La obra no pintada de Van Gogh

La obra no pintada de Van Gogh

Por: Luz Espinosa -

Una de las historias más conocidas en el capítulo de las tristezas del arte, es, quizá, la de Vincent Van Gogh, el pintor de lo invisible a los ojos pero sensible al alma, y el también escritor de su propia historia.

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Aislado en la pobreza, la depresión y la fragilidad, Van Gogh, además de pintar, escribía cartas a su hermano Théo, en quien encontraba un verdadero confidente y quien sabía que la escritura llega cuando la palabra se retira. Vincent Van Gogh esperaba encontrar a través de sus pinturas un sentido de existencia dotando de significación su entorno con respecto al estado de ánimo, el que cambiaba constantemente debido a su depresión. Pero es en la escritura en la que no se deja llevar por el impulso; es mediante las palabras que se cuestiona y expone su sentir ante la vida, el amor, la expresión, la comprensión y el conocimiento; de esta forma, su trabajo artístico resulta un complemento entre las palabras y los tonos.

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El artista sabía que la palabra es el signo visual del verbo, de ahí su importancia creadora: el lápiz como pincel, pues, al igual que en la pintura, sabía que la palabra llena oquedades. Por lo demás, todo en su vida fue soledad y un constante aprendizaje. La depresión lo desgasta, pero no lo hace abandonar su trabajo artístico. Sus momentos de lucidez son verdaderamente cortos, es entonces cuando necesita alimentarse, pintar, saber dónde está, qué hace... aunque eso, quizá, ya no importe.

En sus cartas, al igual que su paleta de colores, más que mostrar su personalidad, busca generar un estado de choque a través de las palabras que funcionan como colores primarios o complementarios, tonos que no ponen límites en la imaginación.

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Las cartas de Van Gogh a Théo son el reflejo, al igual que su trabajo pictórico, de una persona sensible, llena de sueños y miedos; un hombre que se escudó en su hermano, las letras y la pintura para salvarse de un enloquecedor rumor y de un mundo donde pinta las visiones que muestran lo irrepetible a través de los verdaderos colores. Un ser sensible que pinta y escribe, también, para ser.

El 29 de julio de 1890, en un campo de trigo de Auvers sur Oise, Van Gogh se disparó un tiro en el pecho; en uno de los bolsillos del cadáver se encontró, incompleta, la última carta a su hermano Théo. Las cartas de Vincent a Théo, escritas con frecuencia a lo largo de veinte años, constituyen, simultáneamente, una autobiografía y una confesión de estética. En sus cartas describió algunas ideas que desarrolló en sus obras y el estudio de los colores como diálogo y acción en el mundo.

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Esta fue la carta que Vincent envió a su hermano después de salir del hospital, tras haberse cortado la oreja:

9 de enero de 1889

Físicamente estoy bien; la herida se cierra muy bien y la gran pérdida de sangre se equilibra, como y digiero a satisfacción. Lo más temible sería el insomnio, y el médico no me ha hablado ni yo tampoco a él, todavía. Pero yo mismo lo combato. Combato este insomnio con una dosis muy fuerte de alcanfor en mi almohada y mi colchón; y si alguna vez no durmieras, te lo recomiendo. Temía mucho dormir solo en la casa y he tenido miedo de no poder hacerlo.

Pero esto ya ha desaparecido y me atrevo a creer que no reaparecerá. El sufrimiento por este lado, en el hospital, ha sido atroz y, sin embargo, aun en los estados de mayor debilidad puedo decirte, como curiosidad, que he seguido pensando en Degas.

Gauguin y yo habíamos hablado antes de Degas y yo había hecho notar a Gauguin que Degas había dicho esto: «Me reservo para las arlesianas».

Luego, tú que sabes cuán sutil es Degas, cuando vuelvas a París dile que le confieso que hasta ahora he sido incapaz de pintar a las mujeres de Arlés y que no debe creer a Gauguin si éste le habla bien de mi trabajo, que sólo ha seguido un curso enfermizo. Según esto, si me rehago, debo recomenzar y no podré alcanzar de nuevo esas cumbres a donde la enfermedad me ha imperfectamente arrastrado.

Referencia: Vincent Van Gogh, Cartas a Théo.

Referencias: