Un cuento para descubrir el verdadero rostro de ciertas personas

Martes, 25 de septiembre de 2018 16:16

|Elisenda Romano
cuento de ciencia ficcion

La conspiración de los libros, cuento de ciencia ficción de Elisenda Romano te atrapará entre el misterio y el suspenso con un ritmo preciso.


A continuación, te presentamos "La conspiración de los libros", cuento de ciencia ficción de Elisenda Romano que te atrapará entre el misterio y el suspenso con un ritmo preciso.



cuento de ciencia ficcion 1



LA CONSPIRACIÓN DE LOS LIBROS


Era mayo. La biblioteca estaba llena de gente. Apestaba a bebidas estimulantes, calor humano y pies. Emma hizo una mueca con los labios, se apretujó entre los cuerpos de dos estudiantes de ingeniería y posó sus libros sobre la mesa. El murmullo levantó las cabezas de las bibliotecarias dispuestas a escupir sus salivas sobre su dedo índice como si quisieran cargar una pistola silenciadora. Bajó la cabeza y abrió el libro por la página 56 que amanecía como un mar de letras en las que sólo estaba subrayado con violeta una frase: “no son de este mundo”.


La frase le hizo inclinar la cabeza hacia la derecha y apretar los ojos, escudriñado el sentido de la frase, pero tuvo que pasar la página para ver el contexto de la oración al no conseguir ubicarse. El título “la conquista de América” la hizo suspirar. Levantó la mirada y traspasó el cristal que separaba la biblioteca del campus. Aquel cristal era lo único que delimitaba el silencio del mundanal ruido. Sudaba. Habían decidido arreglar el aire acondicionado en la temporada de pre-verano. Pasó la página y volvió a leer la misma frase, pero un chasquido de lengua le hizo elevar la mirada. Su compañero de clase, Saulo, estaba ahí, delante de ella, bañado de sudor, con las gafas escurriéndose por su nariz y los ojos fijos sobre ella. Toda la mesa le miraba.


—Hola —musitó ella.


Él respondió sin tener miedo a las bibliotecarias. Se quedó delante de la chica que estudiaba frente a Emma, dándole con el cinturón en la cara. La muchacha, molesta, elevó la cabeza de sus apuntes y se retiró con la silla hacia la izquierda. La saliva de las bibliotecarias volvió a romper el silencio. Emma bajó la vista hacia el libro y continuó leyendo. Su compañero seguía ahí. La gente lo miraba de hito en hito hasta que la muchacha perturbada le tuvo que echar de su lado. Emma respiró tranquila y leyó el párrafo hasta que sintió el calor de su compañero y su intenso aroma a sudor dulzón en la mejilla. Giró la cabeza para verle con la misma expresión neutra de antes.


—¿Qué pasa?


Él dejó tres libros delante de ella con post-it saliendo de todas sus hojas como la lengua de un perro. Abrió el primer libro por la primera página y leyó: “no son de este mundo”. Ella se encogió de hombros, era el mismo libro que ella tenía, el libro de la asignatura de Edad Moderna, abierto por el tema 6, la Conquista de América.


—Nos observan —habló él.


Ella sintió un escalofrío mientras el estridente ruido de las bibliotecarias volvía a irrumpir en la sala.


—Sí —susurró ella—, las bibliotecarias nos observan, deja de hablar alto y sigue estudiando, falta poco para el examen y lo llevo fatal…


Sin mediar palabra, él tomó el segundo de los tres libros, lo abrió por las primeras páginas y le hizo caer en la cuenta de que llevaba escrito la misma frase en otro tema diverso.


—Saben que lo sabemos.


Emma se encogió de hombros, irritada.


—¿Y qué? ¿Qué me quieres decir?


Sus propios compañeros de mesa la mandaron a callar con un golpe de lengua. Emma retiró la silla hacia atrás, tomó su libro, el bolso y se puso en pie. Su compañero no dejaba de mirarla. Se apartó de él sin mediar palabra, lo esquivó como pudo pero este le siguió, balbuceando cosas sin sentido. Emma apretó el paso, el corazón le batía en el pecho, la voz de su compañero se sentía cada vez más alto y más alto, ya entendía lo que decía.


—¡Están entre nosotros! ¡En todas partes!


Las bibliotecarias se levantaron de sus mesas para mandarle a callar, pero no se atrevieron a continuar cuando gritó:


—¡Y tú lo sabes!


Emma salió de la biblioteca casi trotando. No había nadie en el campus. La tarde caía, pero el sol todavía quemaba el suelo. Continuó avanzando hasta las escaleras que daban al aparcamiento. Abrió su coche, tiró los libros y se aseguró de que no hubiera nadie. Un aire caliente le quemó el rostro. Subió al coche, puso la llave en el contacto y aceleró. Saulo se echó a la calzada y alzó las manos para que parase.


—¡Emma! —gritó él.


Ella aceleró y frenó poco después de pasar sobre él. Oteó el aparcamiento y los alrededores. Escuchó un quejido sordo proveniente de detrás del vehículo. Puso marcha atrás y avanzó.


**


Si quieres leer más sobre la vida y los miedos que la inundan, te invitamos a leer estos 5 cuentos para reflexionar sobre el amor, la vida y la muerte. Además, aquí puedes leer algunos cuentos breves de amor que te abrazarán el alma.



Elisenda Romano

Elisenda Romano


Colaborador
  COMENTARIOS