La muerte tiene nombre de mujer

Martes, 23 de enero de 2018 17:13

|Eduar Said Beltrán

Ella no sólo es la musa de la concurrida audiencia, es el capricho del público.

La Muerte tiene nombre de mujer: una trigueña con aroma de tabaco y dulce sabor a caña. La ovación estalla cada vez que camina por las calles de la Habana. Rompe los límites del paso y fecunda santas blasfemias de sus espectadores. La tildan, la tachan, la señalan, la adoran. Ella es el anacrónico movimiento del compás de las caderas y del torso fino.


Ama y señora de los esclavos del hábito. Ignora toda virtud pura y es enemiga jurada en vida de la moral: la estética le aburre. Lleva consigo la pócima infalible que abate a los hombres y los convierte en presidarios de sus encantos. Sabe mofarse de lo platónico y hace mérito con alusión virtuosa al desacato de la desobediencia. Alardea su cuerpo con picardía y crea un idioma tan universal que incita a la catástrofe. Ella, caballeros, no es cualquier mujer, es la abatida vanidad de la ostentación, la precisa simetría del desdén con quien purgaría todas mis heridas. Y es que somos tan mortales, tan insípidos y tan frágiles, que sólo amamos aquello que nos lastima con profundidad: el masoquismo impera. 



Ella es la idea amorfa de la perfección, mi mantra personal. Es el boceto que ensayé en mi pérfida sospecha, la que me saca de quicio. Ella, compatriotas, es el Apocalipsis de la necrópolis de mi triste elegía. Con ella no hay decreto, frontera o bandera alguna que detenga esta fe consagrada a los orgasmos del cuerpo. Ella es la dueña de mis deshonras, la hacedora de todos mis demonios; y el fiasco de la vida me dice que Dios también es mujer: vaya calamidad.


Ella amortigua lo infinito, lo inalcanzable, lo impostergable, ¿y qué se puede hacer ante eso?, ¿alzar la copa triunfante y brindar por los sentimientos que entorpecen nuestra naturaleza humana?, ¿o debo ser más persuasivo? Dejar que todas esas inquietudes que se anidan en mi cabeza den rienda suelta y ocasionen un goce sereno.



¡Ay, mujer! Tú eres el arte que declama ser el regocijo de la espléndida belleza, la intimidad misma, la embelesada osadía, trastornada, pintoresca, violenta danza de la maravilla. Ella no sólo es la musa de la concurrida audiencia, es el capricho del público. Y es que con ese andar, a cualquiera mete en líos. Cumplidora de fantasías que sólo florecen en los sueños de Morfeo. En ella descansan los pesares mundanos, afligidos y angustiados. Ahuyenta la soledad, esa soledad rota e inservible con la que muchos conviven. No te juzgará, ella ama las apariencias de lo irreal y de lo inacabado, es la equivocación forzosa, la intromisión oportuna y la licencia concedida de la reverencia. Es una quimera.


¿Y su nombre?: Mulata, Mulata Encarnación.



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Puede que ames tanto que quizá nunca te has preguntado lo siguiente: ¿qué va a pasar cuando no haya más mujeres que quieran cambiar mis tiempos?...


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Yoana Korn.

Eduar Said Beltrán

Eduar Said Beltrán


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