Poesía de Jaime Sabines

Jueves, 19 de enero de 2017 14:10

|Carlos Urena

Poesía de Jaime Sabines para recordar el dolor que produce el amor, la muerte y la soledad


En el mundo de las letras mexicanas existen nombres que han dejado una línea muy bien trazada de estilos y formas poéticas, tal es el caso de un gran poeta del siglo XX, un hombre que nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, y recibió por nombre Jaime Sabines. Hijo de un inmigrante libanés, el niño Sabines creció escuchando historias que su padre le contaba de memoria, como “Las mil y una noches”; su infancia se desarrolló en un apacible ranchito del sur del país. Al momento de iniciar su estudios universitarios, eligió la carrera de Medicina en la Ciudad de México, pues creyó que era lo que sus padres esperaban de él.


Durante sus estudios se sentía frustrado y se refugió en la Biblia, también se dejó absorber por los textos de García Lorca y Rafael Alberti, fue en ese momento cuando decidió no continuar con la carrera y regresar a su ciudad natal, para posteriormente volver a la capital del país e iniciar sus estudios en Filosofía y Letras.


la poesía de Jaime Sabines


Fue un periodo fructífero para el joven poeta, pues se vio influenciado por el ambiente nocturno del centro de la ciudad y las tertulias a las que asistía de manera regular con sus amigos Emilio Carballido, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Guadalupe Amor, y su gran confidente: Rosario Castellanos. En esa época, y bajo el auspicio del gobierno de Chiapas, publicó su primer libro “La Horal”, que incluiría el poema que se convertiría en su suerte de himno y, quizá, el más recordado de su trayectoria. Una narración dramática, fresca y a la vez optimista sobre la perspectiva juvenil del amor:


"Los amorosos, Cartas a Chepita"


“Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Los amorosos buscan,

los amorosos son los que abandonan,

son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan".


poemas de jaime sabines


Desde su primera obra Jaime Sabines comenzó a trazar su estilo único, transparente y accesible, lo que permitía que cada vez más público quedara identificado con sus versos. Por la maestría con la que su trabajo era realizado, lograba entablar una conversación personal con el lector, y rompía el paradigma del poeta inaccesible.


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Durante muchos años mantuvo una relación intermitente con su amada “Chepita”, por quien decidió dejar la universidad y regresar a Chiapas para casarse con ella. Ahora Sabines había dejado la vida de la gran ciudad para iniciar una familia, trabajar en la tienda de telas de su hermano y vivir en una modesta casa; esta transición no le fue fácil y produjo en él grandes conflictos emocionales, los cuales canalizó en su obra “Tarumba”, quizás uno de sus libros más difíciles, pero que mostró su madurez al momento de escribir, su audacia y evolución para plantear al hombre ante el dolor, el hastío y la vida:


“Después de leer tantas páginas que el tiempo escribe con mi mano,

quedo triste, Tarumba, de no haber dicho más,

quedo triste de ser tan pequeño

y quedo triste y colérico de no estar solo.

Me quejo de estar todo el día en manos de las gentes,

me duele que se me echen encima y me aplasten

y no me dejen siquiera saber dónde tengo los brazos,

o mirar si mis piernas están completas”.


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Sabines decía que “la técnica debía pasar desapercibida” para que así, a leer sus poemas, pareciera un trabajo de espontaneidad, cosa nada fácil de lograr, pero que a él se le daba de manera natural.


Siempre profesó un amor extraordinario por su padre, quien al morir le produce uno de los dolores más grandes que experimentaría en su vida. De nuevo canalizó sus emociones mediante las letras, y creó una de las obras cumbres de la poesía mexicana, “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, en la que retrata magistralmente y sin poses pretensiosas la soledad y el vacío que deja la muerte, como el propio escritor lo explicaría: “todo el poema se hizo con llanto”; a esta primera entrega la siguió una segunda parte:


“No lo sabemos bien, pero de pronto llega

un incesante aviso,

una escapada espada de la boca de Dios

que cae y cae y cae lentamente.

Y he aquí que temblamos de miedo,

que nos ahoga el llanto contenido,

que nos aprieta la garganta el miedo”.


Jaime Sabines tuvo una gran cantidad de obras, y obtuvo el reconocimiento de un amplio sector del público mexicano, se hizo acreedor a diferentes galardones como el Premio Xavier Villaurritia en 1972, el Premio Nacional de Letras en 1983, la Medalla Belisario Domínguez y la Beca del Centro Mexicano de Escritores. A pesar de ser un escritor laureado, siempre sintió un gran rechazo por las acartonadas poses de los intelectuales mexicanos, y tuvo roses con personajes como Carlos Fuentes o el ganador del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, decía de este último que no le gustaba su trabajo por parecer que “se hacía con guantes”. Al respecto de las actitudes pretenciosas de sus colegas escribió: “Estoy harto de los poetas y de las quinceañeras. Siempre están ensayando su vals de presentación en sociedad”.


Jaime Sabines siempre tuvo una relación personal con sus lectores, gracias a la congruencia que reflejaba su escritura. Rechazó los cánones clasistas de la “sociedad intelectual” y se mantuvo en todo momento honesto y real. Los últimos 10 años de su vida sufrió las consecuencias de distintas operaciones derivadas de fracturas y otras complicaciones, aunado al cáncer que terminó con su vida el 19 de marzo de 1999.


la poesía de Jaime Sabines


Con una fructífera vida, el epitome del reconocimiento que el pueblo mexicano daría a este gran hombre se llevó a cabo el 30 de marzo de 1996, cuando el Palacio de Bellas Artes se rindió a sus pies; con el lugar abarrotado ofreció un histórico recital, donde su sola, voz acompañada de un elegante escritorio en el escenario, propiciaron una sonora ovación a sus poemas y a su genio natural. Sus versos más emblemáticos aún acompañan a aquellos que suspiran por amor y que tituló 'Me dueles':


“Mansamente, insoportablemente, me dueles.

Toma mi cabeza. Córtame el cuello.

Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma, búscame,

escúchame.

En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,

pide tu asombro, tu iluminado silencio".




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La poesía es la única con la que podemos experimentar a flor de piel emociones que creíamos imposibles en nosotros, por eso te recomendamos los siguientes poemas que nos muestran que hay heridas que nos marcan de por vida.





Carlos Urena

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