El día en que se prohibió la música y las personas comenzaron a morir

El día en que se prohibió la música y las personas comenzaron a morir

Por: Eduar Said Beltrán -

En algún lugar perdido del África ardiente, cerca al mar de Java, donde las minas del rey Salomón habían sido saqueadas, ocurrió lo inesperado. El príncipe Faquir, amo y señor de las tierras habidas y por haber, ordenó que todas las músicas debían ser silenciadas. Todo instrumento que incitara a la euforia debía ser quemado, incinerado, guardado, olvidado. Y así fue y así se cumplió. Se callaron los cueros de los tambores, los sonidos de las flautas y las voces de los cantos. Aquel mandato terrenal sentenció el lenguaje universal que unía a todas las razas.


El andar del tiempo se tornó triste, aburrido, desdichado, simple y molesto. Presos en su electa penumbra, el pueblo muy devoto de los dioses hizo las súplicas necesarias. Pidieron que volvieran esas músicas, y que el príncipe Faquir se condoliera y revocará tan nefasto dictamen. Y esas súplicas fueron escuchadas.


El día en que se prohibió la música y las personas comenzaron a morir 1


Por designio divino y como castigo infundado, los dioses castigaron al príncipe Faquir. Su hijo heredero al trono cayó en desgracia, enfermó. Rápidamente mandó a traer a los médicos más renombrados desde todos los confines de la Tierra, pero estos, con inútil maestría, no fueron capaces de hacer algo.


El príncipe con exhaustiva desesperación preguntó:


—¿Qué tiene, por qué no despierta? —. Los médicos sólo pudieron confirmarle: —ha perdido el deseo de vivir—.


Resignado a su suerte, y dispuesto a vencer su desdicha. El príncipe Faquir había oído hablar de una mujer que curaba y tenía los dones infinitos de la medicina. La mandó a buscar, y cuando la trajeron ante él tronó: 


—Aquí tienes a mi hijo postrado en esta cama, levántalo y te daré todo aquello que un mortal hombre puede ofrecerte en vida—. Santa Cecilia, como la conocían todos, accedió. Pero primero le pidió anular lo que en principio había dispuesto: la música. El príncipe sin más remedio, y evocando su último recurso, aceptó.


Santa Cecilia mandó a traer los tambores que invocan los sones brujos, el arpa melodiosa y empezaron a tocar. Aquellas melodías de sonidos y acordes majestuosos cobraron vida. La misma vida que animó al heredero del trono a volverse a parar. 


El día en que se prohibió la música y las personas comenzaron a morir 2


El príncipe conmovido ante tan solemne acto declamó: —¿cómo lo hiciste? —. Y ella, hacedora de su sabiduría, respondió: —Mi príncipe, la música es el complemento del alma—.


Como gesto de agradecimiento y haciendo mención de su palabra, el príncipe Faquir cumplió su promesa y le regaló un día en el calendario. Desde entonces, cada primero de octubre en honor virtuosa a la patrona de las músicas, los pies se echan a bailar, el cuerpo a festejar y el júbilo hervido a renacer. 


**


La música es en sí una forma de comunicación, pero estas bandas que te recomendamos escuchar supieron inventar sus propios lenguajes.


Referencias: