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“Las batallas en el desierto”, la clara muestra de que estamos sumergidos en un mundo de desapego amoroso

9 de enero de 2018

Cultura Colectiva

La obra señala, entre otras imágenes, la del amor como una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio.

Todo gran autor congrega, a su manera y a menudo sin que ése sea su objetivo primordial, una revelación que termina por convertirse en el sino de sus palabras. José Emilio Pacheco nació en la Ciudad de México el 30 de junio de 1939 y murió el 26 de enero de 2014. Escribió poesía, crónica, novela, cuento, ensayo y también fue traductor. Es considerado integrante de la Generación de Medio Siglo. De acuerdo con Juan Manuel Cerpa, el nombre de Las batallas en el desierto—obra que tiene una

relación poco conocida con El guardián entre el centeno— alude a un “acercamiento analítico a la identidad y la marginación a través del padre y la madre de Carlitos”, el personaje principal de la obra. Cerpa añade que el sustantivo "batalla" remite a discursos en movimiento, la inquietud, el combate, la dualidad, lo episódico, el poder, la abundancia, la destrucción. "Desierto", por el contrario, alude a los discursos del abandono, la infertilidad, el alejamiento, la carencia, lo inútil, lo inmóvil. En ese sentido,

Las batallas en el desierto muestra estos dos polos opuestos que juntos hacen el México de mediados de los 40, un país donde la modernidad se encontraba alejada y la sociedad vivía bajo sus propios medios: productos tanto comestibles como de uso personal y electrónico. Sin embargo, de pronto llega la modernidad y la Ciudad de México se fue transformando poco a poco en algo muy distinto a lo que era antes que empezaran a invadir las compañías estadounidenses.

No obstante, a pesar de que México fue altamente influido por la cultura americana, fue y sigue siendo un país en el que las personas están muy apegadas a sus tradiciones, y quien se desprende un poco de ellas es mal visto por la mayoría. ¿A qué se deberá? Actualmente muchas personas, en México y alrededor del mundo, tienen una visión muy estrecha respecto al estilo de vida, especialmente de quienes se salen de lo meramente "tradicional". La mayoría de las personas que tienen una percepción estrecha de estas situaciones de vida se encuentran en los espacios rurales, donde los habitantes son más propensos a juzgar sin conocer, ya que la Iglesia tiene mayor influencia. Estos individuos tienden a seguir los criterios de lo que es “bueno” y lo “malo” de acuerdo al criterio del portador de la sotana.





Doble cara


En Las batallas en el desierto, la familia de Carlitos es tradicional y religiosa, pues provienen del estado Jalisco, uno de los lugares más tradicionales de México, y traen consigo costumbres y pensamientos que limitan el desprendimiento de sentimientos, especialmente del amor y la lujuria. Estos dos aspectos pueden verse en tres personas distintas dentro del seno de la familia del protagonista de la historia: el amor hacia Mariana por parte de Carlitos, la lujuria por parte del hermano de Carlitos (Héctor) y el adulterio de su padre. Este último carece de nombre, por lo que puede representar a cualquier padre de familia de la época.

Carlitos es un niño inocente que nunca había experimentado el amor y lo único que hace la sociedad (especialmente su familia) es frenarlo y reprimir los sentimientos hacia Mariana, para que no sigan creciendo, ya que no se ha enamorado de cualquier persona, sino de una mujer que podría ser su madre. Además de eso, es la amante del papá de Jim, lo que la hace “muy mala influencia”. Según las personas de la época, ella era la culpable de que el papá de Jim cometiera adulterio, pues el amigo del presidente tenía una esposa oficial. ¿Adulterio? ¡Pecado! ¿Pecado? El papá de Carlitos comete adulterio también, con la diferencia de que él tiene doble cara y se muestra como el marido más fiel y consentidor, pues hace todo lo posible por traerle los últimos aparatos electrónicos que facilitan la vida en el hogar de las mujeres en ese tiempo, y especialmente de su “querida” esposa, quien felizmente los acepta todo ignorando que, independientemente de “la harán trabajar menos”, no dejará de estar dentro de su casa para olvidarse de sí misma, a la disposición de su esposo y su familia, perdiendo totalmente su identidad: “Mi madre siempre arreglando todo lo que dejábamos tirado, cocinando, lavando ropa; ansiosa de comprar otra lavadora, aspiradora, licuadora, olla exprés, refrigerador eléctrico”, comenta Carlitos dentro del relato.

Carlitos había tenido muchos amigos en la escuela, pero ninguno le agradó a sus padres, pues la situación en la que se encontraban, como la de Jim, hijo de un padre que cometía adulterio, por ejemplo, no cumplía con las características de “un buen ciudadano”: Jorge por ser hijo de un general que combatió a los cristeros, Arturo por venir de una pareja divorciada y estar a cargo de una tía que cobraba por echar cartas, Alberto porque su madre viuda trabajaba en una agencia de viajes, “y una mujer decente no debía salir de su casa”.






El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio


A Carlitos se le juzgó brutalmente por el hecho de enamorarse inocentemente de una mujer que, a pesar de que era mucho más grande que él, consideró como su primer amor, pues la manera en que recuerda y las descripciones que hace sobre Mariana denotan cierta melancolía, pues, además de que su amor era “imposible”, nunca supo si Mariana realmente murió o le habían hecho creer que eso había sucedido. Cuando los padres de Carlitos supieron que se había enamorado de Mariana, inmediatamente buscaron ayuda “profesional”, ya que su ignorancia les hacía creer que lo que su hijo tenía era una enfermedad; inclusive el papá de Carlitos lo llama "monstruo".

Tanto es su asombro y desesperación, que lo mandan al psiquiatra y a la iglesia a confesarse. Lo juzgan por enamorarse, un sentimiento tan inocente en un niño de su edad, algo totalmente nuevo para él, y para su desgracia, considerado erróneo tanto para sus padres, como para la gente de la época. Inclusive hoy muchos no considerarían “correcto” que un niño se enamorara de una persona que le dobla la edad. Todos los test y preguntas que le hacen a Carlitos para saber “de dónde venía su desorden”, no tienen ni la más mínima idea de lo que sentía ni por qué lo hacía.

Eso se podría traducir en una crítica tanto a la Iglesia como al mundo de la medicación psiquiátrica, en donde quieren dar respuestas a todo mediante test y medicaciones (en el caso de la psiquiatría), sin tener idea de lo que realmente pasa. Carlitos sólo estaba experimentando un sentimiento nuevo que no tenía nada de malo, pero se lo dieron a conocer como erróneo.



Coca-Cola por aguas frescas


Por otro lado, la manera en que México fue cambiando sus costumbres se vio reflejada en buena medida en la gastronomía. Invadieron la cultura mexicana con costumbres, pensamientos y, por supuesto, sabores. En México era más práctico hacerse un sándwich que un pozole y sustituir la fatiga de hacer aguas frescas a cambio de unos pesos en la tienda y obtener una Coca-Cola.

¿Comodidad o influencia? Evidentemente México cambió bastante desde el momento en que las fábricas estadounidenses comenzaron a invadir el país con la aceptación total de los mexicanos, pues la modernidad que muchos deseaban había llegado después de tanto tiempo.

Las personas apostaban por la comodidad, pues era uno de los principales beneficios a obtener por medio de los nuevos aparatos electrónicos para facilitarles el trabajo a las amas de casa. El jabón en polvo en lugar de barra, por ejemplo. Otra de las cosas que cambiaron fueron las bebidas. El famoso tepache era cada vez menos consumido por la población en general, pues era considerada una bebida para personas de bajos recursos económicos. El tequila también fue menospreciado por mucha de la población mexicana de entonces. En su lugar, se optaba por whisky, que pasó a ser la bebida predilecta para embriagarse, ya que pocos tenían los recursos económicos para comprarlo y esas mismas personas, deseaban pertenecer a un círculo social económicamente más elevado: “En mi casa está prohibido el tequila, le escuché decir a mi tío Julián. Yo nada más sirvo whisky a mis invitados: hay que blanquear el gusto de los mexicanos”.

Así como la manera en que comían y bebían los mexicanos fue cambiando, el lenguaje no se quedó atrás, pues las fábricas norteamericanas y la influencia que tenía en México era realmente fuerte. Circunstancialmente las personas añadieron a su vocabulario palabras extranjeras "mexicanizándolas".



Fotograma de

Mariana, Mariana

(Alberto Isaac, 1987), adaptación fílmica de

Las batallas en el desierto




Estamos hechos de recuerdos


En esta novela, José Emilio Pacheco transmite una nostalgia por el México de aquellos momentos a través del personaje de Carlos adulto, pues al narrar lo que le pasó cuando niño, el tipo de palabras que utiliza para describir la ciudad de México y los lugares que recorrió hacen envolver al lector en una especie de melancolía y nostalgia que el mismo Carlos sentía.

Con esta novela tan breve pero que logra envolver tantos temas de interés, Pacheco cuenta la historia del México de mediados de los 40 y cómo fue transformándose poco a poco. Incluso el mismo autor menciona que en cierto sentido todas las novelas son históricas. sólo por el hecho de que se narra algo que ya sucedió. "La novela ha sido desde sus orígenes la privatización de la historia. Gracias a ella la gente común tomó por asalto el mundo de las letras como protagonistas y como autores. Historia de la vida privada, historia de quienes no tienen historia, la novela habla de un 'aquí' y un 'ahora' que necesariamente son un 'allá' y un 'entonces' porque sólo es narrable lo que está lejos, lo que ya ha pasado. En este sentido todas las novelas son históricas”, expresó en una entrevista.


"Las batallas", canción de Café Tacvba basada en Las batallas en el desierto



A pesar de que se cuenta una historia del pasado, cultura y tradiciones siguen en movimiento constantemente, pues es imposible con la globalización y los medios de comunicación estar en contacto con personas de otros lugares y compartir elementos culturales. Eso ayuda a enriquecernos como individuos y tenemos posibilidad de aprender y conocer cosas nuevas, sólo que es pertinente que no olvidar las raíces. Además, hay que tener muy presente que no de juzgarse al amor bajo ninguna circunstancia. No importa la edad ni el tiempo, este sentimiento se puede presentar en cualquier momento de la vida.



Texto escrito por Jazmín López



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TAGS: Literatura mexicana Grandes escritores novelas
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