La historia del periodista que fue torturado por estar en el lugar equivocado
Letras

La historia del periodista que fue torturado por estar en el lugar equivocado

Avatar of Julieta Sanguino

Por: Julieta Sanguino

24 de febrero, 2016

Letras La historia del periodista que fue torturado por estar en el lugar equivocado
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24 de febrero, 2016



"Llorad un momento, si creéis que las lágrimas borrarán el triste torbellino de la pena, pero no os lamentéis". 
-Julius Fucik

Si estuvieras condenado a morir por no delatar a tus amigos, ¿qué harías? Tal vez los errores del destino te coloquen en un lugar que ni siquiera imaginas. Un lugar destinado a la condena, a la tortura y los peores tratos del que lo único que te puede salvar es morir o delatar. Suena horrible pero es una realidad y hace más de 50 años, los presos de guerra sólo tenían éstas dos escapatorias.

Hoy, sabemos que Julius Fucik es un héroe aunque recibió el premio Nobel de la paz póstumo en 1950. Era un periodista que tuvo la mala fortuna de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado y lo único que nos queda de él es el testimonio que su esposa recopiló y sacó hoja por hoja a la luz, ahora lo conocemos en un compilado conocido como "Al pie de la horca".

julius fucik al pie
Bastaron dos días de estar en este lugar para querer morir, pero el castigo duró casi un año. Una noche que Fucik veía a su asistente, la Gestapo los apresó. "Si tiro, nada salvaré. Tan sólo me liberaré de las torturas, pero sacrificaré inútilmente la vida de cuatro camaradas. ¿Es así? Sí", entonces decidió quedarse, sabía que lo torturarían pero lo prefirió antes de que algunos inocentes perdieran la vida.

gestapo
Los policías ni siquiera sabían su identidad, pero cuando los nazis invadieron la antigua Checoslovaquia, Julius fue detenido víctima de las circunstancias. Sacrificó su vida con sencillez, sin esperar recibir nada a cambio, únicamente la solidaridad de los checos, de esas personas que él creyó salvar a pesar de que otros pudieran delatarlos.

Era miembro del comité comunista de Checoslovaquia. Siempre deseó ser un hombre libre, no estar bajo el yugo de un grupo de semirrevolucionarios que lo único que buscaban era conquistar territorios y convertirse en la raza dominante de un mundo de múltiples etnias. Quería trabajar mucho, amar mucho, cantar mucho y recorrer el mundo, como él mismo cuenta, pero no lo logró. 

Esas golpizas interminables nunca resquebrajaron su espíritu. Tenía fuerzas pero después de los días de torturas atroces en los que ni siquiera podía caminar, sentía cómo perdía su alma, perdía la batalla. Y es que esa vida que amaba con tanta devoción y que lo hizo alistarse junto a los comunistas lo destruyeron. Fue feliz, de eso no hay duda en su libro y hasta el final, amó a todos los hombres. Pidió perdón sin tener que hacerlo y quiso que su triste historia detrás de la prisión de Pankrác de Praga fuera un testimonio de los horrores de su interior. "Que me perdonen aquellos a quienes causé daño. Que me olviden aquellos a quienes procuré alegrías". 

Fucik no se doblegó nunca, ni al principio, ni al final, ni cuando la Gestapo decidió que era hora de colgarlo: "No, no temáis. No hablaré. Confiad en mí. Después de todo, mi fin ya no puede estar lejano. Esto ahora es sólo un sueño, una pesadilla febril: los golpes llueven, los esbirros me refrescan con agua. Y nuevos golpes. Y otra vez: ¡Habla! ¡Habla! ¡Habla! Pero aún no consigo morir". Veía las calles desde su celda, los escaparates de los comercios, las flores, a las mujeres.

al pie de la horca
Y es que aunque Fucik nunca buscó que la tristeza estuviera unida a su nombre, inevitablemente lo está al oír su horrible testimonio. La cárcel, los días de tortura y la muerte, no se convirtieron en un peso con el que no pudiera luchar sino la última batalla que logró ganar. Porque en el caso de este periodista, esa pelea fue la más grande y atroz, la que lo acabó, pero nunca, por ningún motivo, abandonó su espíritu combativo ni leal.

Los días parecían meses, se transformaban en años aunque sólo pasaran algunas horas. Los interrogatorios eran cada vez más brutales: patadas, pisotones, ejercicios a sol y sombra, golpes, bastonazos todos al mismo tiempo y en múltiples direcciones. Le dolía todo, le dolía el corazón y cuando un guardia le aseguró que no lo tenía, Fucik tuvo el valor de responderle que sí, que lo tenía sin duda, sin importar la nueva golpiza que se aproximaba.

tortura
Nunca perdió la batalla ni a sus amigos. Los guardias que sentían empatía por él, lograron el trabajo que ahora conocemos: A. Kolínský, le procuró los medios para hacerlo llevándole a la celda papel y lápiz y sacando clandestinamente de la cárcel las hojas de manuscritos que más tarde le daría a su mujer.

Bajo la acusación de traición, Fucik fue trasladado a Berlín. El 8 de septiembre ahorcado. Sus principios y convicciones quedaron plasmados y los hombres y mujeres de la prensa celebran su oficio alrededor del mundo el día de su deceso. "Has tardado mucho en llegar, muerte. Pese a todo, esperaba conocerte más tarde, después de largos años". 
 
Adiós, Fucik, y gracias por la lección de lealtad que sin duda nos llevamos al leer "Al pie de la horca".

julius fucik al pie de la horca
Si leíste este artículo y no sentiste ese dolor, quizá nada lo hará, pero tal vez estos 10 libros tristes sí rompan tu corazón.

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Referencias: