Leer es un acto que sólo los valientes se atreven a hacer para viajar a mundos paralelos
Letras

Leer es un acto que sólo los valientes se atreven a hacer para viajar a mundos paralelos

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Por: Diego Fernandez

5 de abril, 2016

Letras Leer es un acto que sólo los valientes se atreven a hacer para viajar a mundos paralelos
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5 de abril, 2016



Siempre pensé que la Literatura es una especie de mundo paralelo a la realidad en la que los sueños no son sólo quimeras, sino realidades paralelas que se plasman con la genialidad de las letras y se transfieren a los otros por medio de sentimientos de tinta y papel. Desde que tengo memoria, siempre quise ser escritor. Nunca pensé en ser futbolista, mi sueño constante era convertirme en uno de los escritores que leía con pasión desde muy entrada mi niñez. Hoy  sigo luchando por un sueño que me quita el sueño.

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Es curioso pensar en la Literatura como un conjunto de libros y palabras que entrelazan corazones y despiertan el instinto para describir mundos ocultos con la certeza de que la ficción no es ficción en el acto de la lectura. Quién iba a pensar que el escritor más antiguo de la humanidad (Homero con su Ilíada y su Odisea) era ciego y que el escritor del origen del mundo (el Dios todopoderoso) no podía ser visto por nadie. Y es curioso porque Homero retrata un mundo mitológico con una capacidad descriptiva que no he encontrado en ningún otro escritor contemporáneo, aunque estos sí puedan ver. Algunos dudan de la existencia de Homero, como muchos otros dudaron de la existencia de William Shakespeare, porque la realidad es dura con los escritores buenos. Porque no creemos que alguien terrenal pueda escribir algo que no parece ser de este planeta. Borges decía que imaginaba el paraíso como una especie de biblioteca. El recinto más antiguo donde descansaron los primeros rollos de papiro que se hacían llamar “libros” fue la Gran Biblioteca de Alejandría, fundada por Tolomeo I y ampliada por su hijo, Tolomeo II, quien encomendó a Zenodoto organizar los textos que ahí descansaban de forma en la que se pudiera tener acceso a ellos sin el mínimo esfuerzo. Fue así como Zenodoto creó el orden alfabético para ordenar la gran biblioteca. Es decir; gracias a la Literatura, hoy podemos encontrar el nombre de uno de nuestros amigos en nuestro móvil. Zenodoto creó el orden alfabético y seguimos sin darle un espacio en nuestra memoria a este genio.

Las letras son un conducto hacia la perpetuidad. Los mejores escritores perduran en nuestra memoria y sus palabras se perpetúan por los siglos gracias a las maravillas que dispone la Literatura en un mundo en el que los seres humanos sienten a través de las palabras. Los vocablos se cristalizan, la Literatura, como el amor, se alimenta como se le da leña a la llama de una hoguera. La Literatura se nutre con la lectura, con el intercambio de ideas plasmadas en las hojas de un libro. El mundo cambia, la forma de escribir también. Hay escritores que siguen vivos en sus letras después de que el tiempo desgasta su figura. Ya no hablamos de Cervantes, ahora sólo nos queda el Quijote, el Ingenioso Hidalgo, Alonso de Quijano. Viene a mi memoria una anécdota que encontré en los archivos de Hector de Mauleón, cronista de la Ciudad de México, que dice que Miguel de Cervantes alguna vez tuvo la intención de venir a la Nueva España para conocer el nuevo mundo descubierto por Colón en 1492, y conquistado por Cortés en 1519. El rey español no dio su mano a torcer, impidiéndole al más grande novelista que ha tenido este mundo viajar a una América en ciernes. El 12 de julio de 1605, desembarcó en las costas de Veracruz la nao Espíritu Santo con más de ochenta tripulantes que, después de pasar los ocho meses de travesía desde el Puerto de Cádiz hasta las costas americanas, leyeron los 160 ejemplares que llevaba a bordo este navío. Se trataba de los primeros tomos de “El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha”, que habían salido de una imprenta española hacían ocho meses de su primera publicación.

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La historia que narra Mauleón nos conduce a pensar en la capacidad sobrehumana de los escritores. Cervantes Saavedra jamás cumplió su cometido de conocer la Nueva España, pero sus palabras, sus letras, llegaron a México antes que él. Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza cabalgaron por primera vez en las calles de México, en busca de Dulcinea, hace más de cuatrocientos años. Ellos siguen como huéspedes de nuestras bibliotecas, siguen buscando aventuras en un mundo que su creador no pudo conocer.

Una de mis escritoras predilectas, en su Twitter, pregunta lo siguiente: “Si somos como barcos, ¿quiénes son nuestros náufragos? ¿Qué tesoros tiramos por la borda? ¿Por dónde nos entra el agua?”. Sin duda creo que los seres humanos somos como barcos a la deriva. Los que nos dedicamos a la escritura, tiramos por la borda palabras que son nuestras joyas, nuestros náufragos son los lectores que se pierden en las líneas de un poema y el agua que nos entra es la tinta de otros escritores que nos alimenta el fuego de la literatura.


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El acto de la escritura es una acción arriesgada. No hay peor temor que la hoja en blanco. Los escritores sucumben ante la blancura de la página cuando se está escaso de ideas para plasmar en el papel. Bendita sea la vida que me ha puesto a escribir sin cansancio, que dispongo de las palabras para contar historias ignotas en un mundo en donde se tejen novelas con el transcurso de la vida diaria.

Escribir es un acto de valentía. Los que tenemos la dicha de poder compartir lo que pensamos, lo que penamos, lo que nos sorprende de la cotidianidad, somos seres honrados por la vida misma. Escribimos para dejar en el papel los demonios que nos corrompen el alma; escribimos para sentir y volver a sentir en el corazón lo que el tiempo cura con su raudo correr; escribimos para conocer, para autoexplorarnos, para callar bocas, para abrir caminos a destinos desconocidos. Se escribe para explorar el mundo. Somos tripulantes de navíos que encallan en islas perdidas en los mapas, somos escritores los que sabemos contar el mundo, enalteciendo las vilezas de la realidad para transformarlas en poemas de la ficción.

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Los libros van más allá de lo que su portada nos indica. La Literatura es más que una novela, un cuento, un poema; la Literatura nos da alas para volar hacia lugares inhóspitos, nos proporciona la fuerza para encontrar, cara a cara, el magnífico mundo que se esconde detrás de las palabras. La primera librería del mundo, la Librería Bertrand, ubicada en Lisboa, ha expedido ejemplares desde el remoto año de 1732. Hoy, dicho lugar sigue en pie, alimentando de libros a quien se pasee por las calles de Portugal.

No dejemos nunca de leer, de releer, de escribir y describir nuestro entorno. Que la Literatura sea el agua que nutra nuestro cauce. Sigamos con el viaje impreciso de rescatar a nuestras doncellas de castillos que construimos con palabras que son como ladrillos. No dejemos nunca de vivir la experiencia literaria como quien vive un viaje hacia lo desconocido. Yo ya daré vuelta a esta página, pues la vida sigue en la lectura de la existencia misma.


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Referencias: