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Un cuento para entender que algunos amores nacen en la cama

July 5, 2018

ZURC



El siguiente cuento de ZURC nos enseña que a veces el amor más grande también nace en la cama.





LAS TRETAS DE YNA


Aniversario 54, si el destino en esta vida o en otra me diera a elegir, la elegiría mil veces. Ha sido mi amiga y compañera de mil batallas, de momentos inmejorables, en las dificultades y necesidades siempre ahí. Me dio dos hijos maravillosos, siempre dije: “yo me casé muy bien, la que se casó muy mal fue ella”. Siempre apliqué aquel buen consejo de mi hermano en la recepción de la boda, tomó la palabra para las bendiciones, ese loco. Lo único que atinó a decir fue: “hermanito, si quiere ser feliz en su matrimonio, ella siempre, siempre tiene que tener la razón”, todos los acompañantes sonrieron y termina diciendo: “así no la tenga, ¡désela!”. Pero esta no es una historia de amor, aunque su base sea este maravilloso sentimiento. En este relato les enseñaré que uno puede vivir toda una vida con una mujer que primero enamora bajo las sabanas.


Con 27 años yo vivía frenéticamente al límite de todo, salía con cuanta mujer pudiese, licor y otras cosillas. Hasta el verano de 2012 cuando apareció Yna, mujer llena de vida, con ganas de hacer suyo el mundo, con mirada de quien sabe de dónde viene y para dónde va, con un ímpetu que inmediatamente llamó mi atención. Quisieron presentármela y mi temor de sentar cabeza hizo que fuera un tanto descortés. Ella, con su sentido de persuasión innato y comportándose siempre como una dama en todo momento y en cualquier situación por difícil que fuera, estira su mano y con voz suave, con tono cálido y acento paisa colombiano: "mucho gusto, Yna, ¿así que tú eres el famoso Emiliano?". En ese momento se clavó en mi mente, me jugó por completo la cabeza, haciéndome preguntar si la conocía mientras subía el cierre de la chaqueta y huía en mi moto con la chica de turno. Yna no salía de mi cabeza; "tan linda", me decía mientras manejaba haciéndome mil preguntas.


Así comienza la historia de con quien hoy es mi esposa. Hace tan sólo 57 añitos ella jugó sus cartas muy bien. Tiempo después confesó que desde que me conoció fantaseó conmigo, pero que entendió que era un desventurado y que sería difícil meterse conmigo por mi historial. Sin embrago, ella logró hacer que me saliera el tiro por la culata, ella quería amor y yo sólo quería una noche de sexo. Y hoy después de los años confirmo que ella siempre ganó. Tras tres meses aceptó salir conmigo, colocó sus reglas, dejando claro que ella quería algo serio, y yo pensaba que sería algo pasajero, algo de cama. Lo que no imaginé fue que ella me enamoraría, no sólo por la forma en la que se preocupaba por mí, sino por cómo lo hacíamos.


Ahora, les contaré nuestro primer encuentro, encuentro con el que me enamoró; y desde ese “ya es mañana” no quise volver a estar con ninguna otra. “Ya es mañana” es la frase que se instauró para nuestros acontecimientos importantes, nació de mi insistente "¿sal conmigo?" que terminaba con un “mañana”, hasta que ese mañana llegó. La invité a cenar, estaba sumamente nervioso, pero percibía en ella cierta ansiedad. Tras la cena, yo no quería llevarla a casa, la verdad es que quería pasar la noche con ella y ella estaba cediendo a cada beso. Le dije “ya es mañana”, entre sonrisas y coqueteos le dije: "es hoy que vas a ser mía". A lo que contestó con un beso y sentí ir por muy buen camino.

 

Montamos la moto, la llevo a un motel sin consultar, pensaba, sentía mil cosas, encontré una mujer diferente. Al llegar pedí noche completa, quería disfrutarla y enamorarla, tenía que dejar la piel en la cama. Ya en la habitación se sentó en la cama y me miraba, no pronunciaba palabra, sólo me miraba. Encendí la luz y buscaba el control del televisor, ella no paraba de mirar lo que hacía, parecía algo desconcertada de toda la naturalidad con la que yo hacía las cosas. Al encontrar el control me tiré en la cama y encendí la tv. Como algo no muy extraño en los moteles, estaba en sintonía con un canal porno e inmediatamente me dijo "quita eso". Abrí las piernas y la abracé por la espalda sobre la cama diciéndole "todo va bien", mientras la besaba por el cuello, le abrazaba el vientre, pasaba mis manos por sus pechos sobre su blusa. Ella cerraba los ojos y aceleraba la respiración.


Mientras la besaba, mi mano entraba bajo su blusa. Allí entendí que debía ser más cauto, sabía que no era su primera vez, entre nuestras conversaciones ya habíamos hablado de sexo. Le besaba el cuello, la abrazaba fuerte, tenía que hacerle el amor para poder estar tranquilo conmigo. Lo que no sabía era que en ese proceso se me iba a ir la vida. Le quité la blusa, pero quería que fuera diferente en todo. Me la llevé a la ducha, no por falta de higiene, sino porque en la ducha todos somos de cierta manera vulnerables. Quería hacerle el amor, quería enamorarla en la cama. Bajo la caída de agua me abrazó y sentía sus senos en mi pecho, mi pene se acercaba a su vagina mientras le decía al oído: "no imaginas cuánto deseé esto". Dijo: "yo también". Tomó mi verga con una mano, mientras el agua le caía en la cabeza se fue agachando, besándome el pecho. Me tiré hacia atrás para sostenerme contra la pared. Ella me trataba con una ternura con la que jamás me habían tratado.


Al inicio, no tenía en mente enamorarla, sólo coger. Pero veía cómo se iba mi intención y quien se enamoraba era yo. Lamía la cabeza de mi pene y lo besaba, me masajeaba suavemente y luego lo metió en su boca mientras me miraba a los ojos. El agua caía en mi espalda, me tenía muy excitado. La levanté a mi altura, le di un beso y la envolví en una toalla. Empecé a besarla y a secarle el cuerpo, le besaba la boca, los senos, el vientre, el ombligo. La empujé contra la cama, le abrí las piernas. Anhelaba sentir toda su feminidad. Acerqué mi boca, succionaba despacio, suave y delicadamente, mientras mi lengua recorría cada pliegue, cada parte del placer, ella apretaba con su mano mi cabeza, dándole ritmo. Sus gemidos me encantaban, no escandalosos, no silenciosos, eran gemidos perfectos. Estaba deliciosa y yo quería beber de ella. Cerró las piernas apretando mi cabeza entre ellas, se estremeció y con un suave gemido se corrió en mí. Subí a su altura y la besé mientras le decía: "¡sos deliciosa!".


Pasamos un rato abrazados. De repente, me besó la boca y me dijo: "colócate sobre mí". Lo hice. Empecé a rozar su entrada con el pene. Empezó a humedecerse, yo empecé a entrar tan lento en ella como podía, muy, pero muy lento. Ella me agarraba de las nalgas y me empujaba hacia ella, pero yo me mantenía firme en mis movimientos. Empezaba a subir el ritmo. De repente, en ese momento aprendí algo que jamás olvidé al hacerle el amor: contaba hasta cinco penetraciones lentas, y luego la embestía con tres fuertes. Eso le encantó, lo podía ver en su cara. Al ver que yo dominaba, me quitó de sobre ella y se colocó sobre mí. Me permitió verla danzando, me enamoré de sus senos pequeños, pero paraditos. La tomaba por el culo y las piernas mientras se movía sobre mí. Maravillado con sus movimientos, me tenía a punto de correrme. Estaba extasiado. Ella sentía tantas ganas como yo. Cuando me corrí, cesé la respiración, aguanté y le dije “me corro”. Ella me miró directamente a los ojos y me dijo "yo también, te amo". Eso me hizo perder el control y entendí que acababa de encontrar a una mujer maravillosa. La sábana bajo de mí estaba más que mojada. Ella se dejó caer en mi pecho, la abracé y le dije al oído: "te amo, te encontré y no te me vas a ir". Esa noche encontré al amor de mi vida en una treta del destino.


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Los cuentos eróticos son siempre mejor leerlos en pareja, por eso te recomendamos los siguientes 10 relatos cortos para despertar sus fantasías. Así como los 15 consejos de grandes escritores para provocarle un gran orgasmo a tu pareja.



TAGS: Sexo Cuentos Nuevos escritores
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