Las estrellas lloran lágrimas negras recordando tu infinita noche

Martes, 27 de marzo de 2018 11:18

|Eduar Said Beltrán

Las cargas heroicas ahora estaban desnudando realidades y construyendo utopías...

María Dolores se lo repitió incontables veces: “Que el sacrificio de muchos; no sea el bienestar de unos pocos”. Y le dieron a elegir: ¿cárcel o exilio? Se dio a la fuga a los tres días. Tierra adentro se embarcó en la travesía de luchar contra las felonías de la habitual intrepidez: la infamia.


El corazón del gitano empezaba a ejercer los mandatos del alto cielo. Balbuceaba con solemne intrepidez el discurso de la guerra y acribillaba el lenguaje de las mariposas: ¡Nuestro comandante es el pueblo, y solamente a él le rendimos nuestras armas! hizo de la violencia un espectáculo sin precedentes. Multiplicó su prestigio.


Las estrellas lloran lagrimas negras recordando tu infinita noche 1


Las cargas heroicas ahora estaban desnudando realidades y construyendo utopías. ¿Dónde está la tierra prometida? ¿Qué pasó con la palabra empeñada? ¿Será la vida asesinada en primavera? Y la gentes y las músicas le creyeron. Todos eran partícipes de esa desenfrenada locura. Hubo caos, y sentenció: en el caos emergeremos.


Cuando estalló la rebelión, los asesinos de uniformes los clasificaron como: “huéspedes indeseables, delincuentes subversivos”. Y la Iglesia dio el aval bendito para bautizar aquella matanza. Ciegos de furia y ávidos de sangre sepultaron la ciudad. Y la sangre nunca miente. Las ruinas humeantes de aquellos fantasmas: innombrables sin tumba. Recuerdan que a veces es mejor tener la póstuma potestad del Diablo a su favor.


Las estrellas lloran lagrimas negras recordando tu infinita noche 2


Un 26 de abril caía abatido en Cartagena de Indias, el Generalísimo Máximo Pizarro Leongómez, defendiendo los intereses de los suyos. Cuando lo encontraron, yacía junto a él un gato barcino de color cenizo, su más intrépido allegado compañero de batallas. Esa noche, un conjunto de sirenas y un embrujo de guitarras y acordeones, embriagados de versos lo despedían. Desde entonces las estrellas lloran lágrimas negras recordando esa infinita noche. 



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No todos los grandes clásicos están impresos en grades pliegos de papel, de hecho muchas de las mejores historias están contenidas en apenas unas cuantas páginas que los autores aprovechan al máximo para plasmar sus mejores ideas a fin de que lleguen incluso a aquellos que apenas pueden permitirse unos breves instantes para entregar toda su atención a la lectura.


Eduar Said Beltrán

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Escritor
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