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Las horas carcomen el silencio y en silencio se olvidan de la silueta de nuestras sombras

24 de enero de 2018

Enrique Ocampo

La prosa de Enrique Ocampo, autor del libro de relatos Salto de fe, se caracteriza por su carácter orgánico, visceral y de ritmo certero pero al mismo tiempo acompasado, de regodeo poético en las palabras, las imágenes y las metáforas que construye sutilmente. Su universo trasciende sobre lo real, indaga en los imaginarios lingüísticos como hechos exaltados. El erotismo, el drama y el simbolismo unifican un texto impecable.



De tonalidades, rivalidades, totalidades y puntos cardinales

Estas, las horas que carcomen el silencio y en silencio se olvidan de la silueta de nuestras sombras. Entre matices de nieve y tesituras de ocre te busco, palma en la frente y sudor en la angustia. Te busco en medio del vaho del ayer, pegado con almizcle al ventanal de siempre en la estación. Pero el tren nunca arrancó. Hay traiciones tan hondas, que no admiten gradación. Hay violetas tan profundos, que sus tonalidades son redundancia.

Estas, las estrofas que revuelven las cenizas y en cenizas se despiden del fulgor de nuestras coplas. Entre disputas de anhelo y trifulcas de orgullo me pierdo, vereda inefable y andén pretencioso. Me pierdo en medio del traqueteo del nunca jamás, deslizándose melifluo por las vías de siempre en la estación. Pero el tren jamás va a llegar. Una guerra horrísona vive para siempre bajo mis alas. Para siempre, alma y espíritu, me veo condenado a pelear conmigo mismo.



Estas, las exhalaciones que trinan en vehemencia y en vehemencia se deshacen entre el viento de la frustración. Entre absolutos de óxido y totales de podredumbre nos encuentro, fábula de necedad y ruido de avispas. Nos encuentro en la ucronía de esta mañana, café y pan tostado y villancicos en septiembre, contoneándose impía por las nubes de la casualidad, bajo el cielo eléctrico de siempre en la estación. Pero el tren no está aquí. Ni entero ni en partes, ni aparte ni entierro; ni a medias ni a cuartas, ni las medias en el cuarto. El tren no está y jamás va a llegar y nunca arrancó y me rompo en pedazos. En pedazos esquivos e insalvables.



No hay norte en las estampillas del correo, ni sur en las toallas del estante. No hay oeste que dure un segundo, ni este que lo acompañe en su viaje por las montañas. Estas, las tonalidades que despuntan, las rivalidades que resuenan, las totalidades que acribillan y el amor que se acabó; estos, los puntos cardinales vagabundos, desahuciados, irrisorios, desorientados, malditos y perdidos en la brújula del adiós.

*

Las imágenes que acompañan al texto son propiedad de Iris Alba.

***

La intensidad de los momentos más cruciales se magnifica con la narrativa, los elementos estéticos del lenguaje y la capacidad creadora de una voz que hila y conduce imágenes como un sueño dirigido. Cortes rápidos, instantes de pausa. Sobre el cuadrilátero, todo luce como una batalla existencial en la que el amor da náuseas.

TAGS: Poemas Desamor Poesía
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Enrique Ocampo


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