Difíciles lecciones sobre la vida y la muerte que aprendes al leer a Hemingway

Martes, 17 de julio de 2018 18:27

|Acsel Reyes
ernest hemingway

No existe lectura con mayores lecciones sobre la vida misma que la novela breve de Hemingway, "El viejo y el mar".



Permitirnos escribir sobre libros que han resistido el paso del tiempo es una desfachatez. Sin embargo, no podríamos escribir en ninguna plataforma sin la existencia de lecturas que nos han alentado a continuar una pasión que pareciera no tener futuro ni sustento. Los consejos representan un arma de doble filo, porque nunca se sabe con certeza a dónde nos dirigirán el seguir al pie de la letra las palabras de un ser cercano. Como lectores nos preguntamos: "si sigo su consejo, ¿terminaré igual que él?". Es inteligente, y además aplaudible, con las órdenes y opiniones de los demás cuestionarlas como niños malcriados: "¿por qué debo hacer eso?". Aunado a ello, la Literatura y el arte en general están hechas para lo contrario. Son un sinónimo de libertad, crítica y de formación continua del individuo.


Sin embargo, el hombre es incapaz de explicarse a sí mismo y a su entorno sin una fuente de conocimiento, fuerza y valor. Así que, si deseamos proporcionarle un consejo literario a alguien que lo pide, una buena elección seria El viejo y el mar, del célebre escritor estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961). La historia relata la aventura de un viejo pescador cubano, que una mañana se lanza al mar en búsqueda de pescados grandes y fuertes que le permitan seguir cubriendo sus pequeños gastos. El trayecto parece limitarse a la cotidianidad de su trabajo y, tras horas de espera e infortunio, un pez gigante pica el anzuelo. Nunca en su longeva vida llena de experiencia y trucos había capturado un pez de semejante peso y valor. Lamentablemente, el equipo y la fuerza con la que cuenta hacen imposible sacarlo del mar, además de la dura pelea que realiza el monstruo marino.



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El tiempo trascurre sin tregua y las ideas fracasan una a una. El pequeño barco comienza a verse afectado por el poderío del animal. Es una temporada dura, el clima no beneficia en nada la lucha salvaje. No soportará mucho en el mar. Continuar la pelea implica hundirse, perder el pez y la vida. La velocidad del reloj y la duración del día son los enemigos perfectos. El transporte comienza a desarmarse, sus brazos no soportan más, no existe forma de anclaje. El sol y la deshidratación comienzan a afectar la vitalidad del pescador. El mar está picado. El banquete marino que representa el gran pez comienza a ser acechado por otros depredadores marinos y aéreos. Como puñaladas en el corazón, el personaje presencia los bocados que las aves de rapiña y peces carnívoros comienzan a impactar sobre la carne del pescado. No hay nada que hacer, la única posibilidad es aplazar lo inevitable.


Una fuerza inexplicable posee al pescador, de manera heroica logra hacerles frente con sus brazos lastimados por los esfuerzos a los enemigos que acechan la vida del pescado. Su entrega es admirable, pasan las horas y el mar se calma, el pescador logra descansar un poco hasta que despierta lentamente. Para su sorpresa, solamente queda el esqueleto. El mar lo ha traicionado. La sal que ha adoptado como su sudor no perdonó. Es momento de soltar el peso para sobrevivir. Nadie será testigo de su proeza. No existirán recuerdos, sólo los de su memoria. Nadie en el Caribe había captura una bestia de tal envergadura. De forma milagrosa logra regresar a tierra, pero las heridas causan efecto. Llega a su cabaña. Ha caído en un sueño profundo y una sonrisa de satisfacción embellece su rostro.



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¿Cuál es el mensaje? ¿La Literatura debe tener una moraleja? Por supuesto que no. Es innecesario. Hemingway fue un narrador puro que proporcionaba, a través de su prosa, las herramientas necesarias para que el lector obtuviera sus propias conclusiones. Quizá la buena Literatura no pueda explicarse de forma distinta. Conociendo a Hemingway, el mensaje parece ser claro: el pez representa la vida y el pescador al ser humano. Aterrizándolo, el pez es la Literatura y la muerte; el pescador el deseo vital y el espíritu guerrero. Nuestra existencia está condenada a perecer, los que amamos y lo que amamos es finito e imperfecto. Allí encuentra su belleza. La Literatura, al igual que la vida, representa una guerra perdida donde sabemos que seremos derrotados, y sin embargo renunciar a ella significaría la tragedia absoluta. Dejarse consumir por el tiempo a través del arte y nuestro comportamiento ético hacia los demás justifica las batallas perdidas. No existe lectura con mayor aprendizaje que esta novela breve de Hemingway, y esa lucha es por lo que muchos seguiremos escribiendo hasta el fin de nuestros días.



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Estas y otras valiosas enseñanzas se encuentran a lo largo de los libros del escritor norteamericano y en sus frases para comprender la vida.



Acsel Reyes

Acsel Reyes


Colaborador
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