demás, y trabaja desde las 12 hasta las ocho de la noche y después se va a vender tacos a “iztapalapita, la bella”.

Daniel no paró de reír en toda la entrevista, estaba nervioso y un poco molesto porque Miguel lo forzó a contestarme. La respuesta que me dio cuando le pregunté por qué la vida de la calle era tan divertida, fue: “me late la mala vida, está más chido. Me dan dinero y drogas”. “A la fama o qué”, gritaron sus amigos.

Toño, el último con el que platiqué, a diferencia de Daniel se mantuvo serio y reía de vez en cuando, tiene 26 años. “Desde los siete años estoy aquí, pero estudiaba, venía un rato y después me iba a estudiar”. Dijo que la vida de la calle es tan mala como buena, “pasan muchas cosas, ya ves que luego te metes en las drogas o cualquier cosa, o te empiezan a poner apodos y te pones al pedo y te empiezas a pelear”, dijo Toño. La parte divertida de la vida en la calle es que la pasa con la banda, como sin nada, dijo. Mencionó las drogas, al contario de Daniel, como el aspecto negativo de la calle: “luego andas alucinando en tu avión, pero ahora ya más relax”, concluyó Toño o ‘El lobo’, como lo conocen.

 Uno más se acercó cuando estábamos por terminar el cotorreo, sus ojos estaban rojos y sus compañeros le hicieron burla “grábalo para que vean qué drogado viene”. Sí lo estaba. Eran las tres de la tarde cuando acabé de platicar con ellos y su cuota del día estaba cerca de los 200 pesos.

—¿Les puedo tomar una foto?

—No, ya dije cosas que no quería, ya no. Dijo Daniel.

 

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