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La Naturaleza de la Filosofía

Letras La Naturaleza de la Filosofía

La filosofía pretende la verdad en cuanto tal, no en cuanto alguno de sus posibles predicados (verdad lógica, verdad matemática, verdad científica, verdad jurídica, verdad religiosa, etc.). Se pregunta por la esencia de todas las cosas, una por una o en su conjunto como el Ser. Sin embargo, en este camino de búsqueda el filósofo se pierde no tanto por confundir lo preguntado (el Ser del ente), sino por confundir lo interrogado, i.e., intentar averiguar el Ser del ente a través del mundo. El problema es que dicha búsqueda es empírica, por tanto, falsable, y si los hechos falsean las proposiciones, ¿qué sentido tiene preguntarle al mundo (contrastar las proposiciones con éste) el Ser del ente? El mundo mismo es un ente, el Ser la instancia de la filosofía y los entes la instancia de la ciencia. ¿Y cuál sería la instancia de la religión? Bueno, la religión no pretende la verdad en cuanto tal sino que asume haberla encontrado a través de Dios, empero, la verdad de Dios no es la verdad en cuanto tal. ¿O sí?

Pues no. La filosofía no es un dogma. La filosofía es un modo de ser del ser humano, y este modo de ser consiste en afirmar el Ser del ente. Una proposición es filosófica si afirma el Ser de cualquier ente, y dichas afirmaciones ocurren en todo tipo de prácticas lingüísticas, desde las discusiones en las universidades y centros de estudio hasta las reuniones de amigos y contextos familiares. La diferencia discursiva sólo reside en los contenidos, ya que “se filosofa” desde que se disiente un concepto universal. Por ello la filosofía está en todos lados, pues todos somos filósofos (aunque no filosofemos todo el tiempo). La diferencia está en los contenidos, no en la forma (el juego de lenguaje de la filosofía) que todos compartimos para discernir dichos contenidos.

Las afirmaciones científicas son pretensiones de verdad empírica, las afirmaciones filosóficas son pretensiones de verdad filosófica, esto es, de la verdad en cuanto tal. De eso se trata el juego del lenguaje de la filosofía.

¿Qué pretende la filosofía con sus afirmaciones? El juego del lenguaje de la filosofía comienza lógicamente cuando se establece una afirmación filosófica, e.g., se afirma que un ente es P, siendo P el concepto universal de dicho ente. Por ello las pretensiones filosóficas no tienen valor de verdad, es decir, no son verdaderas o falsas. Simplemente se asienten o se disienten, ya que incluso la verdad misma —su naturaleza— es una pretensión filosófica. ¿Qué teoría de la verdad es la verdadera?

El Ser del ente significa lo que es el ente, el ente en cuanto tal. No propiedades o accidentes, como lo resuelven las ciencias empíricas, sino la caracterización definitoria del ente: su Ser. Pero es un error creer que el Ser es algo así como una “esencia” en la pluralidad de entes, sino más bien la unidad de dicha pluralidad (no necesariamente homogénea). También es un error creer que el Ser podría ser algo así como “la familia” (“Parecidos de Familia” de Wittgenstein) de entes —que todos se parecen en algo, pero que no todos se parecen en lo mismo—, sino su concepto. El Ser se constituye cuando se tiene conciencia —filosófica— del ente, es decir, cuando pensamos en un ente filosóficamente.

filosofia

La discusión filosófica es parte importante del juego de lenguaje de la filosofía. Comienza lógicamente con el disentimiento, e.g., una pretensión filosófica φse disiente filosóficamente: ¬ φ. El disentimiento también es una pretensión filosófica, pues afirma el ser de “φ”, i.e., su negación (¬ “φ”).

El contexto de discusión tiene un objetivo, la verdad en cuanto tal, la única concesión en esta lucha por el asentimiento. La lógica que rige el juego está caracterizada por la discusión misma: el ente y el disentimiento, contenido y forma respectivamente. No obstante, la discusión filosófica tiene una piedra de toque: la gramática profunda, las reglas que rigen los usos de los conceptos. Pero comprender, e incluso analizar, las reglas de uso de un concepto en particular no implica “encontrar” la verdad final en cuanto a su significado, sino en todo caso sólo sería la condición para “pretender su verdad en cuanto tal”.

¿Cómo se resuelve una discusión filosófica? Sólo mediante el asentimiento: se interioriza φ o se confirma la verdad de ¬“φ” La discusión termina en ambos casos, pero en el segundo aún nos queda por resolver el Ser de φ.

El problema filosófico impide el asentimiento. No se puede interiorizar φ o confirmar ¬“φ” porque hay al menos un disentimiento previo a la discusión: las proposiciones gramaticales. El problema filosófico surge en la condición misma del discurso. ¿Qué es la Libertad? ¿Lo que decía Locke o lo que decía Marx? He aquí un ejemplo de problema filosófico.

Un problema filosófico es una situación ontológica de la discusión. La diferencia gramatical impide el diálogo bajo un mismo paradigma, y es en realidad un obstáculo infranqueable en el juego de lenguaje de la filosofía.

Según Wittgenstein, los problemas filosóficos son enredos conceptuales. Desaparece el enredo ergo desparece el problema; pero dichos desenredos sólo disuelven las incomprensiones gramaticales. Un problema filosófico es un obstáculo ontológico, no una confusión. Lo primero es un conflicto gramatical, lo segundo sólo tiene sentido bajo una misma gramática.

Sin embargo, cuando reflexionamos sobre problemas filosóficos estamos de alguna manera reflexionando sobre nuestras diferencias como seres humanos (supongamos dos culturas antagónicas teológicamente). Por supuesto, vemos un mundo (el que intentamos comprender sus paradigmas) desde nuestro mundo, pero al fin y al cabo lidiamos con otro mundo, un mundo distinto al nuestro pero semejante en cuanto al problema filosófico en cuestión. Esto es la diferencia (contenidos filosóficos) en la coincidencia (el juego de lenguaje).

Por ello los problemas filosóficos no se resuelven, sino que por así decirlo: se superan. ¿Y cómo sabemos si superamos un problema filosófico? Sólo la comprensión ontológica del “otro” me libra de un disentimiento que sólo desde mi mundo tenía sentido. El disentimiento es superado, luego no hay problema.

El arte es una posibilidad de comprensión ontológica porque ofrece una perspectiva que trasciende el juego de lenguaje de la filosofía. A saber, partiendo de la filosofía y su pretensión del Ser del ente, el arte tan sólo pretende la expresión del ente. No cualquier tipo de expresión, sino sólo aquella que se caracteriza a través de emociones dramáticas; la estética es la forma (variable) del contenido dramático (constante antropológica). El arte no afirma el Ser del ente, sino que expresa el ente dramáticamente.

Las expresiones artísticas son posibilidades de comprensión ontológica dado que muestran el sentido de los juegos de lenguaje en cuestión, y no como las ciencias que se limitan al análisis del seguimiento de sus reglas. La comprensión ontológica es un estado mental, y su objeto es el Ser de una proposición gramatical cualquiera: la existencia (la práctica) del juego de lenguaje al que pertenece dicha proposición.

La filosofía afirma el Ser del ente (en cuanto tal), el arte expresa el ente en cuanto existencia (en cuanto a mí).

El juego de lenguaje filosófico está instituido en las prácticas lingüísticas porque es un modo de ser del ser humano. No es un modo cotidiano y mucho menos el más característico, pero nadie pueda negar que todos filosofamos. No obstante, para pretender la verdad en cuanto tal o el Ser sólo falta internarse en el proceso mismo de la filosofía: autoconciencia filosófica.


Referencias: