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Me levantó la remera y acarició mis senos con suavidad

20 de diciembre de 2017

Cecilia Cabrera

La imagen de la sombra ha sido, durante siglos, la fascinación de artistas, filósofos y escritores. En esta oportunidad la joven autora argentina Cecilia Cabrera, cuya escritura conjuga elementos cotidianos con lo absurdo y fantástico, toma las riendas de una historia que contempla las posibilidades de ese fenómeno tan cercano y a la vez tan ajeno a la luz para descubrir un entramado de intimidad y erotismo. Disfruta a continuación de otro de sus cuentos eróticos.




La rebelión de la sombra fugitiva

Mi sombra me desobedece. Se enojó conmigo porque le doy la espalda, o porque la piso. Lo reconozco, es un poco sensible. Al principio se enojaba conmigo al mediodía y se iba sin avisarme. Después me empezó a dejar sola a la noche, cuando estaba a oscuras en mi pieza. Yo no me daba cuenta, porque lo asociaba con la luz cenital o la ausencia de luz, era obvio.

Recién me di cuenta de que hacía su vida aparte una vez que estaba en el baño, con la puerta cerrada y la vi irse por debajo de la puerta. Parecía que era una persona que pasaba caminando, pero salí asustada y la vi irse de espaldas, reconocí mi forma de caminar apurada. La llamé, se detuvo un segundo y se fue. Volvió recién al otro día.

Al día siguiente me hice la que no la vi irse y la perseguí. La encontré bailando en la plaza con gente que no conozco. La reconocí mezclada entre otras sombras tomando cerveza del pico. Por lo menos una de nosotras se divierte, pensé, y me fui a seguir escribiendo la monografía.



Ella volvió a la madrugada, en puntitas de pie. Sentí un caricia debajo de las sábanas. Me subía desde el ombligo, me levantó la remera y acarició mis senos con suavidad. Recorrió todo mi cuerpo amorosa y cuando yo ya no daba más de deseo, me dejó y se acostó en el piso. Se acarició a sí misma y se retorció de placer. La imité en sus movimientos y disfruté de mi tacto como nunca.




Desde esa noche me obsesioné con mi sombra y comencé a perseguirla todo el tiempo. Me llevaba a explorar lugares a los que nunca hubiera ido, a darme placeres que nunca había explorado. Me llevó a una fiesta callejera. La vi seducir a otra sombra con descaro. Me excité tanto que comencé a imitarla, y por primera vez tomé la iniciativa. Seduje a una chica de ojos grandes. Fuimos juntas a mi casa. Pero mi sombra se quedó en la fiesta, enamorando a otras con su danza.

Cuando volvió sola, más tarde, se arremolinó con nosotras en la cama, ebria de deseo y nos enseñó su lujuria borracha hasta que se desvaneció.

Nunca más la volví a ver. Tuve que iluminarme en otras luces por mucho tiempo hasta que pude desarrollar otra sombra.

*

Las fotografías que acompañan al texto son propiedad de Ami Colberg.

***

El amor es una enfermedad y lo único que podemos hacer es sobrevivir lo mejor que se pueda.

TAGS: Sexo Hábitos Mujeres
REFERENCIAS:

Cecilia Cabrera


Colaboradora

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