Letras

La leyenda de "La Llorona"

Letras La leyenda de "La Llorona"

A la mujer vestida de blanco se le conoció como “La llorona” por el lamento que la hacía existir en la Nueva España

El alarido profundo, lastimoso y sobrecogedor, como el de "La Llorona", se formó en la garganta de una mujer y se dejó escuchar mientras cuatro sacerdotes con arraigados conocimientos en astronomía determinaban el tiempo según el movimiento de las constelaciones estelares.


post-image


El grito hueco de la mujer se movió con el correr del agua y rebotó en los montes y templos hasta que llegó al Gran Teocali, dedicado al Dios Huitzilopochtli, y retumbó en el palacio del emperador Moctezuma.


Uno de los sacerdotes aseguró que era Cihuacóatl, diosa del nacimiento y protectora de las madres fallecidas al dar a luz, quien había salido de las aguas para prevenir a los hombres. Los cuatro sacerdotes subieron al lugar más alto del templo y sus ojos miraron en el oriente una silueta blanca, con el pelo muy peinado que parecía cubrirle el rostro; arrastraba una tela vaporosa que hacía juego con el fresco de la noche.


Cuando el grito quedó opacado y su eco dejó de propagarse, el rumbo del señorío de Texcocan estuvo en silencio. Sombras ominosas regresaron a las aguas y los sacerdotes interpretaron esto como la próxima destrucción del imperio.


…Ay hijos míos… amados hijos del Anáhuac, vuestra destrucción está próxima….


Te puede interesar: La trágica historia de la mujer azteca que dio origen a La Llorona


Sobre el camino, otros lamentos nacían de la tierra y mientras se hacían poderosos en los oídos de los sacerdotes, estos ya se alejaban hacia la colina que cubría las faldas de los montes.

…A dónde iréis…. a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino…. hijos míos, estáis a punto de perderos…


En un acuerdo entre los cuatros hombres, los sacerdotes aseguraron que aquella presencia fantasmal era la misma Diosa Cihuacóatl, la protectora de la raza quien había depositado su poder y sabiduría en Tilpotoncátzin, poseedor de su dignidad sacerdotal.


El emperador Moctezuma, novato en la hierática escritura, se atusó el bigote sobre la comisura de los labios y se arregló con una mano los pelos escasos de una barba canosa mientras clavaba sus ojos atónitos en un viejo códice dibujado sobre una superficie de amatl, guardado en los archivos del imperio desde los tiempos de Itzcoatl y Tlacaelel. Moctezuma miraba con asombro el papel mientras los sacerdotes, quienes presurosos le hicieron una reverencia, le interpretaban lo allí escrito.


—Señor, —le dijeron—, estos viejos anuales nos hablan de que la Diosa Cihuacóatl aparecerá, según el sexto pronóstico de los agoreros, para anunciarnos la destrucción de vuestro imperio.


Dicen aquí los sabios más sabios y más antiguos que nosotros, que hombres extraños vendrán por el Oriente y sojuzgarán a tu pueblo y a ti mismo, y tú y los tuyos serán de muchos lloros y grandes penas y que tu raza desaparecerá devorada y nuestros dioses humillados por otros dioses más poderosos.


—¿Dioses más poderosos que nuestro Dios Huitzilopochtli y que el Gran Destructor Tezcatlipoca y que nuestros formidables dioses de la guerra y de la sangre? —preguntó Moctezuma bajando la cabeza con temor y humildad.


—Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros, señor. Por eso la Diosa Cihuacóatl vaga por el Anáhuac lanzando lloros y arrastrando penas, gritando para que oigan quienes sepan oír, las desdichas que han de llegar muy pronto a vuestro Imperio.


Hundido en su gran trono de piedra de alabastro y esmeraldas, el emperador quedó mudo y sumido en sus pensamientos; entonces, los cuatro sacerdotes tomaron el códice entre sus manos y lo doblaron para depositarlo, nuevamente, en los archivos imperiales.


Por eso, desde los tiempos de Chimalpopoca, Itzcoatl, Moctezuma, Ilhuicamina, Axayácatl, Tizoc y Ahuizotl, la mujer de viento vagaba por entre los lagos y templos del Anáhuac, pregonando lo que iba a ocurrir a la entonces raza poderosa y avasalladora.

Con la llegada de los españoles, y el cumplimiento de la profecía, según las voces de los cronistas, una mujer vestida de blanco con cabello negro que sucumbía al viento aparecía en la capital de la Nueva España y tomaba rumbo hacia el Oriente. Cruzaba calles y plazuelas hasta que se detenía ante las cruces, templos y cementerios para dejar escapar un grito lastimero en medio de la oscuridad.


—Aaaaaaaay mis hijos… Aaaaaaay aaaaaaay!— El lamento se repetía tantas veces como horas tenía la madrugada en que la dama de vestiduras vaporosas, jugueteando con el viento, se detenía en la Plaza Mayor y, mirando hacia la Catedral, musitaba una larga y doliente oración para volver a levantarse, lanzar de nuevo su lamento y desaparecer sobre el lago, que entonces llegaba hasta las goteras de la ciudad.


Mil historias se tejieron alrededor del fantasma femenino; algunas decían que penaba por un desdichado amor, otras que lamentaba el fin del imperio, otras más que era una pobre mujer engañada o una amante abandonada con sus hijos. La historia preferida era la de un noble que engañó y abandonó a una hermosa mujer sin linaje. Aseguran, jamás hubo valiente que osara interrogarla o cruzarse por su camino.


Desde este episodio de la época colonial, a la mujer vestida de blanco se le conoció como “La llorona” por el lamento que la hacía existir en la Nueva España y que trascendió las alambradas del tiempo. La leyenda de “La llorona” significó el más popular temor callejero al punto de evitar que la gente saliera de sus hogares, pues, algunos aseguran, quienes miraron a esta mujer jamás olvidaron lo que sus ojos le devolvieron y otros más enfermaron gravemente de espanto.


La figura de “La Llorona” trascendió regiones y al propio tiempo, adoptando distintos nombres y nacionalidades según donde fuera vista. Se dice que todavía aparece enfundada en su traje vaporoso recorriendo montañas, subiendo colinas y cruzando ríos y arroyos mientras exhala un alarido crudo que paraliza los sentidos. 


Te puede interesar:

La trágica historia de la mujer azteca que dio origen a La Llorona




Referencias: