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Razones por las que las palabras pueden ser el arma más poderosa para la humanidad

9 de enero de 2018

José Daniel Arias Torres

Cada palabra es utilizada a discreción y conveniencia del ser humano para legitimar ciertas ideas y enmascararlas con razones.



A través del lenguaje, el ser humano es el creador de conceptos, los cuales no son más que constructos sociales originados a través de la historia que respondieron a una serie de necesidades especiales de cada época histórica. Al ser creaciones humanas, es natural que estos conceptos sean ambivalentes, inestables e indefinibles. Es entonces cuando nos enfrentamos con un problema; pues los conceptos y las palabras asociadas a ellos son definidos con más conceptos que no son precisamente concretos. El problema de conceptos como el amor, la igualdad, la justicia y la libertad radica en que al final de todo no existe una definición concreta para conceptos tan abstractos y arbitrarios.

 

Los conceptos responden a una necesidad que está en constante cambio, una necesidad que evoluciona. Cada palabra es utilizada a discreción y conveniencia del ser humano para legitimar ciertas ideas y enmascararlas con razones, según su conveniencia para justificar las relaciones de dominación. Es así como un concepto de libertad en el siglo XVII no significa lo mismo que la libertad del siglo XXI. Los conceptos responden a la necesidad de la clase dominante.




 

¿Pero realmente todo es parte de un plan maquiavélico y completamente estructurado, el cual es legado por generaciones a las clases dominantes? Por supuesto que no, los conceptos son ambivalentes e inestables por su naturaleza humana. El ser humano ha comprendido que esto es provechoso para justificar acciones y rechazar ideas a través del tiempo; ha comprendido que con un discurso adecuado es capaz de mantener el poder y el orden, de brindarle a una sociedad una razón de ser.

 

Nosotros somos seres abstractos, nuestra propia definición es abstracta. Y aún así estamos en una búsqueda constante de la perfección; somos adictos a la organización, al orden inamovible, y es esa adicción la que nos ha llevado a clasificar y dividir todo con conceptos abstractos. Nuestra mente parece estar hecha para clasificar hasta el más efímero de los detalles de nuestra existencia, partiendo desde dos grandes preguntas originadas desde nuestra lógica: qué es lo real y qué no lo es. Ambas preguntas tienen su respuesta desde nuestro propio conocimiento. ¿Qué conozco?, ¿qué no conozco? En un ejercicio rápido podemos decir que los dragones no son reales porque jamás hemos visto uno, y preferimos continuar creyendo eso para no desafiar las leyes humanas de nuestra lógica. El día que veamos un dragón verdadero, la primera acción que nuestra lógica llevará a cabo será buscar una respuesta desde dentro de lo que conoce; y en caso de evidenciar que eso que ve no puede ser definido con conceptos humanos, volveremos a nuestro estado más primitivo: un profundo temor a lo desconocido. Hasta que ese dragón que es “ilógico” sea asimilado por nuestra “lógica”.




 

El ser humano persigue lo concreto a pesar de que está hecho de abstracciones. En realidad no podemos conocer nada concreto por el simple hecho de utilizar un lenguaje de conceptos humanos abstractos. Una de las más viejas preguntas que el hombre se ha hecho es la siguiente: ¿el ser humano es bueno o malo por naturaleza? Una pregunta con una tajante división en su formulación, pues pretender definir al ser humano es querer reducirlo a palabras y a conceptos que hasta el momento no son suficientes para el entendimiento de lo que verdaderamente somos. Aunque lo anterior no debe ser malinterpretado, pues es importante que nunca paremos en esa búsqueda de una explicación o una respuesta a lo que nos rodea. Pero no debemos perder de vista que aquello que llegamos a conocer es mutable debido a la propia evolución de los conceptos con lo que lo definimos. ¿Bueno o malo por naturaleza? Sólo podremos responder lo anterior en la medida en la que entendamos que bueno y malo son conceptos, y como tal han cambiado y son distintos a través del tiempo y espacio en los que la humanidad ha existido.





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TAGS: Psicología Filosofía Historia mundial
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