Cuento para entender por qué el amor es como el café

Viernes, 12 de octubre de 2018 17:59

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cuento de amor



Te compartimos "La farsa del azúcar, cuento de amor y café para entender por qué cada trago caliente y amargo de esta bebida se parece a las lecciones a las que una y otra vez nos enfrentamos cuando nos enamoramos.



cuento de amor 1



LA FARSA DEL AZÚCAR

 

Nunca fui adicta al café o sus secuelas. Sus efectos me pasaban de largo y aquel sabor fuerte resonaba tanto sobre mis papilas gustativas que prefería tomar té, sin importar o no si este llegase a funcionar. A medida que fui creciendo, y con ello las ojeras que descansaban como parásitos por debajo de mis ojos, fui tomándole el gusto, las ganas y la tolerancia tras quemaduras bucales.


Comencé de a poco, poniéndole más de tres cucharadas de azúcar, hasta que su sabor único se veía afectado. Al paso de los meses fui cambiando mi receta, bajaron las cucharadas dulces de engaño y experimenté con distintos tipos y clases, el de vainilla fue el primero; me quedé con él porque siempre es más fácil aceptar imitaciones.


De a poco me hice adicta, pequeñas dosis al despertar y antes de dormir, durante horas laborales, incluso los sábados por la tarde. Me visualicé en un entorno donde su existencia era brutalmente obligatoria.


Así es el amor, como una taza de café. Te quema y consume, y aunque al inicio no te convence, 10 minutos después tu sangre está inundada de sustancias químicas que nos colocan en una situación diferente a la nuestra, las toxinas viajan como rayo y las alertas se activan inmediatamente; mutamos.


Mejor tarde que temprano, agregas azúcar. Te engañas y aceptas las mentiras que este trae, pasas por alto las advertencias adictivas, las verdades contadas a medias y las llamadas perdidas.


Supongo que nadie nos dice cuán dañino llega a ser, cómo comienza a afectar de a poco nuestro ritmo cardiaco, cómo aquellas sustancias que antes nos ponían en modo de alerta ahora crean paranoia y desconfianza.


El amor se enfría, es entonces cuando al fin le quitas el endulzante y te das cuenta de algo sumamente importante: el café no sabía mal, tu amor soluble alterado sí. Pero tranquilo, siempre tendremos azúcar para vendarnos los ojos.


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El texto anterior fue escrito por Mari Pineda.


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