El día que me sentí tan sola y quise desaparecer
Letras

El día que me sentí tan sola y quise desaparecer

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Por: Jean Franco

8 de febrero, 2017

Letras El día que me sentí tan sola y quise desaparecer
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8 de febrero, 2017



Ese punto blanco y brillante que se posa en el cielo todas las noches también se ha sentido sola... por eso, te compartimos su historia:



"Quédate, Luna"


Esa noche, en la que la Luna iluminaba el firmamento de una manera muy bonita, ella meditaba sobre la extraña razón de su soledad, pues después de todo era hermosa. Los humanos siempre se sentaban en parejas a observarla, ella era testigo de besos apasionados, primeras veces, miradas profundas, inspiración de poetas, pero, a pesar de eso, siempre estaba sola. Al parecer nadie quería pintar en sus poemas un acompañante para aquella Luna tan fantástica y brillante.

Estaba tan sola que empezó a llorar, y sobre la Tierra comenzaron a caer muchas luces que salían detrás de ella. Se detuvo por un segundo, pues, al parecer, a los humanos les asombraba, aquellos quienes creían en la ciencia los alegraba, pues otro fenómeno había por estudiar, mientras que a los más religiosos les asustaba, para ellos era el fin del mundo según sus creencias.

Esto hizo pensar a la Luna que no estaba tan sola, pues el humano había tratado hace siglos de viajar hasta su semblante, y pocas veces había logrado conseguirlo, sus acompañantes eran cada noche aquellos amantes que por primera vez se besaban, y tenía a muchos científicos estudiando los fenómenos que ella causaba; aun así, sentía que el hombre no era digno de pisar su suelo.


poemas-amor

Una mañana, la Luna veía a lo lejos al Sol, le preguntó si se sentía tan solo como ella, a lo que el sol le respondió que no, pues él tenía que gobernar a un Sistema que llevaba su nombre, que siempre tenía planetas, estrellas e incluso galaxias que se alimentaban con su luz. La Luna, muy triste, empezó a desaparecer del horizonte, pensó: si la compañía humana es insignificante ante la compañía que tiene mi colega el Sol, después de todo somos colegas, ¿no?, él a grandes magnitudes, ¿y yo? Yo ilumino a los humanos... Luego de esto, siguió muy triste, hasta que un día recibió un mensaje, no era de ningún otro satélite, ni de las estrellas fugaces, tampoco de su “colega” el sol, llegó en una cápsula muy dura de abrir, pero después de tanto y tanto logró abrirla. Decía lo siguiente:

"Hola, Luna, quiero que sepas que no es fácil tener que ver cómo desapareces cada noche por mi ventana, he gritado a aquel Dios en el viento que deje quedarte un rato más, para poder disfrutar de tu belleza vibrante. Como nadie atiende a mis súplicas, decidí enviarte esta pequeña carta. Quédate, Luna, pues te quiero, te quiero por ser esa luz que ilumina los cielos cuando más oscuridad hay. Cuando el sol se va a dormir, tú eres la única protagonista del firmamento de miles de personas; créeme, tu presencia en el cielo hace maravillas en mi mente.


poemas enamorados


Quédate, Luna, te quiero, te quiero porque sí, porque tu luz se transforma en mí, en forma de amor, te quiero porque sí, eres tú la única que acompaña mis noches de soledad, y aunque lejos te encuentres te pido, Luna, que te quedes, pues te quiero, te quiero como nadie en el planeta puede quererte. Quiero recorrerte como ningún astronauta ha logrado hacerlo, quiero, Luna, quererte como nadie lo ha hecho nunca, redundantes palabras son las que nacen de este pequeño humano que piensa que puede conquistar tu inmensa belleza.

Qué iluso al considerar que de tantos pretendientes estelares, un simple humano puede llegar a enamorarte. Luna, quédate, y si algún día sientes que estás sola, no olvides leer esta carta y en cualquier parte del mundo, yo estaré admirando tu belleza, deseando oír un te quiero tuyo. Por eso, te regalo tantos, porque sé que quedaría en deuda contigo, si me respondes aunque sea uno sólo de tantos que te he dedicado. Te quiero por ser tú, brillante, única y hermosa. Porque lo eres, lo sabes, ¿verdad? No hay ningún satélite natural en el Universo que sea igual a ti. Te quiero porque sólo hay una luna, y porque sé que nada se compara. Quédate, Luna, te quiero".

Firmado por un poeta que no quiere perder tu semblante de vista ni un segundo.

La Luna sonrió y por su mejilla pareció bajar una pequeña lágrima, ésta llegó a la ventana de aquel poeta en segundos, congelada aquel humano, la introdujo en una pequeña bóveda de cristal, agradecido con la Luna prometió escribirle todas las noches, y cada final de mes le enviaba todas sus cartas para que la Luna jamás se olvidara de él.


poemas amorosos


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Algunas leyendas explican la existencia de la Luna a través de historias impactantes, como el relato de la diosa que fue descuartizada y se convirtió en la Luna.




Referencias: