Las mujeres que nos llevan a la locura y la soledad según Charles Bukowski
Letras

Las mujeres que nos llevan a la locura y la soledad según Charles Bukowski

Avatar of Daniel Morales Olea

Por: Daniel Morales Olea

11 de abril, 2016

Letras Las mujeres que nos llevan a la locura y la soledad según Charles Bukowski
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11 de abril, 2016



"Tenía cincuenta años y no me había acostado con una mujer desde hacía cuatro. No tenía amigas. Las miraba cuando me cruzaba con ellas en la calle o dondequiera que las viese, pero las miraba sin ningún anhelo y con una sensación de inutilidad. Me masturbaba regularmente, pero la idea de tener una relación con una mujer —incluso en términos no sexuales— estaba más allá de mi imaginación. Tenía una hija de seis años de edad nacida fuera del matrimonio. Vivía con su madre y yo pagaba su mantenimiento. Yo había estado casado años antes, a la edad de 35. El matrimonio duró año y medio. Mi mujer se divorció de mí. Sólo una vez en mi vida había estado enamorado, pero ella murió de alcoholismo agudo. Murió a los 48 años, cuando yo tenía 38. Mi mujer era doce años más joven que yo. Creo que también ella está ahora muerta, aunque no estoy seguro. Me escribió después de divorciarnos todas las navidades una larga carta durante seis años. Yo nunca respondí..."

Las mujeres que nos llevan a la locura y la soledad según Charles Bukowski 0

Ése es el inicio del libro titulado "Mujeres" de Charles Bukowski. El poeta, novelista y bebedor casual escribió su obra más personal en 1978, años después de haber alcanzado la fama y el prestigio en el mundo de las letras. Sus textos siempre versaron sobre la falta de amor (romántico y propio), el odio a la rutina, a la sociedad moderna y acerca de sus grandes pasiones: el sexo, el alcohol y las letras. Con títulos como "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones" o "El amor es un perro del infierno", sus libros distaban de ser una romántica obra de arte, por eso sorprendió al mundo cuando simplemente llamó a su siguiente novela "Mujeres". Una palabra que encapsula un misterio imposible de conocer en su totalidad, por lo menos desde el punto de vista masculino. 

mujeres de charles bukowski

 "Y luego, durante un momento de calma, subió Lydia Vanee. Yo estaba sentado a la mesa bebiendo cerveza. Ella puso ambas manos en el borde de la mesa y se inclinó para observarme. Tenía una larga cabellera castaña, nariz prominente y uno de sus ojos no acababa de conciliarse con el otro. Pero proyectaba vitalidad; una de esas personas que no pueden pasar desapercibidas. Sentí correr vibraciones entre nosotros. Algunas eran confusas y no parecían buenas vibraciones, pero allí estaban. Ella me miraba y yo la miraba a mi vez. Llevaba una chaqueta vaquera de ante con flecos en el cuello. Tenía unas buenas tetas. Le dije: —Me gustaría rasgar esos flecos de tu chaqueta... Podríamos empezar aquí mismo. Lydia se fue. No había funcionado. Nunca sabía qué decir a las mujeres".

charles bukowski

El alcohol fluye en cada página del libro y el efecto parece inmediato, pues uno siente que se embriaga junto al escritor, quien de nuevo adopta el seudónimo de Henry Chinasky y te transporta a su lúgubre sala en el infierno que era la ciudad de Los Ángeles en los años setenta. Hay melancolía por tiempos que nunca fueron buenos, una añoranza a la soledad producto de una infancia terrible que lo transformó en ese paria agresivo con tendencias autodestructivas; pero como si su maldición fuera una bendición, son todos esos elementos los que él usa en sus escritos para transformar el dolor en poesía. Las mujeres que pasan por su vida, por su auto y su cama son las que le dan la energía que lo dota de esa capacidad de creación a partir del dolor. 

"Abracé a Lydia y nos dimos el beso más largo de nuestra vida. La sostuve contra el fregadero y empecé a frotar mi polla contra su vientre. Me apartó de un empujón pero la volví a coger en mitad de la cocina. Su mano buscó la mía y la guió hacia el interior de sus pantalones, por dentro de sus bragas. Uno de mis dedos tocó el borde superior del coño. Estaba húmeda. Mientras continuaba besándola, le trabajé la raja con el dedo. Entonces saqué la mano, me aparté, cogí la botella y me serví otro trago. Me senté junto a la mesa y Lydia se puso en el otro lado y me miró. Luego comenzó de nuevo a trabajar con el barro. Me bebí con calma mi whisky".

charles bukowski busto

En el transcurso del libro, el escritor muestra su relación con Lydia Vance, inspirada en la artista Lydia King. Ella es la mujer con la que mantiene una importante, pasional y destructiva relación. A partir de ese amor se puede entender el camino por el desamor en el que Bukowski siempre vivió. Entre peleas, carreras de caballos y borracheras, su dependencia al amor se contrapone a su naturaleza de hombre antisocial y pesimista convencido de que las personas son lo peor del mundo, por lo cual es imposible entender el sentido verdadero a lo que las mujeres son para él. 

"Ninguno de nosotros sabe bien cómo usar del sexo, qué hacer con él –dije yo-. Para la mayoría de la gente el sexo es sólo un juguete, para echarlo a correr. ¿Qué hay del amor? –preguntó Valerie. El amor está bien para aquellos que pueden soportar una sobrecarga psíquica".

Libros de Charles Bukowski

Los Angeles Times describe a la perfección el libro: "Mujeres parece una historia sobre sexo y borracheras, cuando en realidad es un poema sobre el amor y el dolor". La profundidad de lo banal es lo que hace que Bukowski trascienda. Sus palabras rayan en lo superficial, tanto que parece que el sexo no es más que fluidos y gemidos, pero es por medio de esos actos que el escritor expone sus demonios. Una triste balada como una buena canción de blues, no es un libro de amor, pero en él encuentras la pasión y el dolor que sólo el amor más intenso puede provocar. 

"Mujeres: me gustaban los colores de sus ropas, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadoramente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el fútbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, concentrándose, estudiando, decidiendo, si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos".


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Fuente: 

El Economista






Referencias: