NOTICIAS ARTE FOTOGRAFÍA CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

El día en que se prohibió la música y las personas comenzaron a morir

3 de abril de 2018

Eduar Said Beltrán

En algún lugar perdido del África ardiente, cerca al mar de Java, donde las minas del rey Salomón habían sido saqueadas, ocurrió lo inesperado. El príncipe Faquir, amo y señor de las tierras habidas y por haber, ordenó que todas las músicas debían ser silenciadas. Todo instrumento que incitara a la euforia debía ser quemado, incinerado, guardado, olvidado. Y así fue y así se cumplió. Se callaron los cueros de los tambores, los sonidos de las flautas y las voces de los cantos. Aquel mandato terrenal sentenció el lenguaje universal que unía a todas las razas.


El andar del tiempo se tornó triste, aburrido, desdichado, simple y molesto. Presos en su electa penumbra, el pueblo muy devoto de los dioses hizo las súplicas necesarias. Pidieron que volvieran esas músicas, y que el príncipe Faquir se condoliera y revocará tan nefasto dictamen. Y esas súplicas fueron escuchadas.




Por designio divino y como castigo infundado, los dioses castigaron al príncipe Faquir. Su hijo heredero al trono cayó en desgracia, enfermó. Rápidamente mandó a traer a los médicos más renombrados desde todos los confines de la Tierra, pero estos, con inútil maestría, no fueron capaces de hacer algo.


El príncipe con exhaustiva desesperación preguntó:


—¿Qué tiene, por qué no despierta? —. Los médicos sólo pudieron confirmarle: —ha perdido el deseo de vivir—.


Resignado a su suerte, y dispuesto a vencer su desdicha. El príncipe Faquir había oído hablar de una mujer que curaba y tenía los dones infinitos de la medicina. La mandó a buscar, y cuando la trajeron ante él tronó: 


—Aquí tienes a mi hijo postrado en esta cama, levántalo y te daré todo aquello que un mortal hombre puede ofrecerte en vida—. Santa Cecilia, como la conocían todos, accedió. Pero primero le pidió anular lo que en principio había dispuesto: la música. El príncipe sin más remedio, y evocando su último recurso, aceptó.


Santa Cecilia mandó a traer los tambores que invocan los sones brujos, el arpa melodiosa y empezaron a tocar. Aquellas melodías de sonidos y acordes majestuosos cobraron vida. La misma vida que animó al heredero del trono a volverse a parar. 




El príncipe conmovido ante tan solemne acto declamó: —¿cómo lo hiciste? —. Y ella, hacedora de su sabiduría, respondió: —Mi príncipe, la música es el complemento del alma—.


Como gesto de agradecimiento y haciendo mención de su palabra, el príncipe Faquir cumplió su promesa y le regaló un día en el calendario. Desde entonces, cada primero de octubre en honor virtuosa a la patrona de las músicas, los pies se echan a bailar, el cuerpo a festejar y el júbilo hervido a renacer. 



**


La música es en sí una forma de comunicación, pero estas bandas que te recomendamos escuchar supieron inventar sus propios lenguajes.

TAGS: Cuentos Nuevos escritores Mujeres
REFERENCIAS:

Eduar Said Beltrán


Escritor

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

Si vas a tener Sexo Casual Lo que no sabías de "El Beso" de Gustav Klimt Haruki Murakami "Tokio Blues" Lo bonito de tener Senos Pequeños Probióticos, el alimento que regenera tu organismo si bebiste demasiado 13 miedos que las mujeres sufren por lo menos una vez en la vida

  TE RECOMENDAMOS