Las mujeres cargan una condena de silencio, por eso son ignoradas y desaparecidas

Jueves, 16 de noviembre de 2017 9:32

|Esther Pineda G
la feminidad es una condena



La feminidad

durante siglos ha sido

una condena de silencio.

En la historia

el hombre se negó a reconocer

a la mujer como su igual.

Los libros las silenciaron,

las obviaron,

las ignoraron,

las desaparecieron,

y la niña que en la escuela


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se atrevió a preguntar el motivo

rápidamente

se le administró castigo.

En la casa familiar

el mandato era paterno:

las mujeres lavan, cocinan, limpian,

los hombres producen y administran

propiedades y dinero.

Al llegar a casa esperan atenciones, complacencias

una cena caliente

y un cuerpo dispuesto,

a la esposa que se niega

por la fuerza,

el sexo le es impuesto.

Al trabajo accedieron

cuando ellos lo quisieron,

víctimas de acoso

con menor paga

y en peores puestos.

Cuando ellas ascendieron

nadie pensó que hicieron mérito,

el rumor apareció

haciendo lo suyo en ese evento,

en los pasillos se escuchaba:

la “putería” fue la moneda

de intercambio en ese acuerdo.

Pero no bastó con ello,


la feminidad es una condena 2


los medios también invadieron

sus mentes y sus cuerpos.

Su inteligencia

su valentía

su audacia

en un antivalor

la televisión fue convirtiendo.

La publicidad,

el cine y las novelas

le vendieron la idea

de que sin belleza, un marido y un hijo,

su vida estaba incompleta,

y con esa artimaña

el poder y la voz de la mujer

Fueron reduciendo.

En los hombres también

lo propio fueron haciendo,

los enseñaron a (mal)tratar a las mujeres

y le dieron permiso para humillarlas

para acosarlas

para insultarlas

para violarlas

para matarlas…

Y cuando esa mujer condenada al silencio

por un hombre fue silenciada,

los medios no dijeron que fue asesinada

por el contrario

reseñaron que “muerta fue encontrada”,

y desfilaron en la prensa

familiares y amigos,

la policía,

expertos y testigos,

y todos concluyeron

que algo ella habría hecho

que ese macho se puso violento,

que si ella

no hubiese guardado silencio

hoy no habría crimen

ni muerta

ni vela

ni entierro.



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Esto es por todas las veces que nos han dicho putas y tachado de locas: hoy seamos libres.


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Los collages que acompañan al texto pertenecen a Felícia Roza.

REFERENCIAS:
Esther Pineda G

Esther Pineda G


Colaborador
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