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Tal vez el mundo se divide en dos: hay estúpidos y hay idiotas

22 de marzo de 2018

Irving Flores



En el siguiente cuento de Irving Flores, los protagonistas reflexionan acerca de la composición de la humanidad en el mundo actual; y llegan a una conclusión terrible: tal vez la sociedad sólo se divide en estúpidos e idiotas.





LA TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ Y LA IDIOTEZ DE ROBERTO


Considero que poco de lo que pueda decir de mi amigo Roberto sea de gran impacto. Es un sujeto agradable y bastante rutinario, con pasatiempos modestos y un carisma que lo hacían un compañero perfecto en cualquier momento. Nada más. Un tipo de lo más sencillo y ameno; austero y práctico. Estoy seguro que si alguien deseara tener una vida tranquila, tomaría como modelo a mi buen amigo.


Roberto goza de un número extenso de “conocidos”. Si sales con él, te aseguro que no pasará más de media hora sin que alguien lo salude. Pero en contraste a ello, me dijo una vez, la mayoría de las personas eran idiotas y otros desafortunados estúpidos. Pocas veces le escuché otro insulto. “Idiotas” o “estúpidos”, parecía que no hay otra cosa en el mundo.


Estos eran los más llamativos:

—Mira al estúpido, tan feliz luciendo ignorancia.

—Dios, ¿por qué en tu misericordia permites tantas idioteces?

—Idiota, y aún la palabra se queda corta. Es un idiota, un gran idiota, por Dios, el mejor ejemplo de idiotez de este mundo.

—Nada peor que ver a un estúpido cruzar con elegancia el camino hacia la idiotez.

—Admito ser estúpido, pero que Dios me perdone el día en que sea un idiota.


Habían otros más galantes y sin censura, pero no pretendo hacer un listado de groserías, pese a lo llamativo del asunto. No, mi intención no es siquiera hablar de mi amigo. Lo que deseo plasmar es su filosofía, si es que puede llamarse así, detrás de su forma de ver el mundo a través de sólo dos palabras: estúpidos e idiotas.


—Roberto —le dije— siempre he querido preguntarte algo, pero nunca he encontrado el momento.

—Deja de ser un idiota —respondió con una mueca que buscaba ser una sonrisa— que los momentos no caen de la nada, se hacen o se aprovechan, nunca llegan.

—Eso, eso es lo que quiero preguntarte.

—¡Ah! Ahora me siento estúpido por no comprender a qué te refieres.

—¿Acaso nunca te das cuenta o es sólo accidental?

—Pero ya, tú eres el que sabe de lo que está hablando, así que deja de ser un idiota y ponerme a mí como un estúpido. ¡Dime por Dios! Que me estás desesperando.

—Tú insultas a la gente distinguiendo entre estúpidos e idiotas. No sé si se trata de algo accidental o no.


Soltó una carcajada tan grotesca que me fue difícil saber si estaba riéndose o burlándose de lo que había dicho; me molesté y creo que lo notó. Hizo un pequeño gesto con ambas manos como pidiendo perdón, pero de forma poco convencional.


—Perdona, en este caso creo que yo he sido el idiota por expresarme así —suspiró profundo— vaya que lo he sido y me siento mal por ello. Si me permites compensar, con gusto te explicaré el uso que le doy a esas dos palabras aunque no entiendo en qué puede ayudarte.

—Sólo tengo curiosidad.

—Hum, no estoy seguro de cómo poder explicarlo de forma genial; en realidad no es la gran cosa. Sencillo, el mundo puede ser divido en dos tipos de personas: los estúpidos y los idiotas, no hay más. Tal vez, pero para mí no.

—¿Cuál sería la diferencia?

—Una persona estúpida es el nivel más bajo, pero muchas veces el más letal; una persona estúpida es aquella que desconoce que es ignorante. En tal sentido, todos somos estúpidos en algún momento de nuestra vida. Ante un hecho o una persona, en algún momento vergonzoso. Pero lo mágico es que ni siquiera estamos conscientes de eso. En realidad es un estado que te hace ser feliz, pero con poco o nulo control de tu vida.

—Quiero ver si entiendo: un estúpido es aquel que no sabe que lo es y por ese mismo desconocimiento hace… ¿estupideces?

—Te dije que no era gran cosa. No entiendo tu interés. Bueno, trato de hacerlo simple: un estúpido es aquel que no posee el conocimiento sobre algo y actúa sin pensar, por eso te dije que es el nivel más bajo pero letal, cuando juntas a demasiados en un solo lugar.

—Pues la verdad me queda claro. Tienes razón, en algún momento hemos sido estúpidos en nuestras vidas.

—Sí, ¿puedes pensar en todas las veces que ha sucedido? Creo que al menos tenemos una cuota anual de 10 mil actos estúpidos como persona. ¡Y eso que no hay olimpiadas!


Roberto estaba realmente emocionado mientras me decía todas estas cosas; no sé si nunca antes le había alguien preguntado lo mismo, pero a juzgar por su exaltación, creería que no.


—Me ha quedado claro, ahora quiero saber en qué se diferencia los estúpidos de los idiotas.

—¡Ah! Estos son la peor escoria de la vida, lo peor de lo peor del mundo. Se han multiplicado más que los conejos y han llegado a todas las áreas de la existencia. Una vez leí que hay algo llamado posmodernidad, pues si es la culpable de tanta idiotez en el mundo, ojalá pronto deje de ser delito el matar a uno de esos.

—Veo que hablar de los idiotas te emociona.

—No, amigo, no confundas mi intento por ser diplomático con mi repulsión hacia ellos. No me emociona, al contrario, me irrita al grado de querer ir a golpear a uno en este momento, o al menos cortarle la lengua y los dedos para que deje de esparcir su virus en el mundo.

—Espero no ser uno de ellos, aunque todavía no sé qué característica los tipifica.

—Cielos, olvidé tu pregunta. Déjame pensar un poco… Si he de decirlo de forma breve: un idiota es alguien que sí posee conciencia de sus acciones y escoge ser un idiota. Por eso me provocan tanto asco. Un idiota sabe que lo es, comprende que sus acciones lo definen como tal y tiene el poder de ser diferente. ¡Pero prefiere no hacer nada!

—A un estúpido se le perdona la ignorancia; a un idiota eso no lo salva.

—Si lo quieres ver así, me parece. Un idiota es sólo un individuo que prefiere serlo ante el miedo de querer cambiar algo.

—Siempre te escuchaba insultando a las personas de esa forma. Pensé que era sólo una coincidencia pero veo me equivoqué.


Roberto volvió a reír; aunque esta vez sentí algo distinto en sus gestos, como si estuviera satisfecho u orgulloso de sí mismo.


—Eso significa, mi querido amigo, que usted ya no es estúpido, ahora ruego para que no se convierta en un idiota. 


**


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TAGS: Cuentos Nuevos escritores
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Irving Flores


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