La Chingada de Octavio Paz
Letras

La Chingada de Octavio Paz

Avatar of Serner Mexica

Por: Serner Mexica

6 de junio, 2016

Letras La Chingada de Octavio Paz
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Por: Serner Mexica

6 de junio, 2016




A Roberto Bolaño

 

Estoy en el panteón, frente a la lápida de mármol negro de mi maestro y mentor. Hoy es su cumpleaños y por ello vengo acompañado.

Conocí a Tannen un viernes por la tarde, llovía y la neblina se metía hasta la biblioteca central, donde quedábamos de vernos los del taller de poesía. Las sesiones tenían dos tiempos, el primero sobrios y el segundo pedos. Algunos se iban al medio tiempo, entonces aparecían los mejores textos. Tannen era el último que leía siempre; se quitó los lentes oscuros y sus palabras hicieron temblar el continente poético de todos los presentes. Primero un silencio, luego murmullos en ascenso y finalmente júbilo. Tannen agradeció y discretamente se retiró, a nadie le extrañó, al parecer su rutina. Decidí seguirlo. Aún briznaba cuando una atractiva motociclista lo recogió en el estacionamiento de la Facultad de Arquitectura. Cabello rubio saliendo del casco, estéticos pechos y prominente trasero forrado de cuero negro. Se alejaron, ella conduciendo y aquél vampiro abrazándola.

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Toda la semana me la pasé escribiendo un poema que quería que escuchara, incluso lo integré al engargolado de mis mejores escritos; pero no asistió a la siguiente sesión. El taller nunca estuvo tan solo, no obstante, en mi retirada descubro anuncios en todas las paredes de Ciudad Universitaria. El estreno de una obra de teatro:

La Chingada de Octavio Paz

Escrita y dirigida por W.S. Tannenbaum


Auditorio Alfonso Caso, viernes,20 horas. Miro mi reloj y no funciona, pregunto a un compa y faltan cinco minutos. Emprendo la carrera y atravieso las islas esquivando las piedras hundidas entre la hierba mojada. Hoyos tramposos, el agua en mi cara y una lluvia de locos, peinándome, peinando mi mente,  clarificando mi entorno. Llego derrapándome cuando dan tercera llamada y busco un lugar alejado de todos; imposible, está lleno. Oscuridad, iluminación paulatina. Entra un indígena y se pone a filosofar sobre el ser, luego sobre su existencia y naturaleza; y mientras la reflexión sucede aparecen, poco a poco, las preguntas sobre su identidad, esencia o forma aristotélica. Destruye con artillería filosófica los argumentos de varios intelectuales sobre el concepto de mexicano fundamentado únicamente en su ansia de generalidad, y se transforma en un gigante de Tula para criticar "El laberinto de la soledad". Cuestiona sobre la naturaleza misma del ensayo. ¿Es poesía? ¿Ciencia social? ¿Psicología? ¡Es un chiste gramatical! Toda la obra es una mescolanza inconsciente y errática de juegos de lenguaje. Absurdos en las afirmaciones, reflexiones y consecuentes conclusiones. Un relámpago ilumina la escena y el trueno cimbra el lugar. Un guerrero prehispánico nos cuenta la historia de la humanidad en América hasta situarse en el Imperio Azteca. Se desdobla y el escenario se parte en el dualismo cósmico. Los dos mundos.

escenario

Dos actores, dos personajes, dos universos. El mundo hispánico y el mundo prehispánico, su verdad en versión radical. Para los primeros esto era un salvajismo perdido espiritualmente, un mundo atrasado y pecador y viceversa; tierra de nadie, tierra perdida de almas sin su presencia. Para los segundos esto era una utopía mística y el verdadero salvajismo vino de España. La primer crítica. El extremismo cósmico. Salen. Entra una mujer que desafía el capítulo cuarto a través de preguntas. ¿Hay palabras prohibidas? ¿En qué sentido? ¿Secretas, sin contenido claro, de mágica ambigüedad? ¿Sólo las proferimos cuando no somos dueños de nosotros mismos? ¿Palabras que no dicen nada y que dicen todo? ¿Palabras malas? ¿La poesía al alcance de todos? ¡Viva México, hijos de la chingada! ¿Un verdadero grito de guerra? ¿Cargado de electricidad particular, reto y afirmación de nuestra patria? ¿Disparo contra un enemigo imaginario? ¿Una explosión en el aire? ¿Un grito frente, contra y a pesar de los demás? ¿Y quiénes son los demás? En su respuesta se gesta una inesperada paradoja. Los hijos de la chingada son los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales; los otros. ¿Y quiénes son los otros? Aquellos que no son lo que nosotros somos. ¿Y qué somos nosotros? Evidentemente no los hijos de la chingada, sin embargo, Paz busca en la pregunta por los otros la naturaleza de nosotros. ¿Quién es La Chingada? La madre de los mexicanos. ¿No que era la madre de los otros? Afirma que no es una mujer de carne y hueso, sino una figura mítica; también una de las representaciones mexicanas de la maternidad como La Llorona y la sufrida madre del diez de mayo. ¿También figuras míticas? Tal vez La Llorona, pero la madre sufrida sí es de carne y hueso. La Chingada, continúa, es la madre que ha sufrido metafórica (como La Llorona) o real (como la de carne y hueso). ¿Quién es, entonces, La Chingada? ¿La madre mítica de los otros o de nosotros?

aztecas

El apoteótico final de la obra en tres partes. Primero, la tesis de La Chingada es una interpretación melodramática (la madre violada) que nos justifica de todo en el papel de víctimas y se erige la culpa de los otros como la causa de todas nuestras desgracias. Segundo, nunca fue violada; los propios chontales, cempoaltecas y tlaxcaltecas (entre otros) fueron los que regalaron sus mujeres al enemigo triunfante. Si hubo violación, los caciques indígenas son cómplices. Tercero, su visión criolla inclina su balanza paternalista a favor de los mexicanos (las víctimas) pero su visión machista lo explica a través de la mujer violada (la chingada). ¿Y quiénes son las víctimas? ¿Todos los pueblos en el paso de Cortés o sólo el imperio de Moctezuma? No pueden ser ambos. ¿O sí? Telón. Un gran silencio. Gritos a favor y en contra, aplausos chocando con chiflidos y mentadas, los hijos de ambos mundos finalmente desnudos.

De lo que no se puede hablar hay que callar, dice Wittgenstein en su Tractatus(i), creo firmemente en ello después de haber experimentado dicha puesta en escena. Esperé a que saliera Tannen y le regalé el engargolado, lo hojeó y sonrió; pidió que se lo leyera en lo que caminábamos al coche con toda su comitiva. Amigos, novias, fans y seguidores. Al llegar a una camioneta pick-up se despidió y apenas le había leído una poema que, por cierto, me pareció horrible en voz alta. No se impresionó. Quise leer otro pero ya tenía que irse, entonces le pedí acompañarlo hasta donde pudiera con tal de compartirle los restantes. Me miró, miró mis ojos de necesidad literaria y, afortunadamente, aceptó. Me tuve que ir en la caja mientras, por una pequeña ventana a la cabina, le leía los peores poemas del mundo. En el papel parecían bellos pero al leerlos eran horribles y se caían a pedazos. Llegamos a una edificio en la colonia Del Valle y percibió mi frustración; me invitó, tratando de consolarme, a un taller de poesía los viernes en la biblioteca central. Sentí un hoyo en el pecho. No soy nadie. Ni siquiera se había percatado de mi existencia en el taller. Soy artísticamente invisible.

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Asentí sin aclarar nada y esperé a que toda su comitiva entrara al edificio. Me quedé solo unos segundos y aspiré muy hondo, cuando descubro a una chica embarazada descendiendo con dificultad de un taxi y cargando varias bolsas del mercado. Desperté de mi letargo y la ayudé, me agradeció apenada y la acompañé hasta la puerta de su departamento en el tercer piso. Noté un moretón en su ojo apenas oculto en el maquillaje; quise meter las bolsas a su casa pero se negó y casi me cierra la puerta en la cara. Pregunté su nombre. Daniela. En el departamento de enfrente había música y ruido de fiesta. ¿Tannen? Seguramente. Me fui caminando a casa más deprimido que nunca. Esa noche no pude dormir y pasé la madrugada escribiendo mis tragedias. Me quedé dormido sobre papeles tachados y rotos.

Al despertar decidí buscar a Tannen. Fui a su edificio y subí al tercer piso, parándome frente a la puerta de lo que creía era su depa cuando, justo antes de tocar, sobrevino un fuerte golpe proveniente del departamento de Daniela. Segundos después, ella abrió la puerta para huir y un gigantesco brazo la sujetó por la nuca arrojándola al piso de espaldas. Quise intervenir pero un tipo musculoso me detuvo en un grito. ¡Tú no te metas! Y cerró azotando la puerta. ¿Daniela? Pregunté y, a través de la puerta, el grito se repitió. ¿Qué hago? Ya no me dieron ganas de ver a Tannen. No quería nada pero tampoco quería ir a mi casa así que me senté en la fuente seca del parque Da Vinci. Suspiré hondo mirando a todos los paseantes y, mágicamente, vislumbré una vieja librería al otro lado de la calle, entré impulsado por no sé qué. Me topo de frente con un ejemplar de "El Laberinto de la soledad". Fui a mi casa y lo leí de una sentada, hice algunos apuntes y, después de una siesta, pude comprender la paradoja.

libreria

¿Qué significa chingar? Paz ofrece un análisis ingenuo del lenguaje; busca, en un número limitado de casos, un elemento o conjunto de elementos en común y poetiza sobre éstos desde la periferia del método platónico. Supone que hay algo en común a todos los diferentes usos del verbo chingar y descubre la agresión como su esencia. La prueba definitiva es sustituir ‘chingar’ por ‘agredir’ en todos los usos del lenguaje, si efectivamente la agresión es la esencia del chingar, entonces no cambiará el significado de la oración y, por tanto, su valor de verdad. Tres sencillos contraejemplos: ¿Me lo chingué = (Me) lo agredí? ¿Chingoncito = Agresivito? ¿Se lo llevó la chingada = Se lo llevó la agredida?

Chingar, según Paz, es una voz mágica, un verbo que denota violencia, “salir de sí mismo y penetrar por la fuerza a otro”(ii). También denota, continúa el poeta: herir, rasgar, violar (cuerpos, almas u objetos) y destruir. ¿Si algo se rompe, se chingó? ¿El que lo rompe es el chingón? ¿La idea de romper y de abrir reaparece en casi todas las expresiones? “Voz teñida de sexualidad”(iii) ¿El que chinga jamás lo hace con el consentimiento de la chingada? “En suma, chingar es hacer violencia sobre otro”(iv) Sin embargo, violencia exclusiva del macho: “verbo masculino, activo y cruel que pica, hiere, desgarra, mancha”(v). La mujer, la chingada, es la pasividad pura, lo abierto e inerme ante el exterior; lo opuesto al macho que es lo activo, agresivo y cerrado. “Chingón es el macho que abre”(vi)
La relación, sostiene Paz, es violenta y determinada por el poder cínico del macho (lo cerrado) y la impotencia de la chingada (lo abierto). Caracterización machista del chingar, y consecuente sumisión de la mujer a través de La Chingada que define como la madre de los otros; luego la bautiza como figura mítica y madre de los mexicanos (ya no los otros); y finalmente la erige como arquetipo femenino de la relación (agresión) sexual a través del verbo chingar. Suspiré, suspiré hondo; miré por la ventana de mi cuarto y las nubes cubrían lentamente el cielo. Había comprendido lo que no se puede hablar (sólo mostrar).

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No volví a ver a Tannen por el taller de poesía y mi entusiasmo se disolvió; llegaba tarde, me salía en el medio tiempo y finalmente dejé de asistir. ¿Para qué? Llegué a Insurgentes y aventé mi engargolado de poesías a una gran coladera. Lo mejor será quitarme sueños irrealizables de la cabeza. No tengo la chispa, no tengo el espíritu, no tengo los genes; no tengo el talento para escribir. Llegué a casa y rompí todos mis apuntes. Nunca voy a ser como él. Jamás podré lograr lo que él. Les prendo fuego y mi rostro se ilumina de rojo. Nunca podré ser un poeta como él. Jamás haré algo trascendental. Suena el teléfono. Es Tannen. Tiene fiesta en su depa y quiere platicar conmigo de poesía. Una línea de coca metafísica.

Llego feliz al edificio, aunque también nervioso; arribo y compruebo su puerta frente a la de Daniela. Me acerco un poco a ésta con la intención de saludarla. Decido no meterme en problemas y regreso a la puerta de la fiesta. Mucha gente bebiendo, bailando y platicando mientras la música rebota por todos los rincones. Me saluda Tannen: "Estás en tu casa, al rato platicamos". Como algo, bebo un poco y me pongo a platicar con algunos. Mucha gente de teatro. Me saca a bailar una muchacha y luego otra, y entre giro, brindis y giro, termino derribado en un sillón con muchas náuseas. ¿Estás bien? Asiento y cierro los ojos. No quiero que me muevan.

party

Despierto y la fiesta se ha terminado. No hay nadie en la sala y no encuentro mis zapatos. Siento un cruda horrible. Tropiezo con un aparato y se enciende la música en alto. Sale Tannen de una habitación, entero, como si no hubiese tomado. ¿Quieres una cerveza? Niego e intento no vomitar. Se sienta a mi lado prendiendo un toque que niego cuando me ofrece. "¿Te gustaron mis poemas?", le pregunto y niega; siento que el vómito se me va al cerebro. "No me gustan porque quieres escribir como otros; por momentos aparece tu voz, pero de inmediato te callas y vuelves a expresarte como otros. Eso es ser falso", aclara.
-No puedo escribir como tú, Tannen.
-Nuevamente escribir como otros; tu experiencia es única, tu punto de vista y perspectiva teórica del mundo es única. Sólo tienes que ser sincero, auténtico, y podrás tocar el alma del universo.

Golpes, gritos y cristalazos provenientes del departamento de enfrente. Tannen y yo acudimos llamando a la puerta, yo detrás de él. Nadie abre y comienzan los gritos de auxilio de Daniela. El llanto de un bebé; Tannen derriba la puerta y entramos. Daniela protege a su hijo mientras su pareja le pega en la espalda. Tannen toma por el cuello al gigante pero éste lo derriba fácilmente. ¡No te metas! Yo intento ayudar pero me da un puñetazo en la cara que me deja de rodillas. Tannen vuelve a enfrentarlo dándole tres golpes certeros y lo derriba; ayuda a Daniela a levantarse y carga al bebé, salimos. Estamos a punto de entrar al depa de Tannen cuando el gigante nos sorprende con un arma. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Tannen lo desarma, lo derriba y de un golpe en la quijada lo deja inconsciente, la sangre le escurre y yo estoy en el piso con una herida de bala en las costillas. El bebé llora y Daniela lo cubre arrinconada, pero ambos están bien. Auxilio a Tannen y tiene dos orificios de bala, uno en el cuello y otro en la cara. Me mira, sonríe y muere en mis brazos.

The Church Yard

Veo a Daniela los domingos, cuando lleva a su hijo al parque y puedo jugar con él en el cajón de arena. Platicamos poco y todo nos lo decimos con los ojos. El próximo domingo iremos al panteón. Es el cumpleaños de Tannen.   


**




(i)Wittgenstein, L., Tractatus Logico-Philosophicus, Alianza Universidad (Madrid) 1997; parágrafo 7, p. 183.

(2)Paz, O., El laberinto de la soledad, Fondo de Cultura Económica (México) 2004; p. 84.

(iii) ibídem p. 85

(iv) ídem.

(v) ídem.

(vi) ídem.


Referencias: