Las enseñanzas de Don Juan: todo lo que necesitas saber sobre peyote y hongos alucinógenos

Miércoles, 14 de febrero de 2018 14:06

|Diego Cera
las ensenanzas de don juan

«Lo importante es que sepas exactamente por qué quieres comprometerte. Aprender los asuntos del "Mescalito" es un acto de lo más serio. Si fueras indio, tu solo deseo sería suficiente». — Juan Castañeda en 'Las enseñanzas de Don Juan'



De todos los tipos de drogadictos, si es que se pueden clasificar, el peor de todos es el que cree firmemente que su adicción no es más que un medio para llegar a Dios o cualquier fuerza mística que habite el Universo. Teniendo en cuenta que desde pequeños les han dicho que sólo basta con rezar para comunicarse con ese ser supremo que, dependiendo las creencias de cada quien, les vigila desde un lugar distante, ¿por qué justificarlo con el uso de alucinógenos?


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Todo este pensamiento alrededor de las drogas nació a partir de la década de 1960, cuando un buen número de individuos, con el propósito de escapar del hastío y la presión provocados por la sociedad, buscaron nuevas formas de conectarse con la naturaleza y tener, según su propia percepción de la vida, una existencia más armoniosa con todo lo que les rodeaba. No tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que todo lo que buscaban, de una u otra forma, se encontraba en la sabiduría hasta entonces oculta de los antiguos pueblos nativos de toda América.


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Desde la gran nación Sioux en América del Norte hasta los pueblos escondidos a lo largo de la Amazonia, absolutamente todos tienen rituales donde las plantas alucinógenas juegan un papel importante. Al enterarse de esto, cada vez son más las personas que desde hace poco más de cincuenta años se han dedicado a hacer una especie de "turismo espiritual" probando toda clase de drogas para, supuestamente, encontrar la paz interior que tanto necesitan, ¿y cómo afecta esto a quienes genuinamente utilizan estas plantas con propósitos rituales? Todo termina por ser demeritado y cualquier sentido ancestral o espiritual recae en una drogadicción vulgar y sin posibilidades de ser salvada.


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No obstante, del uso desmedido de drogas y alucinógenos durante los sesenta existieron algunas personas que, preocupados por rescatar la filosofía de estos pueblos ancestrales y sus rituales, decidieron ir más allá de las drogas y sus efectos para enaltecer todo lo que hay detrás de ellas desde la visión de quienes las consumen, hasta la percepción cósmica de todo un pueblo a través de las alucinaciones causadas por estas hierbas y hongos. En 1968 el antropólogo Carlos Castañeda publicó sus vivencias con un autoproclamado chamán yaqui del estado de Sonora, quien lo instruyó en el consumo de diferentes sustancias psicoactivas, sobre todo del peyote y algunos hongos.


« En cada oportunidad le había pedido instruirme sobre el peyote. Siempre hacía caso omiso de mi petición, pero jamás rechazaba de plano el tema y yo interpretaba sus titubeos como una posibilidad de que, rogándole más, podría inclinarse a hablar de sus conocimientos. En esta sesión inicial me dio a entender claramente que podría tener en cuenta mi petición siempre y cuando yo poseyera claridad de mente y propósito –con respecto a lo que le había preguntado—».
— Carlos Castañeda 


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Al principio puede parecer que Castañeda no es más que otro hippie curioso buscando nuevas experiencias; sin embargo, conforme el libro va avanzando la visión del autor alrededor de las drogas cambia completamente. Es por ello que el título del libro —Las enseñanzas de Don Juan— no podía ser más atinado, pues es este personaje quien muestra que la verdadera paz interior no depende directamente de una plana o una sustancia, sino que está dentro de cada persona y que estas drogas no son otra cosa más que una manera de elevar estos sentimientos, pero nunca de provocarlos.


«—¿Me va usted a enseñar, don Juan?
— ¿Por qué quieres emprender un aprendizaje así?
— Quiero, de veras que me enseñe usted lo que se hace con el peyote. ¿No es buena razón nada más que querer saber?
— ¡No! Debes buscar en tu corazón y descubrir por qué un joven como tú quiere emprender tamaña tarea de aprendizaje».

—Carlos Castañeda


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De acuerdo con este chamán, una persona es capaz de alcanzar la paz y la verdad en medio del caos sin necesidad de ingerir ninguna sustancia, pues de otra forma lo único que estaría haciendo sería envenenar su propia mente e impedir que el conocimiento de las grandes culturas antiguas llegue correctamente a quienes de verdad lo necesitan. Así como ocurrió con Castañeda, este libro nos enseña a ser "personas de conocimiento" para no seguir cayendo en el nefasto error de escudarnos en la sabiduría ancestral para justificar nuestros vicios completamente modernos.


Diego Cera

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